Mi vida en el Caribe

Publicado: 13 mayo, 2015 en Mi vida es así
Etiquetas:, , ,

Se me están acabando las vacaciones. Después de dos semanas enteras, o incluso un poco más, me toca la vuelta al tajo. Pero con menos horas lectivas y con las clases ya preparadas. Todo sufrimiento esto de ser profesora. Pero no me odiéis, pues mi trabajo me ha costado conseguir este chollo tipo de trabajo, con sus tres meses de vacaciones al año (repartidos, eso sí, no como en España que se tienen del tirón…).

Aunque me van a durar poco, porque aquí una no sabe decir que no, y se apunta a un bombardeo. En este caso a todos los proyectos que se le ofrecen, que al final resultan ser muchos. De hecho estas vacaciones no han sido tan de dedicarme a la vida contemplativa como hubiera deseado. Resulta que tengo pendiente otro artículo científico del trabajo que hice en EEUU (quién me mandaría a mi trabajar tanto… ah, sí, mi jefe :p). Y, muy a mi pesar, estas cosas no se escriben solas (cosa que me recuerda candorosamente mi exjefe de vez en cuando). Pero es que también tengo pendiente escribir un proyecto de investigación para esta universidad. Porque, ¿de qué sirve contratar a una científica como yo, con mi currículum, a la que hay que pagar más, si no es para que desarrolle una línea de investigación propia? Y yo que estoy impaciente por ver como me desenvuelvo, dirigir mis propios estudiantes de doctorado, hacer los experimentos que a mi me apetezca… Pero a la vez estoy impaciente por tener una vida relajada de verdad, sin mil proyectos en la cabeza. Parece que va en contra de mi naturaleza y me boicoteo a mi misma. Me emociono con todos esos proyectos, pero luego me da mucha pereza tener tanto trabajo. ¿Quién me entiende?

Os recuerdo también (por si os despistáis) que las vacaciones de una madre no son nunca vacaciones. O eso dicen. Porque mis padres todavía no se han ido, aunque ya les queda muy poquito, así que he tenido mucha ayuda. Y ahora que se van hemos contratado a una niñera que además nos ayuda con la casa. En definitiva que tampoco puedo quejarme demasiado. O sí, pero no sería muy justo para las pobres madres que no tienen ayuda externa (¿cómo os las apañáis para hacerlo todo?). Porque aún sin tener que cocinar (loviu husband mío de mis amores), sin casi tener que limpiar (que vida más perra, ¿eh?) y teniendo un trabajo que me deja bastante tiempo libre (que al final relleno yo con trabajo extra, porque soy así de happy), sigo teniendo un bebé de 8 meses. Que para los que no lo sepáis, necesita de mucha atención. Sobre todo cuando en un plazo de 8-9 horas, que es el tiempo que yo estoy “durmiendo”, es capaz de despertarme 4 veces (y eso es un día de los buenos). ¿Y sabéis que? Que no se descansa igual, aunque no os lo creáis. Que no, que no, que no es lo mismo. Que yo en mis tiempos dormía 9 horas del tirón, así que sé de lo que hablo. Pero extrañamente eso no es lo que más me duele. Lo peor de todo es despertarme a las 6:30 de la mañana. Todos los días. Sí, los domingos también. ¿A qué edad descubren el maravilloso mundo del remoloneo mañanero de fin de semana?

Así que cuando me pongo delante del ordenador, frente al folio en blanco de Word (qué crueldad, ¿no os parece?, ya podía venir con algunos párrafos escritos de serie…), para escribir todos esos proyectos, artículos, exámenes nuevos… pues mi cerebro se distrae y me pongo a mirar como juega ese pequeño hobbit que se entretiene mucho más rato con un cepillo del pelo viejo que con ese juguete modernísimo y molón que canta 7 canciones distintas y tiene 5 botones y 4 lucecitas y que le regalaron los abuelos. Y se me pasan las horas sin hacer nada que el resto del mundo considere de utilidad. Pero desde mi punto de vista, mi tiempo está mucho mejor invertido de esa manera. Sobre todo cuando se gira, me mira, y sonríe. Entonces ya sí que se me olvidan todos los proyectos a los que buenamente he aceptado apuntarme.

Así que no le digáis a mi ex-jefe que en lugar de escribir lo que él quiere que escriba, me dedico a contaros tonterías por aquí (aunque con muy poca frecuencia) o a mirar al infinito. Que en EEUU no está muy bien visto eso de malgastar el tiempo. O como digo yo, de gastarlo en cosas de utilidad discutible.

Felices vacaciones!! (para los que tengáis XD)

 

¿Hobbit o monstruito?

¿Hobbit o monstruito?

 

PD: También escribo de vez en cuando reseñas de libros en El Buscalibros…, lo que yo os decía, no sé estarme quieta.

Avatar

Hace un tiempo os conté que tanto mi familia como mi familia política habían empezado a leer mi blog (¿qué tal? ¿todos bien? ‘Insertar aquí una cara angelical’🙂 ). Eso me había provocado un pequeño receso en mi proceso creativo. Lo que implica que ahora suelo releer mis posts antes de darle a publicar, porque obviamente no es lo mismo escribir para completos desconocidos que para mis suegros (y eso que mis suegros son la mar de agradables😉 ). Ya no puedo ir diciendo ‘cacaculopedopis’ tan libremente por las redes, porque todo se sabe. Y mi madre puede acabar comentando con mi suegra la barbaridad que su hija ha ido contando por aquí, que ella no me educó para esto. ¿Dónde han quedado los días de completo anonimato, cuando absolutamente nadie se molestaba en leer mis desvaríos varios?

Por fortuna no soy yo muy de avergonzarme ni de medir mucho mis palabras. No será la primera vez que un pensamiento ha escapado de mi cabeza sin filtro ninguno y me ha provocado algún que otro problemilla. Pero un blog tiene buena memoria y las palabras se quedan escritas. Y lo peor, que se pueden releer una y otra vez. Y mi madre podría echarme en cara aquel comentario que escribí en el 2010, porque no lo considera adecuado ni oportuno (suerte que mi madre no es así, loviu ma! :* ). Pero aunque no se note demasiado, ahora tengo en mente a toda esa gente a la hora de escribir, no se vayan a tomar mal alguna de mis barbaridades y me retiren la palabra o algo -insertar aquí otra cara angelical-. Y el proceso creativo se vuelve doblemente complejo. No solo tengo que intentar escribir algo gracioso y que merezca la pena perder un rato de nuestras ocupadas vidas en leerlo (cosa nada sencilla), sino que me veo obligada a evitar registros tan útiles como echarle siempre la culpa a la suegra de todo- insertar aquí cara doblemente angelical con ojos de gato con botas de Shrek-.

gato_shrek

El caso es que mi imperfectamente diseñado avatar, que tardé en fabricar un tiempo máximo de 5 minutazos, imaginando, con toda esta ingenuidad mía, que sería imposible rastrear mi verdadera identidad (o más bien, que nadie se molestaría en hacerlo), ha perdido totalmente su pretendida utilidad. Doctora Silvi ha salido de su escondite, o más bien me han echado a patadas. Mis recién estrenados alumnos han localizado, con pasmosa facilidad, mi blog. No es que estuviera escondido, ni mucho menos, pero había intentado mantenerlo al margen de mi buen nombre de científica responsable y trabajadora. Por disimular un poco. Porque con conocerme ya se sabe que de responsable y trabajadora tengo lo justo. Pero no solo han encontrado el blog, sino que encima se han leído estos desvaríos que tengo a bien plasmar en este mi rincón. Espero por su bien que se hayan quedado en los más recientes, que aunque la pinza se me va siempre bastante, un poco más contenida si he estado (¡gracias suegros!).

¿Con qué cara llego yo ahora a clase y les pido que me vean como a una figura de autoridad? ¿Cómo se respeta a alguien que ha escupido aquí todas sus intimidades sin ningún tipo de reparo? ¿Qué tipo de imagen puedo dar después de haber dicho ‘cacaculopedopis’?😄

Pues espero que me lo cuenten ellos, que son los que van a tener que hacerlo, porque si el hecho de que mi suegra me lea no me ha hecho sonrojarme, no creo que esto lo vaya a hacer. Faltaría más que a mi edad (22 años, por si os lo estáis preguntando…🙂 ) intente corregirme y escribir de forma más políticamente correcta. Pero para la próxima vez ya sé que debería molestarme en crear un nombre falso un poco más trabajado que Doctora Silvi… Y sobre todo dejar de poner enlaces a sitios donde aparece mi verdadero nombre. La próxima vez que publique en Nature no os lo contaré😄

Eso sí, el nombre de Doctora Silvi me lo quedo, que así parece que mi doctorado sirve para algo más que para colgar el título de una pared… Eso el día que tenga un despacho, claro, mientras tanto guarda polvo en un cajón.

Así que bienvenidos, alumnos míos… Y con todo mi corazón os digo:

¡¡Dejad de leer tonterías en internet y dedicaos a estudiar!!

He dicho.

Slow life

Publicado: 10 febrero, 2015 en Estudios antropológicos, Mi vida es así
Etiquetas:, ,

Os estaréis preguntando que ha sido de nosotros en esta nuestra nueva localización. O no. Pero os lo voy a contar de todos modos, que para eso es mi blog.

Nos hemos dado a la buena vida. Y lo hemos hecho con alevosía y premeditación. Hemos abrazado nuestro nuevo destino con entusiasmo. Y no me refiero con nuevo destino a este país en el que hemos aterrizado, que también. Me refiero al nuevo destino que se ha abierto ante nosotros por haber aterrizado aquí. A nuestra nueva vida, más relajada y me atrevería a decir que mejor.

Puede que se vaya la luz un rato prácticamente todos los días. Puede que las aceras sean intransitables y un paseo con el cochecito de bebé se convierta en una carrera de rally. Puede que cada vez que queramos cruzar una calle parezca que estamos arriesgando nuestras vidas. Puede que me hayan picado más mosquitos en una semana aquí que en todo el verano anterior. Puede que tarden un mes en darme acceso al sistema informático y no tenga ni los nombres de mis alumnos. Puede que se rompa absolutamente todo lo rompible en nuestro apartamento, lo arreglen y se vuelva a romper. Puede todas esas cosas y más, pero aún pudiendo… No lo cambiaría por lo que teníamos antes.

Y no es que lo que tuviéramos antes fuera malo, no. Es que este estilo de vida va mejor con nuestra forma de ser. Porque a pesar de todos esos ‘puede’ del párrafo anterior, parece que estamos en unas pre-vacaciones constantes. Porque estamos en invierno, pero parece mayo (el mayo de Murcia, no el de Galicia) y sales de trabajar y lo que apetece es ir a tomar un helado o un refresco a una terraza (no digo cerveza, primero porque no me gusta, y segundo porque dando pecho no es muy recomendable, pero sabéis de lo que hablo). Porque llevo un mes trabajando, pero no hemos necesitado darle el biberón al enano ni una sola vez, porque nunca estoy ocupada más de 4 horas seguidas (tampoco nos deja darle el biberón el muchacho, que tonto no nos ha salido y prefiere la fuente natural de alimentación). Porque vivo a 10 minutos andando de mis clases y con este clima da gusto darse un paseo. Porque si no tengo clase ni tutorías puedo trabajar desde casa (de hecho todavía no tengo ni despacho). Porque este trimestre no tengo clase los lunes y he dejado de tenerles manía porque ahora son un segundo domingo. Porque estoy disfrutando del bebé casi como si no estuviera trabajando. Porque por poco que trabaje, ya parece que hago mucho, comparado con el ritmo al que se mueven aquí las cosas. Porque no tengo a nadie pidiéndome que trabaje más o que le dedique más horas.

Así que estamos todos muy felices. Creo que el pequeño es el más feliz de todos, porque no solo tiene a su padre 24h al día y a su madre casi lo mismo, sino que a cada paso se va parando la gente para hacerle carantoñas y decirle lo preciosísimo que es. Su mayor preocupación es si esta vez le dejaremos alcanzar el iPad para rechupetearlo o se lo volveremos a quitar en el último momento, después de tener que arrastrarse por toda la cama para llegar hasta él.

Pues eso, que nos hemos dado a la buena vida, también llamada Slow Life por los entendidos de internet que le ponen nombres chulos y modernos para que parezca algo nuevo. Pero en realidad es la misma buena vida de siempre. Se nos van pasando los días con calma, pero de prisa. Que sin darnos cuenta ya llevamos aquí dos meses, y ya empezamos a tener color moreno. Incluso al baby se le ve las piernas morenas si se comparan con la piel de esas dobleces tan graciosas de bebé regordito.

Y nada, que en seguida terminamos de amueblar el apartamento y crearé un calendario en Gmail para que os vayáis apuntando las visitas. Que entiendo que a Carolina del Norte os diera pereza, pero ya no tenéis excusa. Os esperamos. Eso si, las prisas y el estrés os lo dejáis en casa, que aquí no nos caben.

IMG_0058

Me estás estresaaaaando

Publicado: 28 noviembre, 2014 en América, Locuras, Mi vida es así

 

 

Pues sí amigos (y desconocidos que osáis leer este blog mío), estoy estresada. Esto de volver a la vida laboral tan solo 8 semanas después de dar a luz (y debería dar gracias que no hayan sido 6), y tener solo otras 5 semanas para terminar todos los experimentos para otro artículo, además de ordenar, congelar, escribir… todo lo que no había hecho antes con la excusa de la gigantesca barriga que me caracterizaba unos pocos meses atrás (sin olvidar mi pereza y desorganización innatas), pues como que me ha hecho ir con un cohete en el culo. Con sus pausas para sacarme leche, eso sí, que al primogénito hay que alimentarlo bien, pero corriendo el resto del tiempo. Y a todo eso súmale que hay que vender todos los muebles y el coche, buscar a alguien que se quede con nuestro apartamento, cancelar los contratos de teléfono, luz e internet, e intentar meter casi 3 años de nuestra vida en un par de maletas, que se dice pronto.

Porque por fin ha llegado el día, señores. Nos piramos. Esta familia se aleja de la vida consumista (no sin antes recrearse en el Cyber Monday, por supuesto) para dedicarse a la vida contemplativa y dar envidia desde el Caribe. Bueno, contemplativa contemplativa tampoco será, que a una le toca empezar a trabajar a principios de Enero, aunque espero que en comparación con el ritmo que he llevado aquí, en lugar de trabajo me parezca un paseo por el campus. Y unas buenas Navidades al sol no nos las quita nadie, que ya va tocando un poco de relax. Aunque tampoco va a ser todo caipiriñas y bachata, que hay que encontrar un apartamento, comprarse otro coche y otra cuna… volver a organizarse la vida y la rutina. Además, en teoría debería aprovechar esas pocas semanas de vacaciones que he tenido a bien organizarme para escribir ese nuevo artículo, pues en cuanto empiece a dar clase voy a tener poco tiempo libre. Pero es que después de tanto correr, apetece dedicarse un tiempo a admirar como hace gorgoritos el pequeño. Porque todas las prisas se te pasan en cuanto empieza a reírse y decirte ‘aguuuuguuuu’. Ni la reunión más importante del mundo conseguiría que me perdiera ese momento de alegría pura e inocente.

Y siempre consuela que todo este esfuerzo para empezar de cero, además de para huir de este país de locos, es para tener más tiempo libre y vivir más relajada para poder disfrutar a este nuestro heredero. Porque a pesar de la carencia de sueño, del agotamiento acumulado, de la ropa llena de vómito de bebé y la falta de tiempo libre, se disfruta. Y mucho. Con una sonrisa desdentada te hace olvidarte del estrés, el dolor de espalda y todos los problemas, que espero sean muchos menos una vez nos adaptemos a la ‘slow life’. Aunque no creo que tenga yo mucho problema con eso, porque no estoy diseñada para este ritmo de vida tan ocupado. Mi cuerpo y mente necesitan de sus ratitos tirada en el sofá y/o cama pensando en las musarañas. Eso de dedicar mi tiempo libre a leer artículos científicos o diseñar experimentos siempre me ha parecido contraproducente. ¿Cómo pretenden que rinda luego en la jornada laboral normal si no he podido desconectar durante las horas libres? Que yo eso de estar 8 horas seguidas (por lo menos) pensando en experimentos, genes, mutaciones… ya me parece imposible sin tomarme mis descansos para mirar las redes sociales y cotillear las últimas novedades, o leer noticias tontas o tener conversaciones intrascendentes con mis compañeras de laboratorio. Y más ahora que ya apenas puedo pensar en las musarañas porque tengo que pensar en si quedan suficientes pañales, a que hora le tengo que dar de mamar o si me he acordado de lavar las sábanas de su cuna. Con lo que me gustaba a mi dejar la mente vagar sin sentido, o pasarme horas y horas leyendo. Se me ha acabado la buena vida. Bueno, se me acabó al venir a los EEUU, para qué mentir. Pero todavía había retazos y resurgires de vez en cuando, cosa que ahora va a estar difícil. Creo que voy a ir mirando apartamentos grandes para que los abuelos se vengan a pasar temporadas largas. Pero no por mí, no, para que disfruten de su primer nieto, por supuesto😉

Y ahora solo nos queda gritar a los cuatro vientos: ¡¡¡AHÍ OS QUEDÁIS PRINGADOS!!!

Vale, hace casi mes y medio, pero es que la vida de madre primeriza es muy caótica, durmiendo a deshoras y todo el día con las tetas al aire. Esto último no afecta mucho a mis capacidades literarias, pero el hecho de tener que dejar cualquier cosa que esté haciendo porque el primogénito tiene hambre, y tiene que comer aquí y ahora, sí que afecta. De hecho mi concentración ya no es lo que era, con lo que yo he sido, echada a perder por falta de sueño y por continuas interrupciones. En principio no debería necesitar mucho de mi concentración estando de baja maternal, ¿verdad?, pero como ya os he comentado muchas veces, las bajas americanas no son como las del resto del mundo… Así que algo me ha tocado pringar. Porque mi jefe se agobia si no avanza el proyecto, incluso si yo no estoy en el laboratorio. ¿¿8 semanas enteras sin tener ni un solo resultado?? Le da un jamacuco seguro, y yo no quiero ser la responsable de lo que queda de su salud mental.

Pero bueno, teniendo aquí a los recién estrenados abuelos, que cocinan y limpian (esto sobre todo la abuela) y babean constantemente sobre el nietecito, tengo bastante más tiempo libre del que yo me esperaba, lástima que se acabe pronto. Me despisto un segundo y el niño desaparece de mi vista secuestrado por su abuelo, dejándome una o dos horas de libertad hasta que el churumbel decide que ya es hora de alimentarse otra vez.

La verdad es que la mayoría de las veces malgasto ese tiempo libre mirando al infinito o a mi muro de Facebook, como esperando la aparición de la virgen o de una cámara que me diga que ha sido todo una broma y que voy a poder dormir la noche entera del tirón otra vez en breve. Creo que durante esos lapsus mis neuronas están en realidad dormidas. Se ve que el sueño fragmentado no les sienta muy bien. Con deciros que me está costando días escribir este post… A este paso lo acabo en diciembre.

Bueno, a lo que iba, ¿que hemos hecho durante todo este mes y pico? Si te digo la verdad… no tengo ni idea. Las horas pasan sin que me de cuenta. Cuando el retoño llora, siempre compruebo la hora de su última toma, por si acaso, y la mayoría de las veces me sorprendo porque han pasado ya 3 horas. Para los que no habéis sido padres, deciros que esto engaña mucho. Ya vas mentalizada a que los bebés comen cada 2-4 horas (más 2 que 4), pero lo que no te avisan es que esas 2 horas se cuentan desde que empieza la toma. Si tenemos en cuenta que algunas veces se pasa perfectamente 45 minutos o más pegado a sendos pechos… ya solo te queda hora y cuarto hasta la siguiente toma. La sensación es que se pasa el día comiendo… De ahí las lorzas que le están saliendo, que ya tiene hasta papada. Como dirían en mi tierra… bien hermoso que se está poniendo.

Pero lo que más me ha sorprendido de esto de convertirme en madre, es que no te sientes distinta, para nada. Yo me imaginaba que de repente te caía encima una losa de responsabilidad y un mundo de sabiduría. Pasas de ser una joven despreocupada y sin responsabilidades, a tener un ser humano pequeñito e indefenso a tu cargo. Eso debería marcar, ¿no? Pero en realidad tu sigues siendo la misma, solo que más cansada. Ni sabiduría suprema de madre (¿de dónde la sacarán?), ni madurez extrema e inmediata. Se te acaba el poder ver incluso un capítulo de serie completo sin interrupciones, se te acaba la libertad de entrar y salir cuando sea y a donde sea, se acaban la puntualidad y el descanso. Pero sigues siendo la misma joven de 20 años atrapada en un cuerpo de una adulta de 32, con los mismos caprichos y manías. Así que seguiré dando saltitos de alegría si alguien me regala chocolate, remoloneando en la cama por las mañanas y haciendo pucheros para conseguir lo que quiero. Pero ahora lo haré acompañada por un ser pequeñito que hará los pucheros mejor que yo.

Y es que resulta que convertirte en madre no te cambia, solo cambian tus circunstancias.

Bebe durmiendo2

Como todos sabéis, yo soy científica, y como tal aprecio enormemente los avances científicos que nos hacen la vida más sencilla. Pero hasta ahora no era capaz de apreciar en todo su esplendor lo maravillosos que son algunos de esos avances. Ni el frigorífico, ni la luz eléctrica, ni la rueda. El mejor invento del mundo es la epidural. Y con mucha ventaja.

Ya os comenté que mi parto (el de verdad) no fue un camino de rosas. 35 horas se dicen pronto. Si estás en un festival, medio borracho, se te pasan volando, cierto. Pero cuando estás en el hospital, con contracciones y una cabecita encajada en tu pelvis… pues como que la diversión no hace acto de presencia. Que ya podría, no le costaba nada a la jodía, pero no. Bueno, a lo que iba, que de esas 35, las primeras 12 horas tampoco es que fueran muy malas. Las contracciones eran más que llevaderas. Como unos calambres menstruales un poco más fuertes. Molestas sí, pero todas aquellas que hemos sufrido esos dolores una vez al mes, somos capaces hasta de hacer vida normal durante el proceso y sin que los hombres de nuestro entorno sean conscientes de ello. Pero como 12 horas después de haber roto aguas eso no avanzaba, sino que parecía que iba retrocediendo y las contracciones se distanciaban en lugar de aproximarse, pues me pusieron un gotero con oxitocina para hacerle saber a mi cuerpo que estaba de parto. Y ahí si que ya las contracciones empezaron a ser palabras mayores. Así que supliqué que me dieran drogas fuertes cual yonki con el síndrome de abstinencia. Una, que es así de delicada y lo de sufrir no lo lleva bien.

Un pinchacito bastante doloroso (pero nada comparado con las contracciones) después, me dieron un botón mágico y me dijeron que lo pulsara siempre que lo necesitara para incrementar la dosis de anestesia. Que no había problema por darme 4 dosis seguidas si me hacía falta, que tenía un límite de seguridad, así que podía pulsar sin miedo. Y me hicieron una mujer muy feliz. Unos minutos después ya estaba yo durmiendo tan tranquila e inconsciente de lo que pudiera estar sucediendo de cintura para abajo con mi cuerpo.

Un montón de horas y varios incrementos en oxitocina después (mi cuerpo seguía haciéndose el longuis), parecía que el dolor había superado el umbral de la epidural. Y no veas lo que dolía. Si no llego a tener anestesia creo que para ese momento ya me habría dado un jamacuco. Cuando pregunté si no tenían nada todavía más fuerte, me dijeron que es que había llegado la hora de empujar y en realidad no era dolor, sino presión. Estuve a punto de gritarles que si eso no era dolor que les iba yo a soltar un revés bien dado para que supieran lo que se siente con la presión de las narices. Por suerte no fue necesario, y con los cambios de postura parece que el dolor se dispersó un poco y al menos fue manejable (os recuerdo, con la epidural puesta). Y nada, a empujar se ha dicho. Que muchos no los sabréis (sobre todo los varones), pero ese empujar, es el mismo empujar que haces cuando estás estreñido, aunque lo que estás intentando sacar de tu cuerpo sea un poco más grande.

Y nada, que yo empujaba, pero el pequeño no parecía querer salir. Resulta que venía mirando hacia la salida, en lugar de tener la barbilla pegada al pecho como los niños normales. Que supongo que no se quería perder nada de lo que estaba pasando, ya que le estaban obligando a abandonar su mullido rincón. Y pasaron algunas horas más, en las que me iban moviendo cual ballena varada para ver si en distintas posturas el baby decidía dejar de mirar la luz al final del túnel. Pero no. Ha salido cabezota como su padre, y no había nada que hacer. Así que me dieron otras drogas aún más duras (yija!!) y lo sacaron a la fuerza. Por el camino me rompí un poco, y tuvieron que rehacerme, pero oye, que ni un cosquilleo sentí. Para que luego digan que las drogas son malas.

Y después de todo eso, me pregunto como hay gente tan loca como para rechazar la epidural y querer un parto totalmente natural. Elegir el dolor pudiendo no sentirlo… hay que ser masoquista. Pero oye, que aquí todos tenemos nuestras locuras y cada uno las expresa a su manera. Así que si ellas quieren pasar ese dolor para sentirse mejor con ellas mismas y aumentar su autoestima, pues allá ellas. Lo respeto. Pero no lo compartiría ni en sueños, líbreme diosa. Que aquí a una lo de sufrir por sufrir no se le da nada bien, y de tonta no tengo un pelo, que para algo tengo un Nature😉

Así que desde aquí os digo:

La epidural es buena, ¡que viva la epidural!

Yo embarazada

P.D. Sí, la de la foto soy yo.

Mis dos partos

Publicado: 14 septiembre, 2014 en Estudios antropológicos, Locuras, Mi vida es así

Sé que algunos estabais esperando con ansia esta entrada. Tal vez uno o dos de mis lectores asiduos, pero eso ya son algunos. Si tenemos en cuenta que uno o dos es prácticamente el número total de lectores asiduos que tiene este blog, eso me permite decir que casi la totalidad de lectores de este blog estaba esperando esta entrada… Interesante como funciona esto de la estadística, ¿verdad? Ya me puedo meter en política, seguro que triunfo.

Bueno, a lo que íbamos, que el 27 de Julio tuve mi primer parto online, el de un artículo en Nature que se publicará en la revista el 25 de Septiembre y del que todos están tremendamente orgullosos. Incluida yo, faltaría más. Hasta han puesto mi foto por algún periódico local que otro, exaltando a los científicos expatriados que triunfamos en el extranjero. Porque aunque está mal que yo lo diga, un Nature es un gran triunfo en mi carrera científica. Tanto, que no tengo intención de repetir tamaña hazaña en lo que me queda de vida, que no quiero ser egoísta. Hay que dejar algo para los demás también.

Pero lo más importante es que el 3 de Septiembre, y tras una larga espera, tuve mi segundo parto. Un baby boy precioso. Y digo larga espera, porque como es lógico viniendo de unos padres tan gandules e indolentes, ha salido remolón, y se hizo esperar unos cuántos días. Más de una semana, para ser precisos. Y no solo eso. Una vez roto aguas, todavía tardó 35 horas en decidirse a salir. Con lo a gusto y calentito que estaba él ahí dentro, lo tuvieron que sacar a la fuerza. Me imagino yo en el sofá, una tarde lluviosa de invierno, con mucho frío, y no me extraña nada que lo tuvieran que obligar a salir. Yo también me resistiría.

Y aquí estamos desde entonces, aprendiendo a conocernos. Escuchando de fondo el renegar constante de los abuelos, que parece que no descansan ni para dormir. Bueno, sí, descansan para babear sobre el nieto siempre que pueden, como es normal, y para seguir discutiendo a ver a quién le toca cogerlo. Con esa banda sonora y la que tenga a bien ponernos el Spotify, el pequeño y yo vamos intimando en un ciclo sin fin de teta/pañales/dormir, en el que el orden de los factores no altera el producto. A veces incluso combinados de dos en dos. A veces con carencia de ese último. A veces con llantos inconsolables por culpa de los gases. Parece mentira la cantidad de gas que se puede acumular en una cosa tan pequeña.

Y, mientras, el mundo sigue su ritmo ahí fuera, al otro lado de la ventana. No se ha detenido por nosotros. Porque somos simples motas de polvo en el universo, y nuestras vidas son insignificantes para el conjunto, al igual que la mayoría de las veces, las vidas del conjunto son totalmente insustanciales para nosotros. Cada uno viviendo en su propia burbuja. La mía ahora esta compuesta de un bebé chiquitito que me mira con ojos limpios, y al que se le escapan sonrisas sin saber lo que significan. Además de un husband que nos mima a los dos por igual, y al que un bebé en brazos hace todavía más atractivo, si cabe. Y yo me quedaría en esta burbuja para siempre, disfrutando de lo que más quiero, al margen del mundo real. Aunque sé que no puede ser, y que la vida real me exigirá que vuelva en unas pocas, muy pocas, semanas.

Me dijeron que tener hijos era muy duro, que dan muchas preocupaciones, y mucho trabajo. Que se pasa mucho sueño, y que ya nunca puedes volver a relajarte totalmente, siempre preocupado por ellos. Pero por alguna razón, a la mayoría se les olvida decirte que probablemente es lo mejor que te puede pasar en la vida. He pasado noches sin dormir por irme de fiesta. He pasado resacas horribles por un rato de diversión, y hasta he salido estando enferma. Pero puedo asegurar que nunca había pasado dolores, malestares y sueño con más gusto que ahora. Porque cuando llega un rato de calma, y esa cosa pequeña se duerme en tus brazos, y sonríe en sueños, o hace pucheros, te sale amor por las orejas. Y tu ya no quieres estar en ningún otro sitio del mundo si no es con él.

Y así, lectores míos, me he convertido en una madre ñoña más, que caga amor y vomita arcoíris cuando mira a su bebé. Y las 35 horas de parto, los fórceps y los puntos se quedan en un recuerdo lejano y borroso por el que volvería a pasar 100 veces si al final el premio es este precioso baby boy que es feliz comiendo y durmiendo en mis brazos.

Bienvenido al mundo, Gael.

Baby boy

Érase una vez una mujer a una barriga pegada. Soy una nave nodriza en estos momentos, como ya os conté. Con lo pequeñita que soy parece que voy a explotar, pero en realidad todavía me quedan un par de meses de engordar a eso de medio kilo por semana… Y no, no voy a colgar fotos por mucho que supliquéis.

Pero quitando todas las molestias del embarazo (que son muchas y muy variadas, pero no me voy a regodear en ello), el hecho de no poder moverme con soltura, y no ser dueña de mi cuerpo durante meses, mi vida va bastante bien. Sí, seguimos estando un poco hasta los mismísimos de los EEUU y su falta de vacaciones y/o días festivos, no os voy a engañar. Pero con el calor que está haciendo, un helado y una piscina, pues todo se lleva como mejor, ¿no creéis?

nature_coverEl caso es que aquí, la menda, esa que todavía no está segura cómo ha acabado por estos lares y haciendo lo que hace, va a publicar un artículo en Nature. ¿Qué es eso? Os estaréis preguntando la mayoría de los mortales (que seréis 5 o 6 porque el resto tendrá cosas mejor que hacer que leer las tonterías que escribo). Pues es una de las mejores (sino la mejor) revistas científicas que hay en el mercado. En el mercado científico, se entiende. La gente normal no lee cosas tan frikis. Muchos investigadores darían lo que fuera por publicar ahí. Iba a decir que darían un riñón, pero no me he parado a preguntar, y aunque hay mucha gente muy loca por el mundo, yo tengo la esperanza de que eso fuera exagerar demasiado.

¿Y cómo he llegado yo, YO, a ese nivel, en el que compiten los mejores? Pues no tengo ni la más remota idea. Mi flor en el culo, me imagino. Porque por muy bueno que sea mi jefe, esas cosas no se consiguen todos los días. Y menos gente como yo. Que no nos vamos a engañar, listica soy, pero tampoco me voy a comparar con los premios Nobel que rondan por ahí.

Pero es que encima eso no es todo. ¿Recordáis que tuve la oportunidad de irme a vivir y trabajar al caribe? ¿Y tuve que decir que no porque había una remota posibilidad de que acabara publicando en Nature, y porque soy así de buena (y pava), que no me hubiera sentido a gusto conmigo misma abandonando a mi jefe en la recta final del proyecto (que ha sido una recta bien larga, eso sí)? Pues resulta que hay bastantes posibilidades de que al final sí pueda irme. Se han quedado prendados de mi encanto (o de mi curriculum), y me han dicho que para el próximo enero es probable que haya otra vacante, y que es mía si la quiero… Si la quiero dicen…

Según mi jefe, después de un Nature es una pena malgastar mi talento (que parece que derrocho por todos los poros de la piel, quién lo diría) en un sitio en el que no voy a poder desarrollar completamente todo mi potencial. En otras palabras, que si me voy al caribe, nunca llegaré a conseguir un puesto de importancia en investigación. Más que nada porque en el caribe ya se sabe que la gente apenas trabaja (que es parte de su atractivo, no me digáis que no).

Y ahí entran en conflicto nuestras opuestas visiones del mundo. Yo solo quiero un trabajo estable, por el que no tenga que pasarme otros 5 años matándome a trabajar (es un decir, que tampoco me he matado tanto) y sacrificando mucho del tiempo que me gustaría pasar con este bicho que llevo dentro. Quiero un sitio en el que no se espere de mi que dedique mi vida a mi trabajo. Quiero ser capaz de anteponer mis necesidades a las de mi carrera. Mientras, mi jefe está convencido de que todo el mundo prefiere llegar a lo más alto, conseguir el mejor sueldo y prestigio. Sobre todo alguien que tiene el potencial para hacerlo como yo (ejem, ejem). Viven bajo la máxima de que lo mejor es acumular mucho dinero, aunque luego no tengas tiempo de gastarlo, para poder vivir tranquilo y sin aprietos. Y yo pienso que es mejor vivir con lo justo, pero disfrutar de la vida, que solo tenemos una y se está gastando muy rápido. Y trabajar puede ser satisfactorio a veces, pero no te da la alegría y la felicidad de vivir que te dan unas vacaciones en la playa. Al menos a mi.

Así que nada, aquí estoy, tomando complicadas decisiones que afectarán a mi futuro y al de los que se vienen conmigo, que en un par de meses serán dos. Voy a consultarlo con ambos. Una patada es sí, cuatrocientas seguidas es no. Y no, eso no vale para mi husband. Para él lo cambiamos por mimos mejor.

Caribe

Sí, yo también os he echado mucho de menos. No tengo perdón por dejaros 5 meses sin mi sutil ingenio, sé que habéis sufrido infinito por mi ausencia y que no me lo vais a perdonar jamás. Pero por desgracia no puedo prometer ni prometo que no lo vuelva a hacer. Porque yo nunca he tenido madera de político. Eso de la hipocresía y el cinismo se me da fatal, prefiero el sarcasmo.

Pero supongo que os estaréis preguntando qué ha pasado para que haya hecho un kit-kat tal largo, con lo que yo he sido. Porque morir no me he podido morir, que he vuelto, y lo de que os escriba desde el más allá ya está muy visto y no os lo creeriais. Y si me hubiera sucedido algo horrible que me hubiera tenido en coma en el hospital, probablemente no hubiera empezado el post así de graciosa (o sí, nunca se sabe). No tengo excusa que valga, así que no voy a engañaros (no más de lo normal, al menos): no he escrito porque no tenía ganas. Algunos días me sentía culpable por no escribir, pero me encontraba mal, y cuando me duele algo no escribo bien. Que cuando no me duele nada tampoco escribo bien, pero como me queda todo más gracioso, la mayoría no se da cuenta.

Bueno, que me lío, que no he escrito antes porque me han hecho un bombo, que algunos ya lo habréis deducido por el título del post. Uno bien grande, todo hay que decirlo. Estoy de 5 meses y medio y parece que voy a estallar ya, no me quiero imaginar como me voy a poner con 9 meses. Y sí, sé que estar preñada no es razón para dejar de escribir, que no se nos nubla el entendimiento ni nada (al menos no demasiado). Pero hay algo que sólo te comentan por encima antes de quedarte embarazada y lo dicen así como con la boca pequeña… lo horrible que puede ser el primer trimestre. Porque a todos nos suena de algo lo de las “náuseas matutinas”. Pero lo que no te dicen es que de matutinas tienen bien poco. Porque lo mismo te pones a vomitar a las 8 de la mañana que a las 10 de la noche. Y algunas, como yo, lo hacemos las dos veces, no vaya a ser que la primera no lo hayamos echado todo bien. Y ya puestos, también a media tarde, que la hora de la siesta es muy mala. Y no os vayáis a creer que entre nausea y nausea todo es jolgorio y alegría, que el resto del día te lo puedes pasar tranquilamente aguantando las ganas de vomitar también el resto del tiempo. Eso sí, se me quedó un tipín precioso, que pude disfrutar unas dos semanas enteras, entre que se me pasaron las náuseas y empezó a crecerme la barriga.

Y esa es mi miserable excusa, que pasaba de intentar concentrarme para escribir mis desventuras, porque de todos modos hubieran parecido más como un diario personal:

–       Son las 9 de la mañana, y todavía no he podido levantarme de la cama. Creo que en cuanto ponga el pie en el suelo se va a abrir la compuerta vomitil y ya no va a cerrarse hasta dos horas después. Mi jefe debe estar la mar de contento conmigo en estos momentos.

–       Son las 10 de la noche, y no sé si arriesgarme a trasladarme del sofá a la cama. Probablemente sea mejor que duerma aquí aunque me destroce la espalda, así no me muevo y no tentamos a la suerte. Lo de lavarme los dientes ya lo he descartado, mejor no dejar que nada se acerque a mi boca en tres meses.

Y así me pasé unas maravillosas 7 u 8 semanas. Muy entretenido todo. Lo peor fue no poder quejarme, porque encima me lo había auto-infligido yo. Maldito reloj biológico y el cab*** que lo inventó.

Y estaréis pensando… de 8 semanas a 5 meses va un trecho, ¿no? Pues sí, pero junta esas 8 semanas casi sin trabajar de lo malísima que estaba (pero sin baja laboral, que en los EEUU no tienen de esas cosas tan modernas), con otras 4 semanas de intentar recuperar el tiempo perdido en el trabajo porque teníamos deadlines que cumplir, con otras 3 semanas de congreso científico/vacaciones en España, más el tiempo que suelo tardar en escribir… y ¡voilá! te salen 5 meses (los que seáis de ciencias no digáis nada, que dos más dos son cinco porque lo digo yo y punto).

Así que nada, que me uno al club de las malasmadres ese en breve, a ver si me aceptan antes de que nazca el enano. Pero no por elección propia. En mi caso va a ser obligado porque sólo me dan 6 semanas de baja maternal (y gracias les tengo que dar porque sean tantas…). Que el sueño americano este está muy bien, siempre que no te pongas enfermo o se te ocurra tener familia, o vida social… O vida, punto.

Y nada, que va a ser un niño. Preciosísimo por supuesto, que para algo va a ser mío y a mis ojos será lo más bonito del mundo entero (espero que no me hayan engañado miserablemente con eso también). Intentaré no escribir posts sopesando las ventajas e inconvenientes de cada una de las marcas de pañales, pero como ya os he dicho, no prometo nada.

 

Ecografía

He tomado prestado el título de aquí, espero que no les moleste, aunque seguro que me agradecen la publicidad que les hago (como si este blog lo leyeran hordas de gente…).

Y sí, lo reconozco, la culpa es totalmente mía, por leer estas cosas. ¿Quién me manda a mí? Así que pido disculpas, pues ya se que es la segunda vez que hablo de ese blog. ¡Pero es que no tiene desperdicio! No me había reído tanto desde… bueno, desde ayer mismo que me dio un ataque de risa sin sentido a la hora de irme a dormir, y me pasé 5 minutos partiéndome la caja yo sola.

chocolate2

Masturbación femenina

Me disperso, a lo que iba. Que las mujeres de verdad no se masturban. Lo siento chicas, no somos mujeres de verdad. Probablemente no haya muchas mujeres de verdad sueltas por el mundo si esa es la condición principal. De hecho… ¿quién querría ser una mujer de verdad? Es como lo de que las chicas buenas van al cielo, sí, pero las malas se lo pasan de miedo.

La masturbación reduce a las mujeres a simples adictas a la búsqueda de placer y cretinas sólo un poco mejor que los sodomitas más perversos que están al acecho en esta tierra.”  Madremiamadremiamadremia. Cómo se pone el personal. La verdad es que he tenido que investigar un poco para ver si el blog era real o una parodia, porque me parecía demasiado subrealista. Pero parece que sí, que hay una iglesia/religión/secta/enfermedad mental así de radical. Supongo que todos los que pertenecen a ella son unos amargados y deprimidos que no tienen ni idea de cómo divertirse. Y les da tanta envidia que los demás sí sepan, que su meta en la vida es convertir a todos los demás también en amargados y deprimidos para poder compartir así todos juntos sus miserias. Porque sino no le encuentro otra explicación. Bueno, los hombres salen más favorecidos que las mujeres por lo que he leído, pero aún así… Muy divertido no tiene que ser.

Así que ya me había convencido de que debía ser de coña, o que los pocos que hacen caso a todo eso están (terriblemente) mal de la cabeza, cuando me encontré con esto. Que no lo estoy poniendo al mismo nivel que los locos de arriba (sería imposible), pero algo se le parece. Resulta que una italiana ha escrito un libro titulado ‘Cásate y sé sumisa’. Supongo que lo habréis escuchado por las noticias, ha dado bastante que hablar cuando se ha publicado en España. Sólo con el título ya apunta maneras, ¿verdad?. Pero es que a mi me gusta pensar bien de la gente (así me va…), así que me leí la entrevista que le habían hecho a la autora para reafirmarme que todo había sido una exageración, consecuencia del tremendismo al que tiende la gente.

La autora cuenta que ha escrito algunas ideas que ha discutido con sus amig@s para que el matrimonio funcione, y en todas sus respuestas habla de que lo que hay que hacer es amar y respetar y aceptar al otro como es, sin imponer nada. Y resulta tiene su propia definición de sumisa (que no coincide en nada con la que hay en el diccionario) así que no entiende el revuelo que se ha montado: “Creo que [sumisa] significa renunciar al deseo de querer cambiar a la gente, de querer imponer una visión del mundo a todos los que te rodean. Esa es siempre la tentación de las mujeres”. La mujer se ha inventado una definición nueva para sumisa (ole tus huevos), simplemente porque la definición del diccionario (Obediente, subordinado/Rendido, subyugado, según la RAE) no cuadra con la idea que ella tiene de la biblia (cosa que los religiosos hacen a menudo cuando no les gusta lo que leen en las escrituras sagradas).
Pero con lo que cuenta en esa entrevista y con la nueva definición de la palabra sumisa, el libro podría no ser lo que parecía que era, una apología del machismo. Así que pensé que había alguna posibilidad de que no fuera tan radical como decían.

Y entonces apareció esto. Que son frases extraídas del libro. A ver, que se han sacado de contexto, sí. Pero dime tú en que contexto esto puede no ser machista:

-“La mujer está perdida cuando se olvida de quién es. La mujer es, principalmente, esposa y madre”

-“La mujer lleva inscrita la obediencia en su interior. El hombre, en cambio, lleva la vocación de la libertad y de la guía” (creo que yo soy hombre…)

-“Debes someterte a él. Cuando tengáis que elegir entre lo que te gusta a ti y lo que le gusta a él, elige a su favor””

Y mi preferida:

-“¿Tengo que darle la razón aun cuando no la tenga? Yo diría que sí”

Buena esposa_Franquismo

¿Hemos vuelto unos 100 años atrás en un momento sin que me diera cuenta o es que yo estoy demasiado adelantada para mi época? A ver, que yo se que la iglesia es machista y eso no lo va a cambiar nadie, por desgracia. También sé que sigue teniendo mucho poder y hay mucha gente que se sigue creyendo esa serie de patrañas que se han inventado para poder dominar el mundo. Pero es que me alucina pensar que hay mujeres jóvenes que todavía piensan así, y encima están convencidas de que tienen razón. Culpa mía por no relacionarme más con gente del OPUS.

Para que alguien te quiera y te cuide tienes que eliminar tu personalidad y tu forma de pensar. Tienes que adoptar sus puntos de vista, su opinión. Hacer sólo lo que él quiera. Darle la razón en todo. Tú sólo sirves para cuidar de él y de tus hijos. Y así es como serás feliz. Con dos coj… Lo que me parece más fuerte es que son felices así (o al menos eso es lo que piensan ellas). Y consideran que es la clave de la felicidad. Que todos los problemas que tienen los demás vienen de que la mujer quiere tener el poder en la relación, y que es lógico que el hombre no esté de acuerdo con eso y se divorcie (o se lie a guantazos, pero esa es otra historia).

Y yo me pregunto… ¿luego se sorprenderán si sus maridos les ponen los cuernos? Porque vivir con alguien así tiene que ser extremadamente aburrido. Sin opiniones propias, sin deseos propios, sin objetivos. (Otra frase suya: “Con seguridad, hace falta aprender a reducir la propias expectativas“, hablando solo de la mujer, claro).

Así que ya no sé a qué hacerle caso, a la entrevista o a las frases del libro. Tendré que leérmelo completo para entenderlo bien todo y poder opinar con convicción. Si me convierto en una de ellas, por favor, no dudéis en soltarme una galleta bien dada. Yo que me había alegrado cuando me dijeron que en Méjico el hombre siempre tiene la última palabra, que es: ‘Lo que tu digas, cariño’.

Bueno, por supuesto cabe la posibilidad de que la que esté equivocada aquí sea yo, así que voy avisando por si acaso: Husban mío de mis amores, si esta mujer tiene razón, siento decirte que nuestro matrimonio está abocado al fracaso. Vamos a ser muy infelices, porque soy una egoísta e impongo mis deseos y mis opiniones y te hago cocinar. Ya decía yo que esta falta total de discusiones no debía ser normal en un matrimonio. Los ataques de risa que me dan de vez en cuando son una señal clarísima del diablo de que lo estamos haciendo todo mal. Voy a ver si encuentro algún psicólogo para hacer terapia de pareja y que nos diga todos nuestros fallos. Aunque a lo mejor si me memorizo ese libro (o ya puestos el blog radical) se solucionarán todos los problemas que no tenemos… ¿tú que piensas?