Diferencia de opiniones

Publicado: 14 octubre, 2011 en Consultorio de doctora Silvi, Estudios antropológicos

Esta semana he regresado a la adolescencia mediante mi reintegración temporal a la vida familiar por una visita parental. En 3 días son capaces de hacerme revivir años de convivencia. Tras varios años de independencia, en minutos pierdes tu identidad y vuelves a ser “la niña”. Tienes discusiones infructuosas. Vuelves a rebatir las órdenes que te dan como si tuvieras 15 años. Cedes totalmente el mando a la matrona y te desentiendes de toda responsabilidad. Es como un chip que se conecta en cuanto mamá entra por la puerta. ¿Nos seguiremos sintiendo así toda la vida? ¿O dejamos de ser hijas en cuanto nos convertimos en madre? Es un campo todavía inexplorado para mí, así que agradecería que las más experimentadas me informaran.

Bueno, el caso es que quería hablaros de la diferencia de opiniones, que he sufrido con creces esta semana. Normalmente dos opiniones distintas sobre una sola materia, enriquecen nuestro conocimiento, nos abren la mente y nos ayudan a ver las cosas de otra manera. Pero si ese tema en el que se difiere afecta a la convivencia, entonces no nos enriquece, nos amarga. No me estoy refiriendo únicamente al orden y la limpieza (ejemplo en el que me voy a basar, por ser el recurrente en mi casa), sino que también se puede aplicar a muchos otros aspectos de una vida en común. En los casos en los que esta diferencia de opiniones ocurre, nos falla el equilibrio. Si una de las partes se inclina hacia un extremo, y la otra hacia el otro (o simplemente se queda en el centro), por mucho diálogo y empatía que exista, es imposible evitar los roces. Por ejemplo, el ser ordenado, o limpio, o cuidadoso, no suele ser algo que se pueda aprender a una edad razonable. Puedes mejorar, pero si empiezas en el extremo desastroso, no vas a conseguir mucho más que acercarte al centro, porque no lo consideras algo vital. Así que prefieres ocupar tu tiempo en otras muchas cosas más importantes. Mientras que si empiezas en el extremo impoluto, te va a costar muchísimo ceder aunque sólo sea una milésima, porque sí lo consideras fundamental para tu tranquilidad.

Y ahí está el problema, no en que uno sea desordenado y el otro un obseso del orden. La diferencia principal radica en que, por lo general, el ordenado se toma como una ofensa a sus derechos el que el desordenado invada su espacio vital. Mientras que el desordenado normalmente no llega a entender el grado de estrés que puede estar causando, porque lo considera un mínimo detalle sin importancia. Y cuando para una de las partes tiene un gran peso en su estado de ánimo algo que a la otra parte le parece una nimiedad… se producen las injusticias y malentendidos. Difícil es conseguir la armonía sin simetría (aplíquese el mismo esquema en cualquier otro aspecto de la convivencia).

La única solución posible es dividir el espacio en tres zonas: una para cada uno de los combatientes, y la zona común, que debe permanecer neutra (cuando hablo de zonas, no sólo me refiero a dividir el espacio físico, se puede aplicar también al comportamiento, la intimidad…). Cada uno mantiene su territorio como mejor le convenga, pero la región común debe conservar un equilibrio perfecto, en la que ambos bandos ceden equitativamente (esto es básico, porque al final siempre hay alguno que cede más que el otro, y, a la larga, el que más da, agota sus reservas y se cansa). Sin este arreglo, las discusiones infructuosas se sucederán hasta que alguno de los dos desista y se retire de la contienda.

La convivencia es una lucha continua, pero como dice la wikipedia: es uno de los factores más trascendentes no sólo para el bienestar y la felicidad, sino para el sostenimiento de la salud total.

Así que haced un esfuerzo, porque valdrá la pena. Y si no, pues solo hay que mudarse 🙂

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comentarios
  1. seba san dice:

    La clave de la supervivencia esta en “entender” los puntos de vista y tratar de “acatarlos”… Si una parte considera “infimo” lo que la otra parte considera “importantisimo”, la primera deberia entender que para la segunda es ” importantisimo” en los lugares “Neutrales”, tener en cuenta lo que le importa a la otra parte…
    Solo hay que ser inteligente y saber esuchar sin prejuicios, ahora si alguna de las partes se niega a esto, es evidente que la mejor solucion es mudarse.
    Debido a la escaces de personas inteligentes emocionalmente hablando (y logicamente tambien), hay crisis habitacional. (no hay casas para los pibe’ de la esquina).
    Quizas si volvemos a la hepoca de las cabernas, donde el mas inteligente (y a veces el mas fuerte) sobrevive, purgariamos esta sociedad llena de “intolerancia”…
    Siempre dando en la tecla Miss Silvi!… A veces siento que el charco que nos separa es el espejo de las realidades de cada uno. ( lo que pasa en un lado, pasa en el otro :P)

  2. catuxa20 dice:

    Por supuesto, todos somos iguales, akí , en Argentina, y en Japón… bueno, en Japón no tanto, que son más raros :p Pero los problemas suelen ser recurrentes en todas partes. En realidad la psique humana no varía tanto con las diferencias culturales 🙂

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