Una docena de razones por las que NO ser científico

Publicado: 6 noviembre, 2012 en Consultorio de doctora Silvi, Estudios antropológicos
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Y esta es mi segunda colaboración en el blog Una Docena De. El post original aquí. Enjoy!

Me da lástima escribir este post. Espero no desilusionar a ningún prometedor y brillante científico y que por mi culpa no tengamos bicicletas voladoras en un futuro próximo. Pero la ciencia, como todo en esta vida, no es un campo de rosas. No es la única profesión que tiene los inconvenientes que voy a comentar, probablemente muchos otros profesionales se sientan identificados. Lo dicho, una lástima.

1. Está mal pagado

Terminas la carrera y normalmente, si tienes suerte, empiezas con una beca mileurista que ni siquiera cotiza la seguridad social. ¡Pero en ese momento te parece un montón de dinero! Acostumbrado a la paga de papá… Lo malo, que ese sueldo se mantendrá durante 4 años, si los recortes no te echan a la calle antes. Los dos últimos no te parecerá tanto dinero, sobre todo si quieres ir pensando en independizarte. Al menos esos dos últimos años sí cotizarás y tendrás derecho a paro (gracias Zapatero).

Pero después de esos 4 años de mileurista… Lucharás por un postdoctoral. Si te vas al extranjero, no hay problema, aunque tampoco ofrecen el mejor sueldo del mundo al menos podrás sobrevivir, pero si decides quedarte (o volver después de esa estancia en el extranjero)… no esperes cobrar mucho más que los predoctorales del laboratorio en el que vayas a trabajar. Da igual que tengas incluso 6 años más de experiencia que ellos y dirijas tu propia línea de investigación.

Lo peor… que después de todos esos años, es posible que no consigas un puesto fijo y tengas que seguir aceptando contratos injustos durante bastante tiempo.

2. Se trabaja demasiado

Y no me refiero a que en lugar de 7 u 8 horas, haya días que tengas que trabajar 9. Me refiero a que si quieres tener una carrera brillante, y alguna posibilidad de seguir dedicándote a esto para siempre, vas a tener que echarle muchas horas. Tras 8 o 9 horas de laboratorio de un día normal (otros pueden ser 11 o 12) tendrás artículos que leer para los que no has tenido tiempo. O becas que pedir o cosas que editar. Los fines de semana  probablemente tengas que trabajar en el laboratorio algunas horas también, sobre todo si eres postdoctoral. Puede que la mañana de Navidad tengas que ir a cambiarle el medio de cultivo a unas células. Durante un tiempo no te importará, eres científico. Pero tras varios años, empezarás a plantearte si merece la pena tanto sacrificio si luego es probable que no consigas un contrato fijo. Sé que no todos los laboratorios exigen trabajar esas horas, hay excepciones (yo tuve la suerte de hacer la tesis en uno de ellos). Pero la norma general es echarle horas.

3. Te obligan a obsesionarte con las publicaciones

A pesar de trabajar mucho, si pudieras hacerlo siempre en lo que te interesa y te apetece, creo que no sería tan agotador. Pero normalmente tendrás que enfocarte en lo que se pueda publicar, no lo que a ti te parezca emocionante. Si no tienes al menos uno o dos artículos por año no conseguirás la siguiente beca o proyecto. Siempre tendrás esa presión por terminar el siguiente experimento, carcomiéndote incluso en tu rato de relax.

4. La lucha por la financiación

Continuación del punto anterior. Después de luchar por publicar tus artículos en revistas de alto impacto, llegará la hora de pedir financiación para tus experimentos. Escribir proyectos, rellenar solicitudes interminables… te quitarán ese preciado tiempo que necesitas para terminar el experimento imprescindible para la siguiente publicación. Y después de todo el esfuerzo, puede que se lo den al hijo del director de la organización (si estamos en España).  Así que vuelta a empezar. En realidad a ti lo que te gustaba era trabajar en el laboratorio, no escribir proyectos, ¿verdad?

Como en la mayoría de trabajos el politiqueo es parte fundamental. El tener contactos, quedar bien con la gente (ver punto 10), dar buena impresión, te facilitará la cosa a la hora de publicar, buscar trabajo o conseguir financiación. El que tiene nombre tiene poder.

5. Frustración ante los experimentos fallidos

Puede parecer un poco tonto que nos ofusquemos por algo así, cuando normalmente el 80% de los experimentos que vamos a hacer no funcionarán, pero intenta mantener la ilusión después de estar 6 meses sin que te salga ni el más sencillo. Ya te empiezan a fallar incluso las cosas básicas que tu alumno interno hace con los ojos cerrados. En ese momento siempre viene bien tomarse unas vacaciones y desconectar, pero claro, con la presión de ese artículo a punto de ser publicable, o del proyecto que tienes que pedir el mes que viene… ¿Quién es el guapo que se va de vacaciones?

6. Los reviewers porculeros

Perdón por la expresión, pero es que no tiene otro nombre. Los reviewers (revisores en español) son los que se leen ese artículo en el que has puesto tanto esfuerzo… y le sacan fallos. Tienen que decidir si es apto para publicar en esa revista o no, pero muchas veces sólo tocan la moral. Que si te faltan controles aquí, que si haz este experimento que con el otro no me ha quedado claro, que si necesitas añadir tablas… Muchas veces son consejos útiles que hacen más comprensible el artículo. Otras veces son gente que no tiene ni idea de lo que estás haciendo y piden experimentos imposibles o que podrían formar un nuevo artículo ellos solos. A veces sólo sacan fallos porque se supone que es su trabajo. Te puedes pasar tres meses esperando su respuesta, y cuando la recibes, casi preferirías que te rechazaran el artículo directamente y no tener que pasar otros 2 (o 5) meses cumpliendo sus requisitos.

7. Te pierdes fiestas y compromisos por culpa de los experimentos

Del mismo modo que puedes usarlo como excusa para librarte de compromisos no deseados (<a href=” http://unadocenade.com/una-docena-de-razones-por-las-que-ser-cientifico/ ” target=”_blank”> Una docena de razones por las que ser científico </a>), otras veces te perderás fiestas y viajes por no estropear un experimento en el que has invertido ya tres semanas de tu tiempo. Si tienes que extraer muestras cada 15 horas, te tocará ir a horas intempestivas, estés haciendo lo que estés haciendo.

8. No puedes desconectar

En el camino a casa vas pensando si has preparado todo lo que necesitas para el día siguiente. Mientras duermes sueñas con soluciones a problemas que te llevan de cabeza durante meses. Los fines de semana, si no estás en el laboratorio poniendo cultivos para que estén listos el lunes, o quitando cosas que dejaste el viernes terminando, tendrás una pila de artículos que se te han ido acumulando durante la semana y no has tenido tiempo de leer. El caso es que si no estás pensando en ciencia o practicándola, estarás sintiéndote culpable por no hacerlo, como cuando estabas en la carrera y te sentías culpable por no estar estudiando para el examen del lunes (¡benditos aquéllos que no tienen esa conciencia!).

9. Te pasas la vida sufriendo por si te pisan un artículo

Si trabajas en algo puntero, lo vas a pasar mal, siempre rezando para que los chinos no se te adelanten. Pero si no trabajas en algo que interese a la mayoría de la gente, te va a costar publicar y conseguir financiación. Tú eliges.

10. Tienes que asistir a un montón de charlas soporíferas

A menos que sean exactamente sobre tu línea de investigación, las charlas científicas son demasiado específicas para que las puedas seguir. O controlas del tema, o eres un cerebrito o al cabo de 10 min estarás pensando en las musarañas (o directamente durmiendo la siesta). Es imposible seguir la pista a unas proteínas de la membrana del axón de las neuronas, que participan en el transporte de sodio, cuando tú trabajas estudiando los genes implicados en la reproducción sexual de las levaduras (y eso cuando al menos ambos temas están englobados en Genética). Y aún así, está mal visto que no vayas a esa charla de ese investigador tan importante, vecino, primo del decano, ex-postdoc de tu departamento… Como si te sobrara el tiempo. Por suerte de vez en cuando te encuentras a alguien con un don para explicar las cosas de forma sencilla, y que no profundiza demasiado. En esas sí puedes aprender cosas interesantes.

11. Es casi una obligación el tener que pasar una temporada en el extranjero

No importa tu situación personal, para tener un buen currículum necesitas al menos un par de años de experiencia en un laboratorio extranjero (en el que tendrás que publicar mucho, claro). No es que sea algo malo, a mi me parece bien que se valore el que hayas trabajado en otros ambientes y con otros métodos (por algo me he expatriado). Considero que la variedad te abre la mente. El problema está en que es algo obligatorio. Si tienes hijos, o una situación familiar que te impide irte, ya no de tu ciudad, sino de tu país, despídete de tu carrera. No conozco a nadie que haya empezado su tesis en un laboratorio y sin moverse de ahí consiga una plaza fija (excepto algún enchufado de esos que abundan tanto por nuestro país, pero yo me refería a conseguir la plaza de manera honesta).

12. La estabilidad es un artículo de lujo

Probablemente no la consigas hasta los 35-40 años, eso con suerte. En España creo que ya es algo imposible, aunque antes de la crisis ya era un logro. ¿Cuántas entrevistas no habré leído de investigadores de 35 años que decidían dejar la ciencia para poder darle estabilidad a su familia? En otros países hay bastantes más probabilidades de conseguirlo, pero aún así, la edad sigue siendo la misma. Si cuentas los 5 años de carrera, 4 o 5 de tesis, 4 o 5 de dos postdocs, te plantas como poco en 32. Y eso haciéndolo todo perfecto. En ese momento empezarás a buscar algo más estable, por fin. Pero puedes tardar otros 2 o 3 años en encontrarlo. ¿En qué momento te planteas el formar una familia? Si tienes suerte, te la podrás llevar contigo en cada traslado, pero la obligas a renunciar a muchas cosas.

Y después de leer todo esto, os estaréis preguntando… ¿Quién va a querer dedicarse a esto? ¿Es que compensan todas las cosas buenas? Y la respuesta a esa pregunta es muy personal. Cada uno, con sus circunstancias tendrá que decidir su propio camino. Pero por mi experiencia puedo decir que sí, la mayoría de veces compensa. Cuando recibes ese email confirmando que por fin tu artículo ha sido aceptado en una revista importante, cuando terminas una charla y alguien viene a felicitarte por tu trabajo, cuando gente del otro lado del mundo te pide consejo, cuando un laboratorio puntero te ofrece un puesto de trabajo, cuando después de repetirlo 8 veces te las ingenias para conseguir que un experimento salga… Compensa.

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comentarios
  1. calvanki dice:

    jejej, este artículo me alegra en el sentido que yo sólo encuentro nueve razones para no ser escritor.

    • catuxa20 dice:

      A mi me gustaría serlo también. La diferencia es que ahora me pagan por ser científica… no sé cuánto tardaría en conseguir que hicieran lo mismo por ser escritora… jejejeje.

  2. calvanki dice:

    jeje, lo ves, con el sólo punto uno de mis nueve razones ya doy con la pica en flandes: no te pagan!!!

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