Hubo un momento en mi vida en el que decidí que quería ser feliz. No recuerdo exactamente cuándo fue, ni si ocurrió en respuesta a alguno de los hitos cruciales en mi desarrollo, o simplemente estaba aburrida y me dio por pensar. El caso es que pensé (que ya es mucho decir). Y decidí que yo lo que quería ser de mayor, era ser feliz. Delirios de grandeza que tenía una, otros quieren ser presidentes de EEUU.

uno aprende a ser feliz cuando entiende que estar triste no sirve de nadaAsí que me puse manos a la obra. Estaría entrando en la veintena, o a punto de llegar, y la verdad es que si pudiera viajar en el tiempo, iría a darme una palmadita en la espalda y decirme ‘así se hace’. Porque no me puse como loca a leer libros de autoayuda, ni me tragué todos los discursos de Paulo Coelho. Simplemente pensé… no sé lo que quiero ser de mayor, no tengo ni idea de dónde estará (ni si existe siquiera) mi príncipe azul (o verde o marrón, que tampoco era yo muy exquisita), ni de lo que será de mi dentro de 5 años. Pero no quiero esperar a que los planetas se alineen o a que las ranas críen pelo para ser feliz. Quiero ser feliz ya (la paciencia es una de mis virtudes, pero según para que cosas, parece que esta no era una de ellas).

El caso es que me pregunté a mi misma… ¿cuándo he sido yo más feliz? Teniendo en cuenta que justo estaba saliendo de la adolescencia (o eso pensaba, porque para mí que todavía no la he abandonado del todo), y que como todo adolescente todavía estaba intentando superar mis crisis existenciales y autoestima subterránea (por no decir directamente inexistente), la respuesta era obvia: cuando era una niña (que sí, que con 20 años seguía siendo una niña, pero en ese momento yo me sentía muy madura y adulta… bendita inocencia).

Y como lo de retroceder en el tiempo todavía no estaba inventado, la siguiente pregunta que me hice fue: ¿y que tenía yo de niña que no tengo ahora y que me hacía tan feliz? Inocencia, confianza ciega, imaginación, desconocimiento total de los problemas del mundo, entusiasmo, capacidad de sorprenderme y emocionarme por cualquier cosa, alegría permanente y la risa fácil. Casi nada. ¿Y todo eso se pierde en tan pocos años? Pues parece que, por desgracia, sí.

Así que mi mente lógica y práctica pensó… pues lo único que tengo que conseguir es recuperar todo eso, y seré feliz, pan comido (repito, bendita inocencia).

¿Y cómo se hace eso? Pues en realidad no tengo ni idea 🙂

Pero se me ocurrió la brillante idea (que seguro que leería en algún sitio, que otra cosa no, pero leer… leía) de empezar el cambio por fuera. Si sonríes todo el rato, aunque por dentro quieras llorar, la gente te contesta con sonrisas, y al final, te saldrá solo. O algo así. Yo sé que lo he leído en algún sitio (al menos mi memoria de pescao me permite recordar parte del contenido, aunque no el continente ni al dueño).

Y eso hice, empecé a sonreír siempre que me acordaba, a ilusionarme por todo como si fuera una cría, a dejar que mi imaginación hiciera de las suyas, aunque a veces fuera improductivo y doloroso, a dejar de pensar en los problemas que no tienen solución y también en los que sí la tienen, después de haberlos solucionado, a no dar las cosas por sentadas para poder sorprenderme, a reírme de mí misma. No es algo que se pueda conseguir de un día para otro, ni mucho menos. Pero doy fe de que puede funcionar. Recuerdo mi adolescencia como la época oscura, llena de frustraciones, miedos, complejos. Quería esconderme debajo de una piedra y que el mundo se olvidara de mí. Pero los veinte… eso ya es otro cantar. Salí a comerme el mundo, pero no con ambición ni deseo de llegar a la cumbre, sino con ilusión de vivir, con ganas de ver lo que hay ahí fuera, con la alegría de saber que estoy viva, y puedo hacer lo que quiera. Y ahí sigo, ilusionándome (y dando saltitos y palmadas, pero sin intención de provocar vergüenza ajena) porque alguien me regala un globo, sonriendo allá dónde voy, me devuelvan o no la sonrisa, no pensando en los problemas siempre que puedo evitarlo, bailando bajo la nieve aunque los vecinos estén mirando… y, sobre todo, disfrutando de cada momento como si fuera único, que lo es. Y oye, no me ha ido nada mal. Aunque algunos piensen que soy una niñata inmadura, o que voy de fantástica por el mundo. Yo soy feliz.

¿Y tú, quieres ser feliz?

make happiness a habit

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comentarios
  1. GanteRooibos dice:

    A lo mejor me vendría bien seguir alguno de tus consejos jaja. Marcarte objetivos y luchar para conseguirlos y darte cuenta de que puedes alcanzarlos es algo que, pienso yo, hace feliz, aunque no tanto alcanzar el objetivo como el proceso de lograrlo. Desde ese punto de vista… más vale proponerse grandes objetivos para tardar más en lograrlos. Aunque eso es ser feliz pensando en el futuro y viviendo de ilusiones, ser feliz en el presente es mucho más difícil (o a mi me cuesta más).
    Lo de la niñez me lo planteé este último día de reyes cuando me levanté y me di cuenta de que carecía totalmente de ilusión por los regalos… Es horrible crecer y darte cuenta de que casi nada te emociona.

  2. catuxa20 dice:

    Sabes como recuperé yo la ilusión por los regalos? Comprando cosas para los demás. El echo de ir de compras, ver algo y pensar instantáneamente en una persona, comprarlo, y luego ver la cara que ponen cuando lo abren… no tiene precio, como dirían por ahí. No compro regalos porque tenga que hacerlo, intento solo comprar cosas que me dicen algo de alguien. Y si no encuentro nada, pues directamente les digo que seguiré buscando y ya se lo daré en otro momento. A partir del día en que decidí tomarme en ese plan el hacer regalos, me hace más ilusión recibirlos, porque me imagino a los demás pensando en mí mientras compran esas cosas. Y ya puede ser un llavero, pero que tenga algún sentido, por algo que yo haya dicho, o por mi forma de ser. Esos regalos me encantan 😀

  3. Seba san dice:

    me gusta lo que dices de los regalos, creo que es una buena practica y mas en ponerle enfasis en que esa persona se de cuenta de que pensaste en ella.
    Justo ayer ( o antes de ayer) mientras estaba en el hospital, pensaba en eso de sonreír y hablar feliz mente para atraer mas felicidad, estuve 5 hs con suero en el pasillo y no te voy a mentir, las 2 primeras horas lo intente, luego la gente que me rodeada me indundo su animo y se me borro la sonoriza… luego llego mi novia e intente hacer lo mismo, pero no hubo caso (el enfermo aparentemente era yo). Nadie dijo que iba a ser facil!, no creo que sea la solucion tampoco… pero la idea de los regalos creo que puede robar sonrizas a mas de medio mundo sin hacer tanto esfuerzo, ya que esperas a que el regalo te aparezca… Geniall Silviaaaaaaaaaaaaaaa!!! genia 😉

    • catuxa20 dice:

      Muchas gracias!!! Y mucho ánimo!!! No es fácil, no, pero las mejores cosas de la vida nunca lo son. Si lo sigues intentando, llegará un día en el que ya no te costará esfuerzo, y habrá merecido la pena. Te mando energías positivas!!!
      Un beso

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