Una historia de amor… o no

Publicado: 11 abril, 2013 en Friends forever, Mi vida es así
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Sé que el blog ha estado un poco aburrido últimamente. Pido disculpas. Es que con esto de las nuevas tecnologías, pues resulta que tanto mi familia, como mi familia política… leen mi blog (¿qué tal estáis? Todo bien, ¿no?). Y claro, con esto de perder el anonimato, pues una intenta ser políticamente correcta y sólo contar las historias para todos los públicos. Pero es que esas son muy aburridas.

Así que he decidido lanzarme a la piscina, de cabeza y sin mirar. Mamá, voy a exagerarlo mucho todo, que las licencias literarias me encantan y yo siempre he sido de tirarme el rollo. Así que todo parecido con la realidad será pura casualidad. Tu hija siempre ha sido y seguirá siendo una responsable mojigata, virgen y abstemia, incluso después del matrimonio.

Aclarado esto, os voy a contar una de las historias de mi vida que más me gustan, de esas que se guardan con cariño. Pero primero una aclaración:

Yo soy tímida. Sí, aunque no lo parezca, y aunque muchos de mis amigos ahora mismo se están partiendo de risa, yo soy tímida. Y mucho. Yo era de las que se escondían detrás de las faldas de su madre, y si alguien osaba dirigirme la palabra, salía corriendo. Y sigo siendo así. Lo que pasa es que llegó un momento en que me di cuenta de que me estaba perdiendo la mayoría de experiencias geniales de esta vida. Así que decidí que ser tímida no me salía rentable y tenía que cambiar. Fue un poco desastroso al principio, porque me iba al extremo opuesto muy a menudo y sin ser consciente. Me daba por hablar muy rápido y decir muchas burradas y claro, la gente se pensaba que yo en realidad tenía verborrea crónica o que era tonta. Sigo teniendo comportamientos extraños de vez en cuando, así que lo mismo un día me da por saludar a todo el mundo por si acaso los conozco y no me acuerdo (soy pésima para recordar caras y nombres), que otro día me da por mirar al suelo y hacer como que no existo, evitando todo contacto visual.

Aquellos maravillosos añosCon mi timidez en mente, ya podéis leer mi historia de amor preadolescente:

A los 12-13 años, yo cursaba octavo de EGB… (sí, soy así de vieja, qué le voy a hacer) y mi padre había decidido que ese verano nos íbamos a vivir a la otra punta del país. Y aunque nos mudábamos cada 3 años, esa vez me dolió más de lo normal… porque yo tenía un novio por aquel entonces. Nos gustábamos desde séptimo, ambos sabíamos que el otro estaba interesado pero, ironías de la vida, el muchacho era tan tímido como yo. Así que pasamos un año mirándonos de reojillo y riéndonos mucho juntos, y ya. No recuerdo quién dio el primer paso al final, pero a falta de 3 meses de mi gran mudanza, empezamos a salir. Eso de salir fue: ir una vez al cine juntos, e ir cogidos de la mano por la calle. Un amor platónico precioso. En el viaje de estudios hasta estuvimos a punto de darnos un beso en la discoteca del hotel, mientras bailábamos una balada, pero justo en ese momento entró la tutora, y la vergüenza nos pudo.

Así que me fui, y nuestro amor quedó en el aire. De lo tímidos que éramos, ni siquiera nos atrevimos a pedirnos la dirección o en teléfono para mantener un idilio igual de platónico desde la distancia.

Pasaron los años, entré en la edad del pavo, la pasé, luché contra mi timidez y la vencí (a ratos), y tuve un par de novios estables durante ese tiempo. En realidad estuve ennoviada desde los 17 hasta los 21 ininterrumpidamente. Tan ininterrumpidamente que, esos dos novios, los solapé. El rollo de ‘acabo de romper con  mi novio’ (en realidad ni siquiera había roto todavía, pero eso es otra historia) se convirtió en mi siguiente novio. Y a los 21, de repente me quedé soltera again. Después de 5 años volvía al mercado. Por aquél entonces yo me creía una mujer madura que sabe cómo funciona el mundo y que conocía su potencial y limitaciones en esto de ligar (bendita inocencia).

Casualmente, esas navidades volvimos a visitar a la familia en la otra punta del país, y yo me pude escapar para pasar la nochevieja con mi ‘más mejor amiga para toda la vida’ del colegio. Así que salí por mi pueblo, 9 años después. [Mamá, aquí es dónde te ruego que hagas el favor de dejar de leer. Hay cosas que es mejor no saber :)]

El pueblo es pequeño, así que no debería haberme sorprendido, pero allí estaba él. Igual de adorable, con la misma carica de niño travieso, pero sin mucho rastro de la timidez que le caracterizaba. Mi ‘más mejor amiga para toda la vida’ nos ‘presentó’, por si no nos reconocíamos. Nos dimos un repaso mutuo, de arriba abajo. Sin timidez ni rollos. En cuanto cruzamos las miradas, creo que los dos fuimos conscientes de que la química seguía ahí (química, alcohol, tensión sexual no resuelta, llámalo como quieras). Después de unas horas de miradas, e insinuaciones, y copas (muchas copas), pasó lo que tenía que pasar. No recuerdo muy bien cómo, han pasado 10 años, pero de repente me encontré empotrada contra la pared en una de las calles de mi niñez. Hubo muchos besos, tan dulces y a la vez tan pasionales como me había imaginado tantos años antes. Él hablando en gallego y yo contestándole en castellano. Nos desquitamos por todos esos besos inocentes que habíamos imaginado con 12 años (¡y cómo nos desquitamos!). Cuando ya no me sentía las manos del frío, me dejé convencer para subir a su casa, y entre el rellano y su cama eliminamos la espina que faltaba. Lo que no me había comentado antes de subir, es que sus compañeros de piso eran sus padres… a los que despertamos entre risa y risa. Tuve que esconderme debajo del edredón cuando su madre vino a decirle que bajáramos la voz. Si no hubiera ido borracha me habría muerto de vergüenza. El polvo en sí no lo recuerdo como nada del otro mundo, el muchacho no parecía tener mucha experiencia más allá de los besos (¡qué besos!), pero no estuvo mal. No lo noté muy suelto en las artes amatorias, puede que su timidez siguiera escondida, igual que la mía, y hubiera asomado en ese momento… o que fuera virgen. ¿Quién sabe? El caso es que fue entrañable, una noche para recordar, más por lo que significó, que por la experiencia en sí. Un círculo que se cierra. Ya no volvería a imaginarme qué habría ocurrido si no me hubiera mudado, pero siempre recordaré esa noche como algo precioso. Y no, no lo he vuelto a ver ni saber de él. Y mejor así, me estropearía la historia si ahora fuera gordo y calvo.

También recordaré esa noche porque se me hizo tarde, no llevaba el móvil porque no me quedaba batería (todavía podíamos sobrevivir sin llevarlo siempre encima) y no tenía llave de la casa de mi amiga, así que a las 8 de la mañana me vi llamando al timbre y dándole los buenos días a su madre.

Una joyica que era yo de joven.

Cory y Topanga

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comentarios
  1. angel dice:

    me encantas !!! me parto con tus relatos es que hasta te imagino jajajaajajajaj me encantaria volver a verte.. un besito cosa linda!!!

  2. Al evaluar el panorama actual, muchos teóricos de cuerdas argumentan que el siguiente paso crucial es expresar las ecuaciones de la teoría en su forma más exacta, útil y general. Buena parte de la investigación durante las dos primeras décadas de la teoría, y hasta mediados de los años noventa, se realizó utilizando ecuaciones aproximadas que muchos estaban convencidos de que podrían revelar las características más generales de la teoría pero eran demasiado toscas para dar predicciones refinadas. correo outlook http://www-outlook.com/

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