Amor a primera vista

Publicado: 1 mayo, 2013 en Consultorio de doctora Silvi, Friends forever, Mi vida es así
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Do you believe in love at first sight or do I have to walk by again?
Qué bonito lo pintan todo en las películas, ¿verdad? Chico ve a chica. Chica ve a chico. Los dos se quedan con cara de tontos mirándose desde lejos. Inoportunamente y por causas ajenas a su persona uno de ellos se tiene que ir corriendo sin que ninguno llegue a saber quién es la otra persona.

Pasan semanas suspirando el uno por el otro, hasta que el destino los vuelve a unir. Y todos son felices y comen perdices.

¿Os lo creéis? ¿O es solo una leyenda urbana, como la de que hay hombres que saben utilizar la plancha? Pues os va a sorprender, pero yo sí me lo creo. Si le quitas el ser felices y comer perdices para siempre, tengo una historia personal que vale para un guión de película pastelosa. Si hay algún director de cine leyendo esto, me pido a Jennifer Aniston como protagonista.

Mi historia de amor a primera vista:

El caso es que yo estaba tan feliz y contenta, soltera y sin compromiso… espera, ahora que lo pienso, en realidad no. En realidad hacía un par de semanas que habíamos decidido, otro tío y yo, que no íbamos a salir con otras personas o algo así. Pero fue pronunciar esas palabras y el muchacho desapareció de la faz de la tierra. Así que yo me lo tomé como que estaba soltera y sin compromiso 🙂

Bueno, sigo, que me disperso. Estaba yo muy feliz y contenta, sin buscar nada serio, porque visto lo visto… Y me fui una noche a bailar salsa al bar de siempre. En eso que estoy bailando tan tranquila, cuando veo a un chico guapísimo, y que no había visto nunca (cosa rara, porque siempre somos los mismos en el bar y tenemos a los guapos fichados). Me fijé porque además bailaba genial (combinación harto difícil de encontrar). Y me sentí atraída al instante. Tenía un aura a su alrededor que lo hacía irresistible. Al menos a mis ojos. Algo así como los filtros de la cámara que le ponen a las pelis pastelosas cuando sale el chico por primera vez.

Hice las pertinentes pesquisas para identificar al desconocido (lo que se viene llamando de toda la vida, marujeo), y me sorprendió que todos sabían quién era menos yo. Por fin, casi al final de la noche, conseguí bailar con él (estaba muy solicitado, como es normal). Cuando terminó la canción, me preguntó si bailábamos otra, así que ya me imagináis, dejando la pista hecha un mar de babas. Parecía que se había fijado por fin en mi (después de mi acoso y derribo hasta conseguir bailar con él, ya estaba bien). Al terminar de bailar, nos pusimos a hablar un poco, pero enseguida vino un amigo a decirle que tenían que irse.
Como recordaréis, yo soy muy tímida (a ratos), así que no me atreví a decirle nada. Pero por suerte no todo el mundo es tan pavo como yo, y me preguntó si podía agregarme a Facebook. No es lo mismo que pedirme el número de teléfono, pero algo es algo. Y mi cara de tonta fue la misma que si me hubiera pedido matrimonio allí mismo.

Cuando llegué a casa, le mandé un mensaje a una amiga para contarle que me había enamorado. Lo sé, es pa pegarme por ñoña, pero una tiene sus momentos.

El caso es que un tiempo después, cuando el desconocido pasó a ser parte de mi vida durante un par de años preciosos, me dijo que al salir del bar le dijo a su amigo: “si viviera en Murcia (estudiaba en otra ciudad), esa chica sería para mí”. Menos ñoño, pero igual de bonito.

Y sí señores, siento estropearles la historia, pero la cosa terminó. Que las pelis siempre terminan demasiado pronto y no se ve lo que pasa unos años después. No sé si fue porque la rutina me impidió seguir viendo ese aura que tenía, que lo hacía tan irresistible. O porque el estrés hizo que brillara menos. El caso es que nuestros caminos se separaron, y decidimos que si había que luchar tanto, era porque no tenía que ser (no fue tan diplomático como lo pinto, pero me entendéis).

Formó parte de mi vida, y fue precioso mientras duró. A veces le echo de menos, porque es una de las mejores personas que he conocido nunca. Y espero que algún día encuentre a alguien que consiga ver siempre ese aura suya tan especial.

Precioso, ¿verdad?

La moraleja de hoy es que, aunque las cosas buenas terminen, y terminen mal, no os quedéis con la amargura del final. Porque todos tenemos historias cursis que contar, que pueden ser igual o incluso mejor que en las películas. Y por eso, vendo los derechos de la mía al mejor postor 🙂 Si el presupuesto se dispara y no da para Jennifer, podría conformarme con una actriz menos conocida, siempre y cuando sea guapísima y con un cuerpo escultural. Las dotes artísticas son secundarias.

¿Alguna oferta?

Como dos gotas de agua, no me digáis que no… 🙂

Jennifer Aniston

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comentarios
  1. Neo dice:

    Y yo que me alegro, por la parte que me toca…

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