Os he contado dos de mis mejores y más pastelosas historias de amor. Pero tampoco quiero ser pretenciosa y dar la impresión de que en mi vida todo es precioso y maravilloso y supergenial y chachi piruli juan pelotilla. Que todos tenemos nuestros momentos. Y yo tuve un Momentazo, así, con mayúsculas y que encima duró un par de años. Así que os lo voy a contar, para que no me odiéis por daros envidia cochina con mi vida perfecta… (Casi cuela, ¿eh?)

Amor-OdioResulta que aquí, una se creyó inteligente en su momento. Por suerte la vida se encargó en demostrarme que soy igual de tonta que las demás. Y os lo voy a demostrar.

Durante esa etapa tan bonita que es la adolescencia tenemos dos opciones:

1)   creernos lo más de lo más y pensar que los demás no tienen ni idea (sobre todo los adultos)

2)   ser patéticos y pensar que no merecemos vivir porque todos los demás son supergeniales y entendemos perfectamente que no se dignen ni a mirarnos por encima del hombro, aunque nos duela

Esas dos situaciones no son excluyentes y pueden darse simultáneamente en la misma persona, turnándose para hacernos la vida imposible. La 1 porque los demás nos odiarán y con razón, y la 2 porque seremos nosotros los que nos odiemos. Una edad preciosa, ¿a que sí?

El caso es que estaba yo superando esa etapa tan bonita con todo mi ego subido a ratos, y mi autoestima bajo cero en otros (a los 20 años, no os vayáis a pensar, que yo fui muy poco precoz para algunas cosas), cuando me encontré de bruces con el prototipo perfecto de mujeriego, golfo y seductor (combinación altamente peligrosa y dañina para la salud de sus víctimas). Tengo como excusa que estaba aprendiendo a bailar salsa, y ya se sabe que en ese momento somos presa fácil de todo aquel que ya sepa defenderse en la pista de baile (he dicho que era una excusa, no que fuera buena). Con toda mi inteligencia y mi madurez (¡ja!), caí a sus pies como una mosca más (o como quinceañera fan de Justin Bieber más). En mi defensa tengo que decir que conseguí que el donjuán también se prendara de mi, para sorpresa de todos sus amigos y conocidos (e incluso de su madre). Y mantuvimos una relación de amor-odio totalmente destructiva para ambos durante año y medio, más otro año de no-relación pero igual de destructiva. De esas en las que los gritos se mezclan con los besos. El odio y el amor eran uno. Lo mismo empezábamos discutiendo que acabábamos arrancándonos la ropa (o viceversa).

Salí escaldada, y mucho. Varias veces. La frase esa de que ‘somos el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra’ no es real. Tendría que ser algo más como: ‘somos el único animal que tropieza en la misma piedra una vez, y otra, y otra, y otra… hasta la enésima potencia’. Porque mira que el muchacho se esforzó en hacerme abrir los ojos a base de leches (figuradas). Pero el amor es ciego (o estúpido, más bien), así que yo erre que erre. ‘Que yo se donde me estoy metiendo, que a mi no me afecta, que lo tengo controlado, que lo que pasa es que desde fuera sólo veis lo malo…’ y así hasta el infinito y más allá. Si es que cuando una no lo quiere ver, pues no lo ve y punto. Y pa chulo mi pirulo. ¿Qué es muy celoso? Pues no se lo cuento y punto. ¿Qué le molesta que me vaya de fiesta/viaje sola con mis amigas? Pues te aguantas (y me aguanto yo las malas caras y broncas durante semanas). ¿Qué tontea con todo lo que lleve faldas? Sí, pero se va conmigo a casa y las demás se quedan con las ganas (ya claro…). A lo que se llega por amor. Al final dejas pasar lo que sea con tal de no discutir.

he-lied-passion-loveEl orgullo es un arma de doble filo, y aquí una, que nunca había pecado de serlo, se convirtió en la reina de la noche a la mañana. Si es que yo sabía que él era consciente de que yo era la más mejor del mundo mundial (¿ein?), lo que pasa es que siendo como es, pues de vez en cuando se olvidaba (esas cosas que nos decimos para engañarnos a nosotras mismas). Y acabé aceptando todo aquello que pensé que nunca aceptaría (celos, egoísmo, intolerancia, inmadurez), y regodeándome en el proceso (es que a ratos era divertido), sólo por los buenos momentos (¡y qué momentos!). Y ya de paso me perdí a mi misma por el camino. Un combo, vamos, que yo cuando meto la pata la meto hasta el fondo, que si no ¿pa qué molestarse?. Por suerte para mi, el nenico se cansó de pretender ser lo que no era, y empezó a comportarse como si estuviera soltero otra vez. Indirecta bastante sutil, pero que a pesar de mi ceguera crónica fui capaz de ver. Lógicamente me pasé unos meses esperando a que abriera los ojos y se diera cuenta de que yo era el amor de su vida y me iba a querer para siempre jamás. Y sí, al final se dio cuenta, pero justo una semana después de que yo me diera cuenta de lo gilipollas que estaba siendo por esperarle mientras se divertía con media ciudad (la mitad femenina, se entiende).

Por supuesto, volví a tropezar con esa piedra varias veces más después de ‘superarlo’, que una acaba cogiéndole cariño. Y las emociones fuertes enganchan, y mucho. Y yo creo que hasta echaba de menos los gritos y las discusiones (y los arrancamientos de ropa).

Quizá de ahí viene mi necesidad compulsiva por evitar los enfrentamientos. Se me gastaron todas las discusiones en esa relación. Imaginad lo fuertes que tenían que ser las emociones positivas para que compensaran un 1 a 3 (o 1 a 10 más bien) a las negativas.

Pero el caso es que no me arrepiento de nada. Era como vivir enganchada a las emociones y la pasión, al dolor y a la euforia, necesitaba mi dosis para ser feliz. Tenía los sentimientos siempre a flor de piel, y lo mismo me daba por reir que por llorar. Hasta que me pasé y la sobredosis me obligó a darme cuenta de que no era sano. Pero lo disfruté en su momento, y todavía tengo el recuerdo de ese síndrome de abstinencia y el inmenso placer de saciarlo.

Ahora ya sé que no por ser inteligente se es más lista. Que nadie está libre de caer en la tentación, yo la primera. E incluso que es sano dejarse llevar por ella de vez en cuando. Y que, a veces, las sensaciones fuertes merecen la pena. Eso sí, con un poco de cabeza 🙂

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comentarios
  1. Anónimo dice:

    y quien es el??? jajaja este se me había escapado nenika!!! hay que ver como escribes…que fácil es sentirse identificada con muchas cosas…

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