Que vueltas da la vida

Publicado: 16 septiembre, 2013 en América, Locuras, Mi vida es así
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La vida da muchas vueltas. Y el mundo es un pañuelo. Y cuando el río suena agua lleva, pero este último no pinta nada en este post, era solo por rellenar.

Os voy a contar una de esas historias que sólo pasan muy de vez en cuando, y normalmente al conocido de algún amigo. Que parece que todos nuestros amigos tienen siempre los mismos conocidos, porque al final las historias son siempre las mismas. ¿Y si resulta que al final somos todos primos segundos y no lo sabemos?

Pinguinos Polo Norte_800Bueno, a lo que iba, que me despisto. Ya sabéis que yo me mudé al otro lado del charco hace más o menos año y medio (madremiamadremiamadremia como pasa el tiempo). Y desde que estoy aquí creo que he conocido a más españoles que estadounidenses… Porque somos una plaga y además nos agregamos cual pingüinos en invierno. Principalmente porque la gente de este país es una esaboría, como diríamos en mi tierra (y al parecer en Andalucía también). El caso es que yo no he ido en ningún momento a la caza y captura del español. Que yo ya tengo aprendido lo de que si no te relacionas con ellos, no aprendes su idioma. Pero tampoco es que se dejen relacionar demasiado, todo sea dicho. Así que acabamos siempre rodeados de españoles.

El caso es que hace casi un año me dio uno de esos caprichos transitorios que nos dan a las mujeres de vez en cuando (o a lo mejor solo a mi). Y yo necesitaba salir a bailar esa noche, como fuera. Así que busqué algún sitio en el que me pusieran salsa, y en el que no me fuera a morir del asco (al menos no mucho). Encontré un local (por llamarlo de alguna manera) en el pueblo de al lado, en el que hacían una minifiesta, con espectáculo y todo (vamos a dejarlo como espectáculo, que tampoco hay que ponerse muy quisquilloso). Nos colocamos cerca de la puerta, por si necesitábamos salir corriendo en algún momento, que con esta gente nunca se sabe. Bailamos un par de canciones o tres. Nos sentamos a reposar de los codazos y empujones. Y es entonces cuando veo a una cara familiar que viene directa a mi con el turbo puesto, atravesando el enjambre de bailarines (es por darle un poco de emoción, en realidad venía tan tranquila). Intento hacer funcionar mi cabeza a toda pastilla…, pero nunca me funciona. No sólo porque tengo mala memoria (pésima), es que encima soy incapaz de reconocer a alguien si me lo cambian de contexto (os podría contar muchas otras anécdotas muy entretenidas). Así que yo pongo mi sonrisa adorable como siempre, para que, si no respondo, piensen que soy lenta o algo, pero no que no los reconozco. Todo sea por no herir los sentimientos de los demás.

bebe-cara-graciosa

Y la muchacha me dice:
‘Eres Silvia, ¿no? Qué fuerte qué fuerte, ¿que estás haciendo aquí?’ (O algo parecido, no me pidáis que lo recuerde al pie de la letra después de un año).

La sorpresa me la llevé porque todo eso me lo dijo en español. A veces me meto tanto en el papel americano, que cuando me hablan en español no me doy cuenta de que es español y no reacciono, pero esa vez sí. Se me puso cara de… ¿ein? Como la de la foto más o menos…

‘Que sí mujer, de Murcia, ¡de la carrera!’

En ese momento mi cerebro hizo ‘clic’ y pude relacionar a las dos personas. Lo que por supuesto no ayudó a que mi expresión de extrema sorpresa cambiara. Imagina encontrarte en un antro minúsculo de un pueblo perdido de la mano de dios, en un continente diferente, 7 años después, a una compañera de carrera. Pues sí, impacta. De ahí lo de que el mundo sea un pañuelo.

Resulta que se había venido un poco a la aventura con su pareja, casi unos 5 años atrás. Y los dos encontraron trabajo. Cosa que ahora parecería imposible, tal y como están con los visados. Y llevaba 4 años haciendo el doctorado en la universidad del pueblo de al lado. Porque EEUU es tan pequeño, que no teníamos más opción que acabar en pueblos vecinos.

Pero este verano, tras leer la tesis, han vuelto a España. Puede que se queden, puede que no. Pero lo que me ha hecho pensar (cosa rara en mi) es que cuando yo todavía me estoy adaptando, ellos ya han vuelto. Porque cada uno tiene su ritmo, y elige su momento. Y por eso la vida da muchas vueltas. Nunca sabes cuando te va a tocar a ti. Ni si te va a tocar. Ni si elegirás esa opción en caso de que te toque. Mi husband rechazó, hace como mil años (o 10, pero es para recordarle que se hace viejo…), una beca para venirse a EEUU durante un año. Y a pesar de no haber elegido la opción de aventura hace tiempo, la eligió el año pasado para venirse conmigo. Y puede que dentro de dos años acabemos en la Conchinchina, porque no veo que me estéis arreglando el país para que yo pueda volver.

Nunca se sabe dónde va a acabar uno. Y si lo sabes, ¿no te parece aburrido? Saber que tu vida va a ser exactamente igual, en el mismo sitio, con la misma gente, para siempre. Eso que llaman estabilidad, a mi me da agobio. Pero quizá sea porque todavía no he encontrado el sitio perfecto, con el trabajo perfecto. Y aunque sí tengo a la gente perfecta, necesito concretar mis otras variables para poder asentarme. Porque para siempre es mucho tiempo. Y aunque el tiempo pasa volando, mi inquietud y desasosiego también llegan rápido. Echadle la culpa a mi padre, que nos enseñó que puedes encontrar un hogar y nuevos amigos allá donde vayas. Aunque eso último era mucho más fácil a los diez años cuando solo tenías que preguntar: ¿juegas?

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comentarios
  1. pepe dice:

    La realidad es así, pero que bueno el broche final con esa música tan pegadiza
    .

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