Mis dos partos

Publicado: 14 septiembre, 2014 en Estudios antropológicos, Locuras, Mi vida es así

Sé que algunos estabais esperando con ansia esta entrada. Tal vez uno o dos de mis lectores asiduos, pero eso ya son algunos. Si tenemos en cuenta que uno o dos es prácticamente el número total de lectores asiduos que tiene este blog, eso me permite decir que casi la totalidad de lectores de este blog estaba esperando esta entrada… Interesante como funciona esto de la estadística, ¿verdad? Ya me puedo meter en política, seguro que triunfo.

Bueno, a lo que íbamos, que el 27 de Julio tuve mi primer parto online, el de un artículo en Nature que se publicará en la revista el 25 de Septiembre y del que todos están tremendamente orgullosos. Incluida yo, faltaría más. Hasta han puesto mi foto por algún periódico local que otro, exaltando a los científicos expatriados que triunfamos en el extranjero. Porque aunque está mal que yo lo diga, un Nature es un gran triunfo en mi carrera científica. Tanto, que no tengo intención de repetir tamaña hazaña en lo que me queda de vida, que no quiero ser egoísta. Hay que dejar algo para los demás también.

Pero lo más importante es que el 3 de Septiembre, y tras una larga espera, tuve mi segundo parto. Un baby boy precioso. Y digo larga espera, porque como es lógico viniendo de unos padres tan gandules e indolentes, ha salido remolón, y se hizo esperar unos cuántos días. Más de una semana, para ser precisos. Y no solo eso. Una vez roto aguas, todavía tardó 35 horas en decidirse a salir. Con lo a gusto y calentito que estaba él ahí dentro, lo tuvieron que sacar a la fuerza. Me imagino yo en el sofá, una tarde lluviosa de invierno, con mucho frío, y no me extraña nada que lo tuvieran que obligar a salir. Yo también me resistiría.

Y aquí estamos desde entonces, aprendiendo a conocernos. Escuchando de fondo el renegar constante de los abuelos, que parece que no descansan ni para dormir. Bueno, sí, descansan para babear sobre el nieto siempre que pueden, como es normal, y para seguir discutiendo a ver a quién le toca cogerlo. Con esa banda sonora y la que tenga a bien ponernos el Spotify, el pequeño y yo vamos intimando en un ciclo sin fin de teta/pañales/dormir, en el que el orden de los factores no altera el producto. A veces incluso combinados de dos en dos. A veces con carencia de ese último. A veces con llantos inconsolables por culpa de los gases. Parece mentira la cantidad de gas que se puede acumular en una cosa tan pequeña.

Y, mientras, el mundo sigue su ritmo ahí fuera, al otro lado de la ventana. No se ha detenido por nosotros. Porque somos simples motas de polvo en el universo, y nuestras vidas son insignificantes para el conjunto, al igual que la mayoría de las veces, las vidas del conjunto son totalmente insustanciales para nosotros. Cada uno viviendo en su propia burbuja. La mía ahora esta compuesta de un bebé chiquitito que me mira con ojos limpios, y al que se le escapan sonrisas sin saber lo que significan. Además de un husband que nos mima a los dos por igual, y al que un bebé en brazos hace todavía más atractivo, si cabe. Y yo me quedaría en esta burbuja para siempre, disfrutando de lo que más quiero, al margen del mundo real. Aunque sé que no puede ser, y que la vida real me exigirá que vuelva en unas pocas, muy pocas, semanas.

Me dijeron que tener hijos era muy duro, que dan muchas preocupaciones, y mucho trabajo. Que se pasa mucho sueño, y que ya nunca puedes volver a relajarte totalmente, siempre preocupado por ellos. Pero por alguna razón, a la mayoría se les olvida decirte que probablemente es lo mejor que te puede pasar en la vida. He pasado noches sin dormir por irme de fiesta. He pasado resacas horribles por un rato de diversión, y hasta he salido estando enferma. Pero puedo asegurar que nunca había pasado dolores, malestares y sueño con más gusto que ahora. Porque cuando llega un rato de calma, y esa cosa pequeña se duerme en tus brazos, y sonríe en sueños, o hace pucheros, te sale amor por las orejas. Y tu ya no quieres estar en ningún otro sitio del mundo si no es con él.

Y así, lectores míos, me he convertido en una madre ñoña más, que caga amor y vomita arcoíris cuando mira a su bebé. Y las 35 horas de parto, los fórceps y los puntos se quedan en un recuerdo lejano y borroso por el que volvería a pasar 100 veces si al final el premio es este precioso baby boy que es feliz comiendo y durmiendo en mis brazos.

Bienvenido al mundo, Gael.

Baby boy

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comentarios
  1. dagaherz dice:

    Soy el uno o el otro de esos dos que te siguen.
    Qué bonito!! qué alegría de noticias!!
    tener fecha para lo del Neicha, pero sobre todo, lo del pequeñajo. Además rezumas ternura por todos los costados que lo hace todo aún más bonito… bonito hasta el último parráfo… dónde me ha parecido leer Gael. Gael?!?!?! ese no era el gato malo de los pitufos??? O fue una zona bretona que os enamoró? Bueno, supongo que aún estáis a tiempo de cambiar de idea hasta el día del bautizo (broma, es un nombre bien chulo y poco visto, al menos por aquí; y más sonoro -y menos peludo- que Azrael).

    Muchas felicidades!!

  2. peioca dice:

    Enhorabuena!! Disfrutad a tope del peque !!!

  3. Diego dice:

    Se me han puesto los pelos de punta hermanita.
    Estoy deseando que llegue el mes que viene para achuchar a ese renacuajo.
    Con ganas de veros 😉
    Besos

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