Oda a la epidural

Publicado: 29 septiembre, 2014 en Consultorio de doctora Silvi, Locuras, Mi vida es así

Como todos sabéis, yo soy científica, y como tal aprecio enormemente los avances científicos que nos hacen la vida más sencilla. Pero hasta ahora no era capaz de apreciar en todo su esplendor lo maravillosos que son algunos de esos avances. Ni el frigorífico, ni la luz eléctrica, ni la rueda. El mejor invento del mundo es la epidural. Y con mucha ventaja.

Ya os comenté que mi parto (el de verdad) no fue un camino de rosas. 35 horas se dicen pronto. Si estás en un festival, medio borracho, se te pasan volando, cierto. Pero cuando estás en el hospital, con contracciones y una cabecita encajada en tu pelvis… pues como que la diversión no hace acto de presencia. Que ya podría, no le costaba nada a la jodía, pero no. Bueno, a lo que iba, que de esas 35, las primeras 12 horas tampoco es que fueran muy malas. Las contracciones eran más que llevaderas. Como unos calambres menstruales un poco más fuertes. Molestas sí, pero todas aquellas que hemos sufrido esos dolores una vez al mes, somos capaces hasta de hacer vida normal durante el proceso y sin que los hombres de nuestro entorno sean conscientes de ello. Pero como 12 horas después de haber roto aguas eso no avanzaba, sino que parecía que iba retrocediendo y las contracciones se distanciaban en lugar de aproximarse, pues me pusieron un gotero con oxitocina para hacerle saber a mi cuerpo que estaba de parto. Y ahí si que ya las contracciones empezaron a ser palabras mayores. Así que supliqué que me dieran drogas fuertes cual yonki con el síndrome de abstinencia. Una, que es así de delicada y lo de sufrir no lo lleva bien.

Un pinchacito bastante doloroso (pero nada comparado con las contracciones) después, me dieron un botón mágico y me dijeron que lo pulsara siempre que lo necesitara para incrementar la dosis de anestesia. Que no había problema por darme 4 dosis seguidas si me hacía falta, que tenía un límite de seguridad, así que podía pulsar sin miedo. Y me hicieron una mujer muy feliz. Unos minutos después ya estaba yo durmiendo tan tranquila e inconsciente de lo que pudiera estar sucediendo de cintura para abajo con mi cuerpo.

Un montón de horas y varios incrementos en oxitocina después (mi cuerpo seguía haciéndose el longuis), parecía que el dolor había superado el umbral de la epidural. Y no veas lo que dolía. Si no llego a tener anestesia creo que para ese momento ya me habría dado un jamacuco. Cuando pregunté si no tenían nada todavía más fuerte, me dijeron que es que había llegado la hora de empujar y en realidad no era dolor, sino presión. Estuve a punto de gritarles que si eso no era dolor que les iba yo a soltar un revés bien dado para que supieran lo que se siente con la presión de las narices. Por suerte no fue necesario, y con los cambios de postura parece que el dolor se dispersó un poco y al menos fue manejable (os recuerdo, con la epidural puesta). Y nada, a empujar se ha dicho. Que muchos no los sabréis (sobre todo los varones), pero ese empujar, es el mismo empujar que haces cuando estás estreñido, aunque lo que estás intentando sacar de tu cuerpo sea un poco más grande.

Y nada, que yo empujaba, pero el pequeño no parecía querer salir. Resulta que venía mirando hacia la salida, en lugar de tener la barbilla pegada al pecho como los niños normales. Que supongo que no se quería perder nada de lo que estaba pasando, ya que le estaban obligando a abandonar su mullido rincón. Y pasaron algunas horas más, en las que me iban moviendo cual ballena varada para ver si en distintas posturas el baby decidía dejar de mirar la luz al final del túnel. Pero no. Ha salido cabezota como su padre, y no había nada que hacer. Así que me dieron otras drogas aún más duras (yija!!) y lo sacaron a la fuerza. Por el camino me rompí un poco, y tuvieron que rehacerme, pero oye, que ni un cosquilleo sentí. Para que luego digan que las drogas son malas.

Y después de todo eso, me pregunto como hay gente tan loca como para rechazar la epidural y querer un parto totalmente natural. Elegir el dolor pudiendo no sentirlo… hay que ser masoquista. Pero oye, que aquí todos tenemos nuestras locuras y cada uno las expresa a su manera. Así que si ellas quieren pasar ese dolor para sentirse mejor con ellas mismas y aumentar su autoestima, pues allá ellas. Lo respeto. Pero no lo compartiría ni en sueños, líbreme diosa. Que aquí a una lo de sufrir por sufrir no se le da nada bien, y de tonta no tengo un pelo, que para algo tengo un Nature 😉

Así que desde aquí os digo:

La epidural es buena, ¡que viva la epidural!

Yo embarazada

P.D. Sí, la de la foto soy yo.

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comentarios
  1. Anónimo dice:

    Vamos a por la niñaaaaa,un abrazo muy fuerte

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