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Me estás estresaaaaando

Publicado: 28 noviembre, 2014 en América, Locuras, Mi vida es así

 

 

Pues sí amigos (y desconocidos que osáis leer este blog mío), estoy estresada. Esto de volver a la vida laboral tan solo 8 semanas después de dar a luz (y debería dar gracias que no hayan sido 6), y tener solo otras 5 semanas para terminar todos los experimentos para otro artículo, además de ordenar, congelar, escribir… todo lo que no había hecho antes con la excusa de la gigantesca barriga que me caracterizaba unos pocos meses atrás (sin olvidar mi pereza y desorganización innatas), pues como que me ha hecho ir con un cohete en el culo. Con sus pausas para sacarme leche, eso sí, que al primogénito hay que alimentarlo bien, pero corriendo el resto del tiempo. Y a todo eso súmale que hay que vender todos los muebles y el coche, buscar a alguien que se quede con nuestro apartamento, cancelar los contratos de teléfono, luz e internet, e intentar meter casi 3 años de nuestra vida en un par de maletas, que se dice pronto.

Porque por fin ha llegado el día, señores. Nos piramos. Esta familia se aleja de la vida consumista (no sin antes recrearse en el Cyber Monday, por supuesto) para dedicarse a la vida contemplativa y dar envidia desde el Caribe. Bueno, contemplativa contemplativa tampoco será, que a una le toca empezar a trabajar a principios de Enero, aunque espero que en comparación con el ritmo que he llevado aquí, en lugar de trabajo me parezca un paseo por el campus. Y unas buenas Navidades al sol no nos las quita nadie, que ya va tocando un poco de relax. Aunque tampoco va a ser todo caipiriñas y bachata, que hay que encontrar un apartamento, comprarse otro coche y otra cuna… volver a organizarse la vida y la rutina. Además, en teoría debería aprovechar esas pocas semanas de vacaciones que he tenido a bien organizarme para escribir ese nuevo artículo, pues en cuanto empiece a dar clase voy a tener poco tiempo libre. Pero es que después de tanto correr, apetece dedicarse un tiempo a admirar como hace gorgoritos el pequeño. Porque todas las prisas se te pasan en cuanto empieza a reírse y decirte ‘aguuuuguuuu’. Ni la reunión más importante del mundo conseguiría que me perdiera ese momento de alegría pura e inocente.

Y siempre consuela que todo este esfuerzo para empezar de cero, además de para huir de este país de locos, es para tener más tiempo libre y vivir más relajada para poder disfrutar a este nuestro heredero. Porque a pesar de la carencia de sueño, del agotamiento acumulado, de la ropa llena de vómito de bebé y la falta de tiempo libre, se disfruta. Y mucho. Con una sonrisa desdentada te hace olvidarte del estrés, el dolor de espalda y todos los problemas, que espero sean muchos menos una vez nos adaptemos a la ‘slow life’. Aunque no creo que tenga yo mucho problema con eso, porque no estoy diseñada para este ritmo de vida tan ocupado. Mi cuerpo y mente necesitan de sus ratitos tirada en el sofá y/o cama pensando en las musarañas. Eso de dedicar mi tiempo libre a leer artículos científicos o diseñar experimentos siempre me ha parecido contraproducente. ¿Cómo pretenden que rinda luego en la jornada laboral normal si no he podido desconectar durante las horas libres? Que yo eso de estar 8 horas seguidas (por lo menos) pensando en experimentos, genes, mutaciones… ya me parece imposible sin tomarme mis descansos para mirar las redes sociales y cotillear las últimas novedades, o leer noticias tontas o tener conversaciones intrascendentes con mis compañeras de laboratorio. Y más ahora que ya apenas puedo pensar en las musarañas porque tengo que pensar en si quedan suficientes pañales, a que hora le tengo que dar de mamar o si me he acordado de lavar las sábanas de su cuna. Con lo que me gustaba a mi dejar la mente vagar sin sentido, o pasarme horas y horas leyendo. Se me ha acabado la buena vida. Bueno, se me acabó al venir a los EEUU, para qué mentir. Pero todavía había retazos y resurgires de vez en cuando, cosa que ahora va a estar difícil. Creo que voy a ir mirando apartamentos grandes para que los abuelos se vengan a pasar temporadas largas. Pero no por mí, no, para que disfruten de su primer nieto, por supuesto 😉

Y ahora solo nos queda gritar a los cuatro vientos: ¡¡¡AHÍ OS QUEDÁIS PRINGADOS!!!

La vida da muchas vueltas. Y el mundo es un pañuelo. Y cuando el río suena agua lleva, pero este último no pinta nada en este post, era solo por rellenar.

Os voy a contar una de esas historias que sólo pasan muy de vez en cuando, y normalmente al conocido de algún amigo. Que parece que todos nuestros amigos tienen siempre los mismos conocidos, porque al final las historias son siempre las mismas. ¿Y si resulta que al final somos todos primos segundos y no lo sabemos?

Pinguinos Polo Norte_800Bueno, a lo que iba, que me despisto. Ya sabéis que yo me mudé al otro lado del charco hace más o menos año y medio (madremiamadremiamadremia como pasa el tiempo). Y desde que estoy aquí creo que he conocido a más españoles que estadounidenses… Porque somos una plaga y además nos agregamos cual pingüinos en invierno. Principalmente porque la gente de este país es una esaboría, como diríamos en mi tierra (y al parecer en Andalucía también). El caso es que yo no he ido en ningún momento a la caza y captura del español. Que yo ya tengo aprendido lo de que si no te relacionas con ellos, no aprendes su idioma. Pero tampoco es que se dejen relacionar demasiado, todo sea dicho. Así que acabamos siempre rodeados de españoles.

El caso es que hace casi un año me dio uno de esos caprichos transitorios que nos dan a las mujeres de vez en cuando (o a lo mejor solo a mi). Y yo necesitaba salir a bailar esa noche, como fuera. Así que busqué algún sitio en el que me pusieran salsa, y en el que no me fuera a morir del asco (al menos no mucho). Encontré un local (por llamarlo de alguna manera) en el pueblo de al lado, en el que hacían una minifiesta, con espectáculo y todo (vamos a dejarlo como espectáculo, que tampoco hay que ponerse muy quisquilloso). Nos colocamos cerca de la puerta, por si necesitábamos salir corriendo en algún momento, que con esta gente nunca se sabe. Bailamos un par de canciones o tres. Nos sentamos a reposar de los codazos y empujones. Y es entonces cuando veo a una cara familiar que viene directa a mi con el turbo puesto, atravesando el enjambre de bailarines (es por darle un poco de emoción, en realidad venía tan tranquila). Intento hacer funcionar mi cabeza a toda pastilla…, pero nunca me funciona. No sólo porque tengo mala memoria (pésima), es que encima soy incapaz de reconocer a alguien si me lo cambian de contexto (os podría contar muchas otras anécdotas muy entretenidas). Así que yo pongo mi sonrisa adorable como siempre, para que, si no respondo, piensen que soy lenta o algo, pero no que no los reconozco. Todo sea por no herir los sentimientos de los demás.

bebe-cara-graciosa

Y la muchacha me dice:
‘Eres Silvia, ¿no? Qué fuerte qué fuerte, ¿que estás haciendo aquí?’ (O algo parecido, no me pidáis que lo recuerde al pie de la letra después de un año).

La sorpresa me la llevé porque todo eso me lo dijo en español. A veces me meto tanto en el papel americano, que cuando me hablan en español no me doy cuenta de que es español y no reacciono, pero esa vez sí. Se me puso cara de… ¿ein? Como la de la foto más o menos…

‘Que sí mujer, de Murcia, ¡de la carrera!’

En ese momento mi cerebro hizo ‘clic’ y pude relacionar a las dos personas. Lo que por supuesto no ayudó a que mi expresión de extrema sorpresa cambiara. Imagina encontrarte en un antro minúsculo de un pueblo perdido de la mano de dios, en un continente diferente, 7 años después, a una compañera de carrera. Pues sí, impacta. De ahí lo de que el mundo sea un pañuelo.

Resulta que se había venido un poco a la aventura con su pareja, casi unos 5 años atrás. Y los dos encontraron trabajo. Cosa que ahora parecería imposible, tal y como están con los visados. Y llevaba 4 años haciendo el doctorado en la universidad del pueblo de al lado. Porque EEUU es tan pequeño, que no teníamos más opción que acabar en pueblos vecinos.

Pero este verano, tras leer la tesis, han vuelto a España. Puede que se queden, puede que no. Pero lo que me ha hecho pensar (cosa rara en mi) es que cuando yo todavía me estoy adaptando, ellos ya han vuelto. Porque cada uno tiene su ritmo, y elige su momento. Y por eso la vida da muchas vueltas. Nunca sabes cuando te va a tocar a ti. Ni si te va a tocar. Ni si elegirás esa opción en caso de que te toque. Mi husband rechazó, hace como mil años (o 10, pero es para recordarle que se hace viejo…), una beca para venirse a EEUU durante un año. Y a pesar de no haber elegido la opción de aventura hace tiempo, la eligió el año pasado para venirse conmigo. Y puede que dentro de dos años acabemos en la Conchinchina, porque no veo que me estéis arreglando el país para que yo pueda volver.

Nunca se sabe dónde va a acabar uno. Y si lo sabes, ¿no te parece aburrido? Saber que tu vida va a ser exactamente igual, en el mismo sitio, con la misma gente, para siempre. Eso que llaman estabilidad, a mi me da agobio. Pero quizá sea porque todavía no he encontrado el sitio perfecto, con el trabajo perfecto. Y aunque sí tengo a la gente perfecta, necesito concretar mis otras variables para poder asentarme. Porque para siempre es mucho tiempo. Y aunque el tiempo pasa volando, mi inquietud y desasosiego también llegan rápido. Echadle la culpa a mi padre, que nos enseñó que puedes encontrar un hogar y nuevos amigos allá donde vayas. Aunque eso último era mucho más fácil a los diez años cuando solo tenías que preguntar: ¿juegas?

La playa y yo

Publicado: 16 agosto, 2013 en América, Friends forever, Mi vida es así
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Uno de los sitios en los que más disfruto en esta vida, es la playa. Me gusta la playa. Me encanta. Me gusta pasear en invierno, y tomar el sol en primavera. Pero por supuesto, no se me ocurre nada mejor en verano que pasar el día nadando en el mar y tumbada en la arena. Leyendo a la sombra, con la brisa y el sonido de las olas. Incluso con los gritos de los niños jugando. De hecho, no me puedo imaginar la vida lejos de una. Y eso que llevo año y medio viviendo a más de dos horas de la más cercana y apenas la he pisado. Porque para mí eso no es playa ni es nada. Con el agua fría, y con viento. ¿Dónde se ha visto eso? Ya no se hacen playas como las de antes…

Sí, la piscina también me gusta, y mucho. Me puedo pasar horas dentro del agua. Pero es como la segunda opción, el plan B. Está ahí siempre, tan cerquita que la usas por gandulería, para quitarte la arena y la sal después de pasar el día en el mar, o los domingos, cuando hay tanta gente en la playa que no hay ni un hueco donde dejar la toalla. Y si eres afortunado y encuentras uno, te llenan todo de arena en cuanto te despistes. Esos días se elige el plan B.

100_4615El caso es que he vivido casi toda mi vida al lado del Mediterráneo (y no es por dar envidia…). Hasta cuando vivía lejos de él, volvíamos todos los veranos. Así que mi verano está asociado a la playa. Si no hay playa, no hay verano y, por ende, ni vacaciones. Y este es mi segundo verano sin playa. Así que ya os podéis imaginar como estoy. Que un día de estos me vengo a trabajar con un bazuca y les explico tranquila y pacíficamente el concepto de “Agosto” a esta gente. ¿Desde cuándo Agosto es un mes como otro cualquiera? ¿Es que no saben que las tiendas, los servicios públicos, las universidades, las conserjerías… ¡hasta los bares!, cierran? Pues no, aquí no se han dado cuenta. Para ellos Agosto es lo que para nosotros Septiembre. La vuelta al cole. Pero sin haber tenido vacaciones primero, que jode más. Con lo que me fastidiaba a mi antes eso de no poder hacer ningún trámite durante todo el mes, porque ninguna oficina se dignaba a trabajar. Y ahora… lo que daría yo porque me dejaran tranquila.

Y en esas estamos. Que ya he empezado a sacar la ropa de invierno sin haber llegado a usar la de verano. Tantos vestidos preciosos que me compré cuando descubrí esa fantástica tienda en la que parece que los regalan… Y todavía tengo 4 o 5 con las etiquetas puestas. Ahora entiendo porqué están tan baratos. Nadie los compra porque no da tiempo a ponérselos. El verano pasado al menos hizo calor, que este ni eso, pero tampoco me dio tiempo a ponérmelos todos, por esa manía tan graciosa que tienen de poner el aire acondicionado a toda leche en todas partes. Porque sí, sales tú monísima con tu minivestido fresquito de verano. Caminas 20 segundos al sol hasta llegar al coche/autobús agradeciendo esas prendas tan veraniegas. Pero en cuanto entras por la puerta de …….(insértese aquí cualquier sitio que puedas imaginar, ya sea autobús, tienda, restaurante, hospital, oficina…) maldices lo monos que son los vestidos y tu manía de lucir piernas en verano. Que los jerséis de cuello vuelto nunca pasan de moda. Así que con vaqueros, chaqueta y deportivas (para evitar la pérdida de algún dedo por hipotermia, que les tengo cariño) me dedico a mirar por la ventana y soñar despierta. Aunque lo de soñar despierta tampoco es que me haga mucha falta. Solo tengo que abrir el Facebook o el wassap o cualquier otro medio de comunicación virtual, para ver a tod@s mis ex-amig@os luciendo moreno y bikini en la playa (me acabo de imaginar a uno de mis amigos con bikini…). Con ese helado de chocolate o cervecita fresca. Y eso que odio la cerveza, pero en ese momento me la bebería con gusto…

Creo que empiezo a entender a toda esa gente que dice que odia el calor. ¡Lo que les pasa es que no tienen playa! O si la tienen, no la saben disfrutar. Porque ya puede hacer 40º en la calle, que si yo puedo estar haciendo el muerto en el agua, poco me importa. Lo que no sé es lo que me toca odiar a mí ahora. Porque el calor me gusta, pero sin poder disfrutarlo en condiciones pierde mucho. Pero es que odio todavía más que no haga calor. Que este verano se me está pasando sin darme cuenta. Me han robado el verano. Voy a ver si los puedo denunciar por daños psicológicos y por hurto. ¿Algún abogado en la sala?

 

P.D. Sí, las piernas de la foto son mías, y las tres marías del fondo son tres de mis más mejores amigas para toda la vida 🙂

Sí, soy muy cruel, lo sé. Os he tenido abandonados casi un mes. No hay excusa que justifique tal ausencia. Aunque teniendo en cuenta que la mayoría ni se habrá dado cuenta, considero que el castigo tampoco debe ser demasiado duro. Con dejarme sin comer chocolate unas cuantas horas creo que ya habré cumplido.

Aunque haya dicho que no hay excusa válida, el hecho de haber estado de vacaciones 2 semanas sirve de atenuante, ¿no? Porque sí señores, después de un año y cuatro meses y medio (aunque, ¿quién lo cuenta?), he tenido a bien dejarme caer por la península para saludar a mis congéneres. Por supuesto que no me ha dado tiempo a hacer todo lo que quería hacer, ni ver a toda la gente que me hubiera gustado ver. Y mucho menos pasar el tiempo que hubiera deseado con los que sí he podido visitar. Pero al menos lo he intentado.
And last but not least… ¡he tenido vacaciones! Aunque haya tenido que luchar contra mi mente al menos dos o tres veces al día, esforzándome por no pensar en el trabajo. Unos días lo conseguía, otros no. Quizás con un par mas de semanas lo hubiera conseguido al 100%, pero tampoco se le puede pedir peras al olmo, o más vacaciones de las estipuladas a mi jefe.

El caso es que, después de tanto tiempo, volver a casa es una sensación extraña. Porque ya no sabes si estás volviendo a casa, o saliendo de ella. Por desgracia tuve que dejarme a mi consorte trabajando en Yankilandia, así que cuando me subí al avión y en la pantalla mostraron el mapa del recorrido que íbamos a hacer, no sabía decir cual de los dos extremos era más ‘casa’ que el otro. A un lado la familia y los amigos a los que no veía desde hacía más de un año. Esos lugares donde pasé muchos momentos de mi vida (viviendo, estudiando, trabajando, disfrutando), algunos siguen igual, otros han cambiado. Al otro, mi loving husband y mi rutina, mi trabajo y mis cosas. Los sitios que ahora considero habituales. Mi día a día.

He llegado ya a ese punto en el que no pertenezco a ninguno de los dos extremos, y a la vez formo parte de ambos. Porque mi gente sigue ahí, igual que cuando me fui (más o menos), pero han seguido con sus vidas. Y aunque lo dejan todo por verme y disfrutarme el poco tiempo que puedan, sus vidas continuarán cuando me vaya, y yo no estaré incluida en ellas (sin contar wassaps y demás genialidades de la tecnología actual). Matrimonios, hijos, trabajo, amigos. Todo un mundo de situaciones y vivencias en las que yo no estaré presente.

Y al otro lado del charco, yo hago mi vida en este extraño país en el que ni siquiera me consideran inmigrante, sino un trabajador temporal de visita. Tengo una rutina, voy a trabajar, voy a hacer la compra, recorro las calles (pocas) y los parques naturales (muchos). Pero en realidad no puedo considerar que pertenezca a este lugar de locos. Los americanos no se relacionan entre ellos, ¿cómo pedirles entonces que se relacionen con nosotros? Aunque me haya acostumbrado a algunas de sus rarezas, e incluso aplique las menos descabelladas a mi propia forma de vida, no soy uno de ellos. Yo no tengo un arsenal en mi armario, ni conduzco un Cañonero. No veo bien que Obama tenga derecho a escuchar mis conversaciones privadas. No entiendo que les guste trabajar 10 horas diarias o que un soleado sábado por la mañana las calles y jardines estén desiertos pero no se pueda ni aparcar en el centro comercial. No comparto su patriotismo ni su ansia por acumular dinero. No concibo un país en el que los menos privilegiados no tengan derecho a ir al médico y puedan morir de pulmonía por no curarse un simple resfriado. No formo parte de este país, pero es aquí donde vivo. Y tampoco se está tan mal, porque después de ver cómo están dejando España con esas políticas ‘anticrisis’ (eufemismo máximo)… casi mejor me quedo aquí un ratito más.

Welcome back!

Untitled

Ya sabéis que soy un desastre, así que no os sorprenderá que me haya olvidado de poner un link a todas mis colaboraciones 🙂

Creo que aquí están todas las que faltan, pero nunca se sabe. !Espero que os gusten!

Una docena de frases famosas sobre libros

Una docena de cosas que echo de menos de España

Una docena de razones por las que me apasiona la biología

Una docena de ventajas que tiene el estar casada vs soltera

1. Pasear por Central Park un día de sol, bailar al ritmo del break dance y perseguir al carrito de los helados

Central Park

2. Ver un tornado, pero mejor de lejos

3. Gritar !!!!ECOOOOO!!!! en el Gran Cañón

4. Bailar el Hula en Hawai, o mejor, hacer que Juan baile el Hula en Hawai, con faldita incluida

5. Visitar una plantación del sur y gritar al viento: ‘!A dios pongo por testigo…!’ con el puño en alto

6. Presentarme a Miss camiseta mojada en las cataratas del Niagara

7. Disparar un arma de fuego, de las de verdad. Juan se ha pedido un M40

8. Entrar en un bar de Jazz en Nueva Orleans y decirles que a mi me va más la salsa

9. Pedirme un batido de chocolate en una cantina del Wild West, vestida de vaquero (o al menos con el sombrero)

10. Recorrer la ruta 66 al menos 6 millas, y no atropellar a nadie encapuchado, ni recoger a ningún autoestopista, ni ayudar a ningún camionero, ni visitar ningún museo de cera o motel que no aparezca en las guías, …

11. Ver a algún famoso en LA, y a lo mejor hasta perseguirlo un rato, sobre todo si va sin maquillar

Times Square

12. Ir a una misa Gospel y desafinar como un japonés borracho en un karaoke

13. Conducir una Harley (o al menos sentarme en una) y no caerme. Lo de la chupa de cuero es opcional

14. Pasear por Times Square de noche y quejarme de si es que la gente no tiene casa

15. Sacarme una foto delante de la Casa Blanca, sonriendo a las miles de cámaras de seguridad con cara de buena

16. Visitar el parque y la cataratas de Yosemite e incluso puede que, con suerte, si hace bueno y dependiendo de la fase lunar, subir hasta el pico del Capitán (y mi husband quedarse con las ganas de escalar).

17. Cenar en el restaurante giratorio de Seattle sin marearnos, y acercarnos a los hospitales a decirles que trabajando menos se vive mejor

18.Ir a la montaña a ver el cambio de color en otoño, e intentar escaquearme sin éxito de hacer senderismo (!!!7 millas!!!)

19. Ver ballenas en Alaska y gritar ‘!liberad a Willy!’

20. Visitar un pueblo fantasma y susurrar todo el rato ‘schi schi schi kah kah kah’

21. Cruzar el Golden Gate de San Francisco, puede que a pie, ya si eso…

22. Comer en un bar de carretera típico, y pedirme un batido de fresa y un trozo de tarta

23. Visitar Alcatraz y gritar ‘!Dejadme salir, soy inocente!’ cuando nos encierren en las celdas

24. Atravesar un desierto en coche (de Las Vegas a LA) y sacarnos una foto con la camiseta atada a la cabeza, la lengua fuera y arrastrando los pies mientras susurramos: ‘agua….’

25. Ver un aburrido partido de futbol americano y comernos un perrito caliente. Quejarnos de que las animadoras de las pelis están más buenas

26. Ir al Monte Rushmore y sacarme una foto besando a uno de los presidentes

27. Visitar al menos una de las Universidades de la Ivy Leage y darme cuenta de lo pijos que son todos los estudiantes. Evitar al hijo de Ana Obregón, por si acaso

28. Sacarme una foto con la estatua de la libertad mientras busco a la ‘Fringe Division’

Liberty Island

29. Escuchar un concierto de country, e intentar bailarlo, con sombrero incluido

30. Ver un partido, aún más aburrido, de baseball y comernos otro perrito caliente

31. Apostar un dólar en un casino de Las Vegas y sacarnos una foto con Elvis

32. Visitar a los Amish y preguntarles si puedo probarme ese vestido tan sugerente (o a lo mejor no, por si acaso)

33. Pedir caramelos de puerta en puerta en Halloween… o mejor traérmelos de España, que están más buenos

34. Recorrer la California’s Pacific Coast Highway en un cadillac descapotable y con un pañuelo en el pelo

35. Ver un musical de Broadway y enterarme de lo que dicen (más o menos)

36. Vestirme de princesa en Disneyland, o al menos sacarme una foto con una

37. Subir al Empire State, o al Rockefeller en su defecto y ver anochecer en Nueva York desde las alturas

NY

38. Bañarme en las playas de Puerto Rico, a vuestra salud

Yo iba a escribir otro post para contaros lo locos que están en este país. Para meterme un poco con sus idas de pinza. Pero he pensado que ya llevo una racha muy larga de quejarme sin parar. Están locos, pero tampoco son tan malos. Tienen sus cosas, como todos. Pero ya vale de quejarme, que parece que no me gusta estar aquí, y eso tampoco es.

Y es que señores… ¡ha llegado el verano y estoy de buen humor! Sí, no habéis leído mal, he dicho verano, no primavera. Porque estamos a unos 30 grados de máxima toda la semana. Eso en mi tierra se llama verano. Bueno, en realidad no, porque vengo de Murcia, y en Murcia te puede hacer 30 grados en Noviembre o en Febrero. Y no por ello lo llamamos verano. Pero vosotros me entendéis. La semana pasada la temperatura máxima era de 12 grados. Esta semana la mínima es de 14. Y es que ya os he contado que aquí el tiempo también está loco. ¡Y esta vez se ha vuelto loco a mi favor! Por fin hace sol, y calor. Por fin puedo salir del trabajo e irme a dar un paseo en manga corta, en lugar de llevar abrigo, bufanda y guantes y pasarme todo el rato maldiciendo y despotricando por el frío y deseando llegar a mi sofá para esconderme debajo de la manta y no levantarme hasta que salga el sol.

A pesar de que el martes tengo que dar yo el ‘lab meeting’… again. A pesar de llevar toda la semana y parte del finde trabajando a contrareloj para tener algo que enseñar en el seminario, porque 3 meses en ciencia pueden dar para un año de resultados… o puedes contar en menos de 5 minutos todo lo que te ha salido bien. Porque los resultados negativos y los experimentos fallidos son necesarios, pero no quedan bien en una presentación. A pesar de todo eso, esta semana estoy de buen humor.

A pesar de la crisis, y de ver cada día en mi muro del Facebook una lista con los nuevos recortes y los nuevos ultrajes que la clase política acomete contra el pueblo. A pesar de que leer los periódicos ya no significa estar informado (lo que no implica que yo leyera los periódicos antes de la crisis, ni mucho menos). A pesar de que cada día veo más difícil eso de volver, esta semana estoy de buen humor.

A pesar de que estos americanos están muy locos, y para arreglar el problema de armas que tienen… obliguen a todos los ciudadanos a tener al menos una pistola en su casa para protegerse contra los ataques armados. Porque no hay dinero para pagar el médico, así que los enfermos mentales están en la calle, malviviendo e intentando no morir en el intento. A pesar de todo eso, esta semana estoy de buen humor.

I'm happyPorque ya puedo sacar los vestidos de verano, y las sandalias. Y puedo pasearme al sol por los jardines llenos de flores, y parame en la terraza a tomarme un helado (aunque sea del macdonalds, que heladerías por aquí hay pocas). Ya puedo irme el fin de semana a la playa, aunque no pueda meter más que los pies en el agua, porque una está muy malcriada, y todo lo que sea más frío que el mediterráneo en julio… es como meterse en un lago congelado.

Porque mi voluble estado de ánimo tiende a quedarse en el lado feliz cuando veo el sol. Porque ha sido tan largo el invierno que me acechaba ya una depresión de esas que no tenía desde que superé la edad del pavo.

Porque el mundo es genial, y mi trabajo es entretenido, y esto está precioso cuando hace calor, y me voy a ir de vacaciones a España un par de semanas en Junio.

Y sí, los problemas siguen ahí, y no tienen pinta de mejorar. Pero ahora llevo gafas de sol y ya no los veo tan brillantes. Porque en realidad la alegría y el buen humor no es por falta de problemas, o porque tu vida sea perfecta. Es porque has decidido que tienes más motivos para estar feliz que para ponerte triste. O simplemente porque has descubierto que estando triste tus problemas no se arreglan más rápido, así que mejor estar alegre, que es mejor para la salud.

Por todo eso y mucho más, esta semana estoy de buen humor.

El otro día leí una noticia en un periódico (no recuerdo cuál) sobre un neurocirujano muy famoso, Dr. Alfredo Quiñones-Hinojosa.

El tío, pasó de ser un inmigrante ilegal, a ser uno de los médicos más reconocidos en su campo en EEUU. El artículo exaltaba sus logros, los montones de premios y proyectos que ha recibido, la enorme cantidad de artículos que publica anualmente. Contaban cómo un muchacho mejicano que cruza la frontera indocumentado con 18 años, puede acabar siendo alguien tan importante y reconocido.
Lo plasmaban como el ejemplo de sueño americano. En este país, si trabajas duro, puedes llegar a conseguir tu sueño.
Precioso.

Luego fui bajando… y en los comentarios me enlazaron a este otro artículo publicado en Nature, en el que cuentan que dicho neurocirujano, y todos aquellos que trabajan en su laboratorio… no tienen vida más allá del trabajo. Ya decía yo que me fallaban los cálculos. Trabajan 18-20 horas al día (espero que siendo neurocirujano se eche la siesta de vez en cuando antes de operar), trabajan en vacaciones, los fines de semana, ¡en Navidad! Habrá que ver quien les lava la ropa y les limpia la casa… En el artículo el Dr. Quiñones (también llamado Dr. Q) reconoce que no ha sido buen padre (¿en serio? ¿tú crees? A mí me sorprende hasta que tenga mujer e hijos), pero que está intentando corregirlo llevando a sus hijos en coche a la piscina (¡!), mientras llama por teléfono a sus investigadores… Con eso compensa por lo menos los cumpleaños, ¿no? Pues me da mucha pena, la verdad, pobres críos y pobre mujer. Pero… ¿¿en serio serán hijos suyos?? Porque si pasa en casa una media de 4 horas al día, y sólo para dormir… Yo miraría sospechosamente al vecino a ver si se parece a los niños.

The 24/7 lab

El caso es que me puse a pensar en la vida tan triste que lleva esa gente. En lo infelices que deben ser y en cómo yo no quiero (ni puedo) ser así. Y pensando, pensando… empezó a dolerme la cabeza de tanto pensar, así que me tomé un descanso. Pero llegué a la conclusión de que probablemente ellos no opinaran lo mismo. El Dr. Q (parece el nombre del malo de la peli) contaba su experiencia con todo el orgullo del mundo en la entrevista. Sentía que su vida había merecido la pena. Había salvado vidas, avanzado muchísimo en la investigación contra el cáncer… Y todos los que trabajan para él penaban lo mismo (deberíamos preguntar a los hijos). Todos sabían dónde se metían antes de entrar, y lo eligieron libremente. Con un par. Y yo supongo que la mujer del susodicho doctor también sabría lo que le esperaba antes de tener hijos con él (probablemente necesitaba un visado). Así que, ¿quién soy yo para opinar sobre su vida? Es su elección. Tengo que aceptar que son felices así, que les gusta y disfrutan de esa manera. Porque si no, no tendría ningún sentido que trabajaran tantas horas. Nadie les obliga y no les pagan las horas extras (en investigación eso no existe). A los que no pudieron soportar el ritmo, el jefe les ayudó a encontrar otro trabajo. No son esclavos, lo hacen por voluntad propia. O por adicción. O por locura no transitoria. O por que sus padres no les querían.

Cada uno es feliz como puede, y oye, si ellos están contentos con su vida… ¿para qué me voy yo a preocupar? Bastante tengo con lo mío. Es como cuando veo Anatomía de Grey y me paso todo el capítulo preguntándome dónde se han dejado a los hijos (¡true story!). Porque se les ve trabajando día y noche, pero por mucho que sea un hospital genial y privado… las guarderías no abren 24 horas (las cuidadoras no son tan pringadas). Pobres niños que van a crear más lazos con las niñeras que con los padres. De ahí que haya en este país tanto trauma y tanta carencia afectiva. Y luego se preguntan por qué a la gente le da por pegar tiros a los demás.

Pero bueno, es su forma de vida, y por mucho que yo les explique que hay algo mejor, no me hacen caso, así que mejor me voy a pasear al sol y a disfrutar, que es sábado. Que cada uno haga con su vida lo que quiera, que yo voy a hacer lo mismo con la mía. ¡A disfrutar que son dos días!

Laboratorio

Revolución industrial

Ya os he comentado que últimamente trabajo mucho. No digo que parezco una china, porque el chino trabaja una panzá más que yo (que he llegado a preguntar si duerme en el laboratorio y todo), pero me acerco. Bueno, en realidad no, porque soy española y eso de escaparme del curro cuando no miran, o desaparecer una hora para ir a comer, se me da muy bien, lo llevamos en los genes. El caso es que me paso el día corriendo para terminar todo lo que tengo que hacer, y aún así, si fuera por mi jefe, tendría que seguir trabajando al llegar a casa.

Lo sé, os estáis preguntando que si en lugar de parar una hora para comer, le dedicara 20 min como el resto de los flipaos estos, no tendría que correr tanto. Pues os equivocáis. Al final corro lo mismo, o incluso más. Tengo el don de perder el tiempo sin darme cuenta, y cuando tengo todo el día para hacer pocas cosas se me olvida lo poco que tenía que hacer mientras miro a las musarañas, y me toca apretar el botón del turbo a última hora. Una, que tiene una vida interior muy rica y se despista con una mosca.

stress and sleepEl caso es que casi siempre me paso el día corriendo para hacer todos los experimentos que puedo, y acabo muerta. Aunque a las 7 de la tarde esté en casa, ya no soy persona para hacer nada útil (bueno, el resto del día tampoco es que haga mucho de utilidad…). Aquí es cuando mi jefe espera que escriba el artículo, o haga imágenes con el photoshó, o me lea artículos interesantísimos y densísimos que me ha ido enviando, o que la ilusa de mí ha ido buscando un día de esos de aburrimiento. Y yo lo intento, de verdad que lo intento. Todos los días paseo esos artículos del laboratorio a casa, y de casa al laboratorio. La de mundo que han visto, que algunos se han venido conmigo a Charlotte, o Kill Devil Hills. Pero se me van acumulando. Y mi jefe me manda emails los domingos a las 7 de la mañana preguntando por esa figura que le tenía que haber entregado el día anterior. Yo prometo que me pongo enseguida (a eso de la 1 del mediodía, cuando me levanto y veo su email), pero llega el lunes, y Silvia ni siquiera ha abierto el photoshó de las narices. Y así van pasando las semanas y yo ni me doy cuenta.

En uno de los libros que me acabo de leer (ya os he dicho que me leo toda la basura que encuentro mientras sea entretenida), uno de los protas no trabaja, porque vive de los derechos de autor de una canción que escribió su padre (os sonará de la peli de Un niño grande, en la que Hugh Grant hace su papel preferido, el de pánfilo). Y el tío se pregunta como hace el resto del mundo para trabajar las 8 horas, yAbout a boy todavía tener tiempo para hacer el resto de cosas, como vivir. Y yo contesto… pues no lo hacemos, no nos las arreglamos. Lo de vivir lo dejamos para el fin de semana. Qué triste.

Y me da por pensar que yo en Murcia tenía vida entre semana (si es que como me pasé un tiempo en paro antes de venir, pues me cuesta recordar la mala vida de trabajadora). Pero tampoco es cierto, sólo al principio de la tesis, que me iba a bailar salsa los jueves. Pero me vi obligada a suspender esas noches de jolgorio, porque llegar el viernes medio dormida y estropear el experimento en el que has estado trabajando toda la semana… pues es un poco contraproducente, la verdad. Pero si es cierto que antes no tenía la sensación de no tener vida durante la semana (al menos no tan acusada). Y tras mucho pensar, que una ya no tiene fuerzas ni para eso, me he dado cuenta del porqué. Yo, antes, tenía vida mientras trabajaba. Tenía conversaciones con mis compañeros de laboratorio, y muchas risas (a eso de las 4-4:30 de la tarde era hora de la conversación sin sentido de todos los días). Parábamos para desayunar todos juntos. De vez en cuando hasta quedaba para comer con mis amigas en el centro comercial, y me iba de tiendas y volvía una hora tarde al trabajo (luego la recuperaba, ¡mal pensaos!). O me iba a casa de mis padres a comer y teníamos conversaciones intrascendentes (- Silvia, ya tienes edad de aprender a cocinar, ¿no crees?. – Claro mamá, mañana me pongo, ya si eso).

Ahora no tengo ninguna de esas cosas. Porque aquí la gente no habla, solo trabaja. Porque escaparme para ir a tomar un café supondría una hora de mi tiempo que no puedo permitirme. Bastante culpable ya me siento por cogerme una hora para comer con mi cocinero particular, aprovechando ahora que no tiene trabajo. Y es que aquí la gente ve con buenos ojos el que no tengas vida. Si trabajas muchas horas es porque eres un máquina, un ser digno de imitar. Te estás labrando un buen futuro. Aunque luego siguen trabajando las mismas horas, así que no sé para qué quieren un futuro si lo van a malgastar trabajando.

Mi madre decía que yo había nacido para ser rica, porque me gustaba mucho comprar. Pero no, yo he nacido para ser rica, porque los ricos no tienen que trabajar.

Rich people

The weather

Publicado: 7 febrero, 2013 en América, Mi vida es así
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Tengo un problema. Y no hablo de mi adicción al chocolate, que eso ya lo sabéis, y lo tengo asumido. Hablo del tiempo. Me han convertido en una obsesiva compulsiva del clima. Soy capaz de mirar el pronóstico 6 veces al día. En tres páginas web distintas. Y eso de media (ya ni os cuento cuando hay tormenta, o cuando tenemos alerta por ¡¡¡tornado!!!).

The weather is crazyY no es que me haya vuelto loca, que eso ya lo traía yo de serie. Es porque el que está loco aquí, es el tiempo. No tiene ni pies ni cabeza.

Yo estaba acostumbrada a mirar por la ventana:

Si hacía sol, iba a hacer calor.

Si estaba nublado o llovía (unos tres días al año), iba a hacer más frío.

Dependiendo de la época del año, y la temperatura del día anterior, me podía vestir con un 99% de probabilidades de acertar y no pasar ni frío ni calor (hasta que entrabas en el corte inglés y te ponían la temperatura extrema, opuesta a la del exterior). Bendita Murcia y su verano de 9 meses.

Cuando me ofrecieron venir a North Carolina, lo primero que miré fue el frío que iba a hacer (hey, que puedo decir, cada uno es friki a su manera). En la Wikipedia me aseguraron que la media de Julio y Agosto estaba entre 20-30 grados, y la de Enero y Febrero, de 10 a -2. Inocente de mí, pensé que eso significaba que el verano sería light y que en invierno haría frío, pero tampoco demasiado extremo, nada que no se arreglara con un buen abrigo. Teniendo en cuenta que para mí todo lo que baje de 15 grados ya es frío, pues podría haber sido peor. La aplicación del tiempo del iPhone  me dice  la temperatura que hace en Nueva York, Washington, Murcia, Alicante, Madrid, Wilmington, Charlotte y Durham (ya os he dicho que era obsesiva compulsiva), y os lo aseguro, podría haber sido mucho peor. Normalmente estamos mejor que los de Madrid.

Pero resulta que lo del invierno aquí no lo tienen bien definido. Esa media de 10 grados durante el día, significa que lo mismo un día llueven chuzos de punta mientras salimos a la calle de camiseta, a unos 24 grados, que dos días después hace un sol radiante y te tienes que poner hasta orejeras porque la máxima es de -1 (¡¡la máxima!!). ¿En qué mundo al revés es lógico que la temperatura de la noche sea 8 grados más alta que la del día siguiente a mediodía? El dolor que me da por las mañanas cuando me despierto, cojo el móvil con un solo ojo abierto, y miro la temperatura que hace para vestirme en consecuencia. Veo unos 7 grados, me da una alegría (una ya se alegra por tonterías), pero se me ocurre mirar la máxima de mediodía… y veo un 0…

¡Así no se puede!

Al menos en verano eso no pasa. Hace calor prácticamente todo el tiempo. Genial, ¿no? Si no fuera porque la humedad es de un 90%… todo el verano, pues sí, genial.

Pero oye, que no me gusta a mí quejarme, que esos días de 24 grados en pleno diciembre (aunque solo sean dos), te da esperanza porque piensas que la primavera está ya a la vuelta de la esquina. Pero en mi bolso siempre hay un gorro, una bufanda y los guantes, por si acaso.

Tengo frío!