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Hace un tiempo os conté que tanto mi familia como mi familia política habían empezado a leer mi blog (¿qué tal? ¿todos bien? ‘Insertar aquí una cara angelical’ 🙂 ). Eso me había provocado un pequeño receso en mi proceso creativo. Lo que implica que ahora suelo releer mis posts antes de darle a publicar, porque obviamente no es lo mismo escribir para completos desconocidos que para mis suegros (y eso que mis suegros son la mar de agradables 😉 ). Ya no puedo ir diciendo ‘cacaculopedopis’ tan libremente por las redes, porque todo se sabe. Y mi madre puede acabar comentando con mi suegra la barbaridad que su hija ha ido contando por aquí, que ella no me educó para esto. ¿Dónde han quedado los días de completo anonimato, cuando absolutamente nadie se molestaba en leer mis desvaríos varios?

Por fortuna no soy yo muy de avergonzarme ni de medir mucho mis palabras. No será la primera vez que un pensamiento ha escapado de mi cabeza sin filtro ninguno y me ha provocado algún que otro problemilla. Pero un blog tiene buena memoria y las palabras se quedan escritas. Y lo peor, que se pueden releer una y otra vez. Y mi madre podría echarme en cara aquel comentario que escribí en el 2010, porque no lo considera adecuado ni oportuno (suerte que mi madre no es así, loviu ma! :* ). Pero aunque no se note demasiado, ahora tengo en mente a toda esa gente a la hora de escribir, no se vayan a tomar mal alguna de mis barbaridades y me retiren la palabra o algo -insertar aquí otra cara angelical-. Y el proceso creativo se vuelve doblemente complejo. No solo tengo que intentar escribir algo gracioso y que merezca la pena perder un rato de nuestras ocupadas vidas en leerlo (cosa nada sencilla), sino que me veo obligada a evitar registros tan útiles como echarle siempre la culpa a la suegra de todo- insertar aquí cara doblemente angelical con ojos de gato con botas de Shrek-.

gato_shrek

El caso es que mi imperfectamente diseñado avatar, que tardé en fabricar un tiempo máximo de 5 minutazos, imaginando, con toda esta ingenuidad mía, que sería imposible rastrear mi verdadera identidad (o más bien, que nadie se molestaría en hacerlo), ha perdido totalmente su pretendida utilidad. Doctora Silvi ha salido de su escondite, o más bien me han echado a patadas. Mis recién estrenados alumnos han localizado, con pasmosa facilidad, mi blog. No es que estuviera escondido, ni mucho menos, pero había intentado mantenerlo al margen de mi buen nombre de científica responsable y trabajadora. Por disimular un poco. Porque con conocerme ya se sabe que de responsable y trabajadora tengo lo justo. Pero no solo han encontrado el blog, sino que encima se han leído estos desvaríos que tengo a bien plasmar en este mi rincón. Espero por su bien que se hayan quedado en los más recientes, que aunque la pinza se me va siempre bastante, un poco más contenida si he estado (¡gracias suegros!).

¿Con qué cara llego yo ahora a clase y les pido que me vean como a una figura de autoridad? ¿Cómo se respeta a alguien que ha escupido aquí todas sus intimidades sin ningún tipo de reparo? ¿Qué tipo de imagen puedo dar después de haber dicho ‘cacaculopedopis’? XD

Pues espero que me lo cuenten ellos, que son los que van a tener que hacerlo, porque si el hecho de que mi suegra me lea no me ha hecho sonrojarme, no creo que esto lo vaya a hacer. Faltaría más que a mi edad (22 años, por si os lo estáis preguntando… 🙂 ) intente corregirme y escribir de forma más políticamente correcta. Pero para la próxima vez ya sé que debería molestarme en crear un nombre falso un poco más trabajado que Doctora Silvi… Y sobre todo dejar de poner enlaces a sitios donde aparece mi verdadero nombre. La próxima vez que publique en Nature no os lo contaré XD

Eso sí, el nombre de Doctora Silvi me lo quedo, que así parece que mi doctorado sirve para algo más que para colgar el título de una pared… Eso el día que tenga un despacho, claro, mientras tanto guarda polvo en un cajón.

Así que bienvenidos, alumnos míos… Y con todo mi corazón os digo:

¡¡Dejad de leer tonterías en internet y dedicaos a estudiar!!

He dicho.

Vale, hace casi mes y medio, pero es que la vida de madre primeriza es muy caótica, durmiendo a deshoras y todo el día con las tetas al aire. Esto último no afecta mucho a mis capacidades literarias, pero el hecho de tener que dejar cualquier cosa que esté haciendo porque el primogénito tiene hambre, y tiene que comer aquí y ahora, sí que afecta. De hecho mi concentración ya no es lo que era, con lo que yo he sido, echada a perder por falta de sueño y por continuas interrupciones. En principio no debería necesitar mucho de mi concentración estando de baja maternal, ¿verdad?, pero como ya os he comentado muchas veces, las bajas americanas no son como las del resto del mundo… Así que algo me ha tocado pringar. Porque mi jefe se agobia si no avanza el proyecto, incluso si yo no estoy en el laboratorio. ¿¿8 semanas enteras sin tener ni un solo resultado?? Le da un jamacuco seguro, y yo no quiero ser la responsable de lo que queda de su salud mental.

Pero bueno, teniendo aquí a los recién estrenados abuelos, que cocinan y limpian (esto sobre todo la abuela) y babean constantemente sobre el nietecito, tengo bastante más tiempo libre del que yo me esperaba, lástima que se acabe pronto. Me despisto un segundo y el niño desaparece de mi vista secuestrado por su abuelo, dejándome una o dos horas de libertad hasta que el churumbel decide que ya es hora de alimentarse otra vez.

La verdad es que la mayoría de las veces malgasto ese tiempo libre mirando al infinito o a mi muro de Facebook, como esperando la aparición de la virgen o de una cámara que me diga que ha sido todo una broma y que voy a poder dormir la noche entera del tirón otra vez en breve. Creo que durante esos lapsus mis neuronas están en realidad dormidas. Se ve que el sueño fragmentado no les sienta muy bien. Con deciros que me está costando días escribir este post… A este paso lo acabo en diciembre.

Bueno, a lo que iba, ¿que hemos hecho durante todo este mes y pico? Si te digo la verdad… no tengo ni idea. Las horas pasan sin que me de cuenta. Cuando el retoño llora, siempre compruebo la hora de su última toma, por si acaso, y la mayoría de las veces me sorprendo porque han pasado ya 3 horas. Para los que no habéis sido padres, deciros que esto engaña mucho. Ya vas mentalizada a que los bebés comen cada 2-4 horas (más 2 que 4), pero lo que no te avisan es que esas 2 horas se cuentan desde que empieza la toma. Si tenemos en cuenta que algunas veces se pasa perfectamente 45 minutos o más pegado a sendos pechos… ya solo te queda hora y cuarto hasta la siguiente toma. La sensación es que se pasa el día comiendo… De ahí las lorzas que le están saliendo, que ya tiene hasta papada. Como dirían en mi tierra… bien hermoso que se está poniendo.

Pero lo que más me ha sorprendido de esto de convertirme en madre, es que no te sientes distinta, para nada. Yo me imaginaba que de repente te caía encima una losa de responsabilidad y un mundo de sabiduría. Pasas de ser una joven despreocupada y sin responsabilidades, a tener un ser humano pequeñito e indefenso a tu cargo. Eso debería marcar, ¿no? Pero en realidad tu sigues siendo la misma, solo que más cansada. Ni sabiduría suprema de madre (¿de dónde la sacarán?), ni madurez extrema e inmediata. Se te acaba el poder ver incluso un capítulo de serie completo sin interrupciones, se te acaba la libertad de entrar y salir cuando sea y a donde sea, se acaban la puntualidad y el descanso. Pero sigues siendo la misma joven de 20 años atrapada en un cuerpo de una adulta de 32, con los mismos caprichos y manías. Así que seguiré dando saltitos de alegría si alguien me regala chocolate, remoloneando en la cama por las mañanas y haciendo pucheros para conseguir lo que quiero. Pero ahora lo haré acompañada por un ser pequeñito que hará los pucheros mejor que yo.

Y es que resulta que convertirte en madre no te cambia, solo cambian tus circunstancias.

Bebe durmiendo2

Como todos sabéis, yo soy científica, y como tal aprecio enormemente los avances científicos que nos hacen la vida más sencilla. Pero hasta ahora no era capaz de apreciar en todo su esplendor lo maravillosos que son algunos de esos avances. Ni el frigorífico, ni la luz eléctrica, ni la rueda. El mejor invento del mundo es la epidural. Y con mucha ventaja.

Ya os comenté que mi parto (el de verdad) no fue un camino de rosas. 35 horas se dicen pronto. Si estás en un festival, medio borracho, se te pasan volando, cierto. Pero cuando estás en el hospital, con contracciones y una cabecita encajada en tu pelvis… pues como que la diversión no hace acto de presencia. Que ya podría, no le costaba nada a la jodía, pero no. Bueno, a lo que iba, que de esas 35, las primeras 12 horas tampoco es que fueran muy malas. Las contracciones eran más que llevaderas. Como unos calambres menstruales un poco más fuertes. Molestas sí, pero todas aquellas que hemos sufrido esos dolores una vez al mes, somos capaces hasta de hacer vida normal durante el proceso y sin que los hombres de nuestro entorno sean conscientes de ello. Pero como 12 horas después de haber roto aguas eso no avanzaba, sino que parecía que iba retrocediendo y las contracciones se distanciaban en lugar de aproximarse, pues me pusieron un gotero con oxitocina para hacerle saber a mi cuerpo que estaba de parto. Y ahí si que ya las contracciones empezaron a ser palabras mayores. Así que supliqué que me dieran drogas fuertes cual yonki con el síndrome de abstinencia. Una, que es así de delicada y lo de sufrir no lo lleva bien.

Un pinchacito bastante doloroso (pero nada comparado con las contracciones) después, me dieron un botón mágico y me dijeron que lo pulsara siempre que lo necesitara para incrementar la dosis de anestesia. Que no había problema por darme 4 dosis seguidas si me hacía falta, que tenía un límite de seguridad, así que podía pulsar sin miedo. Y me hicieron una mujer muy feliz. Unos minutos después ya estaba yo durmiendo tan tranquila e inconsciente de lo que pudiera estar sucediendo de cintura para abajo con mi cuerpo.

Un montón de horas y varios incrementos en oxitocina después (mi cuerpo seguía haciéndose el longuis), parecía que el dolor había superado el umbral de la epidural. Y no veas lo que dolía. Si no llego a tener anestesia creo que para ese momento ya me habría dado un jamacuco. Cuando pregunté si no tenían nada todavía más fuerte, me dijeron que es que había llegado la hora de empujar y en realidad no era dolor, sino presión. Estuve a punto de gritarles que si eso no era dolor que les iba yo a soltar un revés bien dado para que supieran lo que se siente con la presión de las narices. Por suerte no fue necesario, y con los cambios de postura parece que el dolor se dispersó un poco y al menos fue manejable (os recuerdo, con la epidural puesta). Y nada, a empujar se ha dicho. Que muchos no los sabréis (sobre todo los varones), pero ese empujar, es el mismo empujar que haces cuando estás estreñido, aunque lo que estás intentando sacar de tu cuerpo sea un poco más grande.

Y nada, que yo empujaba, pero el pequeño no parecía querer salir. Resulta que venía mirando hacia la salida, en lugar de tener la barbilla pegada al pecho como los niños normales. Que supongo que no se quería perder nada de lo que estaba pasando, ya que le estaban obligando a abandonar su mullido rincón. Y pasaron algunas horas más, en las que me iban moviendo cual ballena varada para ver si en distintas posturas el baby decidía dejar de mirar la luz al final del túnel. Pero no. Ha salido cabezota como su padre, y no había nada que hacer. Así que me dieron otras drogas aún más duras (yija!!) y lo sacaron a la fuerza. Por el camino me rompí un poco, y tuvieron que rehacerme, pero oye, que ni un cosquilleo sentí. Para que luego digan que las drogas son malas.

Y después de todo eso, me pregunto como hay gente tan loca como para rechazar la epidural y querer un parto totalmente natural. Elegir el dolor pudiendo no sentirlo… hay que ser masoquista. Pero oye, que aquí todos tenemos nuestras locuras y cada uno las expresa a su manera. Así que si ellas quieren pasar ese dolor para sentirse mejor con ellas mismas y aumentar su autoestima, pues allá ellas. Lo respeto. Pero no lo compartiría ni en sueños, líbreme diosa. Que aquí a una lo de sufrir por sufrir no se le da nada bien, y de tonta no tengo un pelo, que para algo tengo un Nature 😉

Así que desde aquí os digo:

La epidural es buena, ¡que viva la epidural!

Yo embarazada

P.D. Sí, la de la foto soy yo.

He tomado prestado el título de aquí, espero que no les moleste, aunque seguro que me agradecen la publicidad que les hago (como si este blog lo leyeran hordas de gente…).

Y sí, lo reconozco, la culpa es totalmente mía, por leer estas cosas. ¿Quién me manda a mí? Así que pido disculpas, pues ya se que es la segunda vez que hablo de ese blog. ¡Pero es que no tiene desperdicio! No me había reído tanto desde… bueno, desde ayer mismo que me dio un ataque de risa sin sentido a la hora de irme a dormir, y me pasé 5 minutos partiéndome la caja yo sola.

chocolate2

Masturbación femenina

Me disperso, a lo que iba. Que las mujeres de verdad no se masturban. Lo siento chicas, no somos mujeres de verdad. Probablemente no haya muchas mujeres de verdad sueltas por el mundo si esa es la condición principal. De hecho… ¿quién querría ser una mujer de verdad? Es como lo de que las chicas buenas van al cielo, sí, pero las malas se lo pasan de miedo.

La masturbación reduce a las mujeres a simples adictas a la búsqueda de placer y cretinas sólo un poco mejor que los sodomitas más perversos que están al acecho en esta tierra.”  Madremiamadremiamadremia. Cómo se pone el personal. La verdad es que he tenido que investigar un poco para ver si el blog era real o una parodia, porque me parecía demasiado subrealista. Pero parece que sí, que hay una iglesia/religión/secta/enfermedad mental así de radical. Supongo que todos los que pertenecen a ella son unos amargados y deprimidos que no tienen ni idea de cómo divertirse. Y les da tanta envidia que los demás sí sepan, que su meta en la vida es convertir a todos los demás también en amargados y deprimidos para poder compartir así todos juntos sus miserias. Porque sino no le encuentro otra explicación. Bueno, los hombres salen más favorecidos que las mujeres por lo que he leído, pero aún así… Muy divertido no tiene que ser.

Así que ya me había convencido de que debía ser de coña, o que los pocos que hacen caso a todo eso están (terriblemente) mal de la cabeza, cuando me encontré con esto. Que no lo estoy poniendo al mismo nivel que los locos de arriba (sería imposible), pero algo se le parece. Resulta que una italiana ha escrito un libro titulado ‘Cásate y sé sumisa’. Supongo que lo habréis escuchado por las noticias, ha dado bastante que hablar cuando se ha publicado en España. Sólo con el título ya apunta maneras, ¿verdad?. Pero es que a mi me gusta pensar bien de la gente (así me va…), así que me leí la entrevista que le habían hecho a la autora para reafirmarme que todo había sido una exageración, consecuencia del tremendismo al que tiende la gente.

La autora cuenta que ha escrito algunas ideas que ha discutido con sus amig@s para que el matrimonio funcione, y en todas sus respuestas habla de que lo que hay que hacer es amar y respetar y aceptar al otro como es, sin imponer nada. Y resulta tiene su propia definición de sumisa (que no coincide en nada con la que hay en el diccionario) así que no entiende el revuelo que se ha montado: “Creo que [sumisa] significa renunciar al deseo de querer cambiar a la gente, de querer imponer una visión del mundo a todos los que te rodean. Esa es siempre la tentación de las mujeres”. La mujer se ha inventado una definición nueva para sumisa (ole tus huevos), simplemente porque la definición del diccionario (Obediente, subordinado/Rendido, subyugado, según la RAE) no cuadra con la idea que ella tiene de la biblia (cosa que los religiosos hacen a menudo cuando no les gusta lo que leen en las escrituras sagradas).
Pero con lo que cuenta en esa entrevista y con la nueva definición de la palabra sumisa, el libro podría no ser lo que parecía que era, una apología del machismo. Así que pensé que había alguna posibilidad de que no fuera tan radical como decían.

Y entonces apareció esto. Que son frases extraídas del libro. A ver, que se han sacado de contexto, sí. Pero dime tú en que contexto esto puede no ser machista:

-“La mujer está perdida cuando se olvida de quién es. La mujer es, principalmente, esposa y madre”

-“La mujer lleva inscrita la obediencia en su interior. El hombre, en cambio, lleva la vocación de la libertad y de la guía” (creo que yo soy hombre…)

-“Debes someterte a él. Cuando tengáis que elegir entre lo que te gusta a ti y lo que le gusta a él, elige a su favor””

Y mi preferida:

-“¿Tengo que darle la razón aun cuando no la tenga? Yo diría que sí”

Buena esposa_Franquismo

¿Hemos vuelto unos 100 años atrás en un momento sin que me diera cuenta o es que yo estoy demasiado adelantada para mi época? A ver, que yo se que la iglesia es machista y eso no lo va a cambiar nadie, por desgracia. También sé que sigue teniendo mucho poder y hay mucha gente que se sigue creyendo esa serie de patrañas que se han inventado para poder dominar el mundo. Pero es que me alucina pensar que hay mujeres jóvenes que todavía piensan así, y encima están convencidas de que tienen razón. Culpa mía por no relacionarme más con gente del OPUS.

Para que alguien te quiera y te cuide tienes que eliminar tu personalidad y tu forma de pensar. Tienes que adoptar sus puntos de vista, su opinión. Hacer sólo lo que él quiera. Darle la razón en todo. Tú sólo sirves para cuidar de él y de tus hijos. Y así es como serás feliz. Con dos coj… Lo que me parece más fuerte es que son felices así (o al menos eso es lo que piensan ellas). Y consideran que es la clave de la felicidad. Que todos los problemas que tienen los demás vienen de que la mujer quiere tener el poder en la relación, y que es lógico que el hombre no esté de acuerdo con eso y se divorcie (o se lie a guantazos, pero esa es otra historia).

Y yo me pregunto… ¿luego se sorprenderán si sus maridos les ponen los cuernos? Porque vivir con alguien así tiene que ser extremadamente aburrido. Sin opiniones propias, sin deseos propios, sin objetivos. (Otra frase suya: “Con seguridad, hace falta aprender a reducir la propias expectativas“, hablando solo de la mujer, claro).

Así que ya no sé a qué hacerle caso, a la entrevista o a las frases del libro. Tendré que leérmelo completo para entenderlo bien todo y poder opinar con convicción. Si me convierto en una de ellas, por favor, no dudéis en soltarme una galleta bien dada. Yo que me había alegrado cuando me dijeron que en Méjico el hombre siempre tiene la última palabra, que es: ‘Lo que tu digas, cariño’.

Bueno, por supuesto cabe la posibilidad de que la que esté equivocada aquí sea yo, así que voy avisando por si acaso: Husban mío de mis amores, si esta mujer tiene razón, siento decirte que nuestro matrimonio está abocado al fracaso. Vamos a ser muy infelices, porque soy una egoísta e impongo mis deseos y mis opiniones y te hago cocinar. Ya decía yo que esta falta total de discusiones no debía ser normal en un matrimonio. Los ataques de risa que me dan de vez en cuando son una señal clarísima del diablo de que lo estamos haciendo todo mal. Voy a ver si encuentro algún psicólogo para hacer terapia de pareja y que nos diga todos nuestros fallos. Aunque a lo mejor si me memorizo ese libro (o ya puestos el blog radical) se solucionarán todos los problemas que no tenemos… ¿tú que piensas?

A ver, todos hemos desconectado alguna vez, eso hay que reconocerlo. Y si no dime tú cómo puedes aguantar esa verborrea sin fin con la que tu novia te cuenta los últimos cotilleos de sus amigas:

WhenMyGirlfriendStartsTalkingAboutHerFriendsLifeDrama-82520Que si fulanita se ha acostado con menganito, y ahora zutanita está celosa, porque resulta que le ha gustado desde que iban juntos a clase de kárate, a la que por supuesto solo se apuntó para estar cerca de él. Pero claro, fulanita eso no lo sabía, porque zutanita no se lo quería contar porque le daba vergüenza. Pero se ha enfadado igual porque dice que una amiga debería saber esas cosas sin necesidad de contárselas…’.

O cuando a tu madre le da por hablar mientras limpia el polvo, que parece que habla con los muebles más que contigo:

Porque hay que ver, que llevo todo el día sin sentarme. Que esta mañana he tenido que ir al mercado, y claro, como es martes Pepito, el del puesto de la izquierda, no tenía los tomates frescos, porque su repartidor viene los miércoles, que me lo dijo un día que le estaba comprando unos champiñones que estaban como recién cortados, y me aseguró que sí, que esa misma mañana, que su hombre era de confianza. Así que me tuve que ir hasta el puesto de Manolo, que está en la otra punta del mercado. Pero es que ya sabes que a tu hermano no le gustan los tomates maduros, así que tuve que ir hasta allí cargando con el carro y los 5 kilos de patatas que había comprado en el puesto de María…’.

O cuando tu mejor amiga te cuenta el lío que ha tenido en el trabajo:

Es que Carlos había reservado el aparato para usarlo él, pero Laura pensaba que era jueves, en lugar de miércoles, así que ha mirado mal la hoja y ha puesto ella sus muestras. Y claro, cuando Carlos ha llegado, el experimento de Laura ya estaba a la mitad, pero él necesitaba el aparato urgentemente, porque se le estropeaban sus muestras. Así que ha quitado las de Laura y ha puesto las suyas. Y entonces Laura le ha dicho que es un egoísta y que siempre hace lo mismo y…

En todos esos casos, y algunos más, la sordera selectiva está totalmente justificada. Como esas conversaciones sobre fútbol y coches que tanto caracterizan a los hombres… Pero hay muchos otros casos en los que la gente no escucha y para los que no tienen excusa ninguna. Es que directamente no saben, o no quieren escuchar. Solo saben discutir para demostrar que tienen razón.

Todos tenemos unas creencias que no recordamos cómo hemos adquirido, pero que las tomamos como verdades absolutas. Están anidadas tan profundamente en nuestra forma de ser, que no las ponemos en duda en ningún momento. Como ya escribí en mi última docena, nos pasa con nuestro equipo de fútbol, nuestra religión, nuestra ideología política, y muchas otras cosas más que nos han inculcado desde pequeños y que hemos asimilado como nuestras. Y vamos a defender incluso lo indefendible, cueste lo que cueste. Porque el otro puede decir lo que quiera, que no va a tener razón. No puede tenerla, porque nuestra verdad es absoluta.

¿Cuánta gente conoces que haya cambiado de equipo de fútbol porque el otro era mejor? ¿O cuántos reconocen que los otros son mejores, aunque prefieran al suyo? ¿Cuándo uno de derechas se va a molestar en escuchar las razones de uno de izquierdas (o viceversa), porque a lo mejor resulta que lo que dice no es tan estúpido? Hacemos oídos sordos porque no queremos entender que los demás tienen sus razones para pensar distinto. Creemos que todos los demás están equivocados, e intentaremos convencerlos siempre que podamos porque, como les apreciamos, no podemos permitir que vivan equivocados para siempre.

Si-la-gente-no-escucha-Haz-que-te-vea_132442433251Pero no hace falta irse a esos temas tan escabrosos para darse cuenta de lo poco que le gusta a la gente escuchar. Hace poco leí un montón de artículos online acerca de que habían echado a una mujer de una tienda por estar amamantando a su bebé. No me voy a meter a discutir si la tienda tiene o no derecho a hacer eso o por qué lo hizo. A mí lo que verdaderamente me sorprendió fueron los comentarios de la gente. Siempre tiene que haber opiniones para todos los gustos, por supuesto. Pero me chocó la cantidad de gente que aseguraba, creyéndose con toda la razón del mundo, que esas cosas hay que hacerlas en privado. No sólo porque los demás no tienen por qué ver algo así, que podría ofenderlos, sino porque lo mejor es hacerlo en un sitio tranquilo y privado por el bien del bebé. Teniendo en cuenta que los bebés comen cada 3 horas, si no lo haces en la calle, no podrás tener vida social en muuuuchos meses, así que ya me dirás lo que es mejor para mí o mi bebé, que por supuesto YO voy a ser todo oídos (ya te encargas tú de ignorar mis razones). Pero me choca que a estas alturas todavía haya gente que, después de ver mujeres prácticamente desnudas y escenas explícitamente sexuales por todas partes, se sientan ofendidos por ver parte de una teta (el resto lo está tapando el bebé). O que piensen que está bien que otras personas coman con la boca abierta, o se rasquen los huevos, o combinen cuadros y rayas!! en público, cosas que a mi personalmente me ofenden mucho mas, pero una mujer no puede dar de mamar en la calle. Es que resulta que hay gente que se puede traumatizar por ver eso, así que debería estar prohibido. Por esa regla de tres, yo prohibiría a muchos hombres que enseñaran la raja del culo… porque mira que lo he pasado mal algunas veces. Multazo de 50 euros por herir mis sentimientos.

El caso es que la gente critica, mucho, y creyéndose siempre con la razón. No se molestan en ponerse en la piel de los demás, y pensar que ha llevado a esa persona a hacer o decir o pensar eso. No quieren considerar que a lo mejor el socialismo tiene algo de bueno, o que puede que el capitalismo no sea la panacea (o al contrario). No quieren aceptar que otras formas de pensar y de vivir pueden ser tan válidas como la suya. Y si no, explicadme cómo puede haber tanta gente en el siglo XXI que todavía esté convencida que la homosexualidad va contra natura. O que piense que las mujeres son inferiores a los hombres.

Entiendo que si te han inculcado desde pequeño una creencia, es muy difícil ponerla en duda, porque forma parte de ti. Pero con toda la información que tenemos a nuestro alcance, con lo fácil que es indagar en algo y buscar razones a favor y en contra, no tenemos excusa para seguir siendo tan cerrados de mente. El que no aprende es porque no quiere. Y me he dado cuenta de que hay mucha gente que no quiere. Porque eso supondría reconocer que estuvieron equivocados durante todo ese tiempo.

Así que ya sabéis, no consiste solo en escuchar, sino en entender lo que te están diciendo. Intentadlo, que ya veréis que no es tan difícil.

not listening

ProcrastinationProcrastinar, esa palabra que tan de moda se ha puesto, pero que es lo mismo que la perrería de toda la vida. Yo siempre he sido una experta procrastinadora, desde chiquitita. Estoy segura de que no aprendí a hablar antes por no molestarme. Con lloriquear un poco ya me daban todo lo que quería, que en ese momento se limitaba a que me dieran de comer o me prestaran atención. Más o menos lo mismo que ahora (¿a que sí cariño mío?).

Mis momentos más productivos para hacer algo siempre han sido cuando tengo otra tarea distinta y mucho más urgente. Durante la carrera, era la época de exámenes la única en la que me daba por limpiar la habitación. Por supuesto, mi madre estaba contentísima. Incluso me daba por limpiar los armarios por dentro (¿es que eso se limpia? Pues sí, según mi madre, sí). Hacía cualquier cosa con tal de no ponerme a estudiar. Todas esas tareas que tienes pendientes, y que van pasando los días pero nunca encuentras tiempo (eufemismo de ‘ganas’) para hacer, se convierten en absolutamente imprescindibles cuando tienes otra cosa más importante, como un examen, un viaje (¿hay alguien que tenga la maleta hecha la noche anterior? Pues que sepáis que sois unos raros) o una cena (20 minutos es tiempo suficiente para ducharse, maquillarse, elegir la ropa y cruzarse la ciudad, true story). El caso es dejarlo todo para última hora. Al final es cuando mejor salen las cosas (o cuando ya no te da tiempo a cambiarlas, así que mejor aceptarlas como están).

Yo creo que la cosa incluso empeora con los años. Cuando era más joven ya sabía que ropa me iba a llevar antes de empezar a hacer la maleta, por eso de ir mona y tal. Pero ahora ya ni me molesto. Total, si yo estoy guapa con cualquier cosa que me ponga… (autoestima no me falta)

Por ejemplo, este martes tenía que hacer una exposición, así que la semana pasada terminé todos esos experimentos que había ido apuntando para los ratos libres, es decir, para cuando no se me ocurre nada mejor que hacer (no me quedan vidas del Candy Crush, ya he leído todo lo interesante en Twitter y Facebook, no hay nadie conectado al skype… ya sabéis, lo normal). Toda la semana pensando: bueno, el fin de semana lo hago, total, tengo dos días enteros (ilusa…). Y claro, llega el finde, y no se me ocurre otra cosa que ir al supermercado más lejano, porque me apetece comprar ese queso tan bueno que solo venden allí (en realidad era chocolate, pero queda como más cool decir queso). Ordené los cajones de la ropa, que tengo un montón de cosas que no me pongo porque no recuerdo dónde están (en realidad es porque no recuerdo que las tengo, pero sshhhh, que no se entere mi madre que luego dice que soy compradora compulsiva). Hasta dejé la casa como los chorros del oro… Solo me faltó un par de llamadas importantes que no pude hacer porque tenían que ser en horario laboral (la gente, que no le gusta trabajar, ¿qué le costará contestar al teléfono un domingo a las 4?).

Así que el martes, cuando me tocó exponer, pues no me lo sabía bien. Que si hubiera sido en español, pues todavía, me lo invento o hablo muy rápido y total, como nadie escucha… Pero en inglés… eso es otra historia. Cuando no te lo sabes en inglés, lo único que pasa por tu cabeza es un matojo rodante de esos de las pelis del oeste. Que ya no puedes ni enlazar dos frases seguidas sin inventarte alguna palabra en el intento.  Así que en esas ocasiones parece que en lugar de avanzar con el idioma, retrocedo. Esto de no relacionarse con la gente a veces pasa factura. Voy a tener que buscarme vida social aunque solo sea para que me salga más fluida la verborrea.

Porque la otra opción, la de luchar contra la perrería, esa ya es una batalla perdida antes de empezar. Que cuando era pequeña leí en algún sitio:

‘No dejes para mañana lo que puedas hacer pasado mañana’

Y ya sabes, hay cosas que te marcan para siempre.

phdprocrastination

Sí, soy muy cruel, lo sé. Os he tenido abandonados casi un mes. No hay excusa que justifique tal ausencia. Aunque teniendo en cuenta que la mayoría ni se habrá dado cuenta, considero que el castigo tampoco debe ser demasiado duro. Con dejarme sin comer chocolate unas cuantas horas creo que ya habré cumplido.

Aunque haya dicho que no hay excusa válida, el hecho de haber estado de vacaciones 2 semanas sirve de atenuante, ¿no? Porque sí señores, después de un año y cuatro meses y medio (aunque, ¿quién lo cuenta?), he tenido a bien dejarme caer por la península para saludar a mis congéneres. Por supuesto que no me ha dado tiempo a hacer todo lo que quería hacer, ni ver a toda la gente que me hubiera gustado ver. Y mucho menos pasar el tiempo que hubiera deseado con los que sí he podido visitar. Pero al menos lo he intentado.
And last but not least… ¡he tenido vacaciones! Aunque haya tenido que luchar contra mi mente al menos dos o tres veces al día, esforzándome por no pensar en el trabajo. Unos días lo conseguía, otros no. Quizás con un par mas de semanas lo hubiera conseguido al 100%, pero tampoco se le puede pedir peras al olmo, o más vacaciones de las estipuladas a mi jefe.

El caso es que, después de tanto tiempo, volver a casa es una sensación extraña. Porque ya no sabes si estás volviendo a casa, o saliendo de ella. Por desgracia tuve que dejarme a mi consorte trabajando en Yankilandia, así que cuando me subí al avión y en la pantalla mostraron el mapa del recorrido que íbamos a hacer, no sabía decir cual de los dos extremos era más ‘casa’ que el otro. A un lado la familia y los amigos a los que no veía desde hacía más de un año. Esos lugares donde pasé muchos momentos de mi vida (viviendo, estudiando, trabajando, disfrutando), algunos siguen igual, otros han cambiado. Al otro, mi loving husband y mi rutina, mi trabajo y mis cosas. Los sitios que ahora considero habituales. Mi día a día.

He llegado ya a ese punto en el que no pertenezco a ninguno de los dos extremos, y a la vez formo parte de ambos. Porque mi gente sigue ahí, igual que cuando me fui (más o menos), pero han seguido con sus vidas. Y aunque lo dejan todo por verme y disfrutarme el poco tiempo que puedan, sus vidas continuarán cuando me vaya, y yo no estaré incluida en ellas (sin contar wassaps y demás genialidades de la tecnología actual). Matrimonios, hijos, trabajo, amigos. Todo un mundo de situaciones y vivencias en las que yo no estaré presente.

Y al otro lado del charco, yo hago mi vida en este extraño país en el que ni siquiera me consideran inmigrante, sino un trabajador temporal de visita. Tengo una rutina, voy a trabajar, voy a hacer la compra, recorro las calles (pocas) y los parques naturales (muchos). Pero en realidad no puedo considerar que pertenezca a este lugar de locos. Los americanos no se relacionan entre ellos, ¿cómo pedirles entonces que se relacionen con nosotros? Aunque me haya acostumbrado a algunas de sus rarezas, e incluso aplique las menos descabelladas a mi propia forma de vida, no soy uno de ellos. Yo no tengo un arsenal en mi armario, ni conduzco un Cañonero. No veo bien que Obama tenga derecho a escuchar mis conversaciones privadas. No entiendo que les guste trabajar 10 horas diarias o que un soleado sábado por la mañana las calles y jardines estén desiertos pero no se pueda ni aparcar en el centro comercial. No comparto su patriotismo ni su ansia por acumular dinero. No concibo un país en el que los menos privilegiados no tengan derecho a ir al médico y puedan morir de pulmonía por no curarse un simple resfriado. No formo parte de este país, pero es aquí donde vivo. Y tampoco se está tan mal, porque después de ver cómo están dejando España con esas políticas ‘anticrisis’ (eufemismo máximo)… casi mejor me quedo aquí un ratito más.

Welcome back!

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Ya no hay besos como los de antes– Antes se escribían cartas de amor interminables. Hoy se manda un wassap: TQ.

– Antes se cruzaba medio mundo en barco o a caballo para volver a reunirse con su amor. Hoy nos pensamos, y mucho, si merece la pena abandonarlo todo por una sola persona. Para que luego salga mal…

– Antes se moría de amor por alguien con quien no se había podido tener ni una sola conversación a solas. Hoy no se puede decir ‘te quiero’ demasiado pronto o se asustan (y salen corriendo con el rabo entre las piernas… oh wait!).

– Antes se lloraba toda una vida por un amor perdido. Hoy nos divorciamos y volvemos a casar con la misma facilidad con la que cambiamos de coche (o de bolso en el caso de las chicas).

Ya no hay amores como los de antes, es cierto. Y se echan de menos. Se echa de menos la pasión, la entrega, el morir de amor por una sola persona. No me digáis que no es romántico… moriiiiir de amoooooor. Beber los vientos por esa única persona, que es tu único mundo, tu única verdad (que pastelosa puedo llegar a ponerme…). Sentir tal sentimiento, que la vida sin ella no es vida ni es nada. Qué bonito… Y que patraña. Qué daño han echo las películas de Disney. Somos una generación engañada a base de pretty womans y ghosts. Nos han vendido el fuego sin decirnos que si lo tocas, quema.

Será que yo soy extremadamente racional, práctica y pragmática (y aburrida e insensible), que siempre he mirado con envida esa locura del amor de película. De pequeña me imaginaba suspirando por mi príncipe azul y dejándolo todo para irme con él a su castillo. Pero cuando me ha tocado vivirlo CR_622500_peliculas_disneyen persona (o lo más cerca que he podido estar de ello siendo como soy), he salido escaldá y me he dado cuenta de que no es sano. Y lo que es peor, no te hace feliz. Que parece estúpido que tenga que decirlo tan a menudo, pero es que debería ser nuestra meta en esta vida. Así que los príncipes azules, mejor de lejos, que destiñen.

Por suerte las relaciones han cambiado con el tiempo, al igual que la sociedad y las personas. Y en la mayoría de las cosas ha sido para mejor, aunque en otras nos hayamos ido al otro extremo. Nuestra ‘felicidad’ ya no depende tanto de si encontramos o no a alguien con quien compartir la vida, y de formar una familia a toda costa, sea con quien sea. O mejor dicho, ya sabemos que eso no tiene por qué hacernos felices. Ya no nos dejamos engañar por la versión cutre del cuento de hadas. Ahora queremos el de verdad, con sus zapatos de cristal y su calabaza, y si no, nada. Pero aunque sigamos suspirando cada vez que sale Romeo por la tele, sabemos que nuestro amor verdadero no tiene porqué ser una única persona. Pueden ser varias que se vayan turnando y/o combinando a lo largo de nuestro camino.

Las mujeres ya no tenemos que abandonarlo todo al casarnos. No perdemos nuestra identidad para convertirnos en ‘la esposa de’ y ‘la madre de’ (y ‘la criada de’). Somos personas, con nuestro trabajo, nuestros hobbies y nuestras pasiones personales (cupcakes!!!!). Ya no hace falta que soportemos golpes y miseria, simplemente porque no tenemos otra opción. Ahora, que si lo hacemos porque nos gusta, esa es otra historia, que por algo ha triunfado tanto el tal Grey. Somos libres para elegir lo que queremos y tenemos muchas más opciones entre las que decidirnos. Y por eso muchas se han agobiado entre tanta oferta y no están seguras de lo que les gusta y lo que no. Ya no tenemos que limitarnos a cumplir el papel que nos toca, podemos romper moldes, podemos salirnos del camino, podemos ser diferentes, únicas. Podemos vivir con nuestros padres a los 30 tacos porque irnos a vivir con nuestro novio después de tan sólo 7 años de relación es un paso para el que todavía no estamos preparadas, que nos gusta mucho tener nuestro espacio (y que la ropa aparezca mágicamente limpia y planchada en el armario).

Yo hace tiempo que decidí que no necesitaba a nadie para ser feliz (sin contar a mi osito Teddy y a mi madre cuando estoy enferma). Me quiero y me acepto como soy, y estoy completa y feliz cuando estoy sola (sobre todo si tengo una tableta de chocolate a mi lado y los dvds de las Chicas Gilmore). No creo ser, ni haber sido nunca, una media naranja esperando a que alguien venga a completarme (como mucho una media mandarina, por el tamaño digo). Para mi una relación es un acuerdo mutuo de compartir la vida, porque siempre es mejor hacer el camino acompañado (y que el otro te lleve las maletas). Y si hay atracción, cariño, respeto y complicidad, será mucho más divertido. Pero mi vida no gira en torno a esa persona, tengo otras inquietudes y necesidades (como meterme en Facebook a cotillear la vida de mis amigos). Y tengo claro que podría vivir sin él, aunque todo sería mucho más triste y aburrido (¿quién me iba a hacer cosquillas entonces?). Y para mi esa es la manera más sana de tener una relación, y la más duradera. Sin obligaciones, sin reproches, sin cadenas… sin dependencia.

P.D. El que yo ya no sea capaz ni de hacerme una tortilla francesa no se considera dependencia, solo comodidad (o perrería).

El otro día me encontré este despropósito en internet. No hace falta que lo leáis (aunque el blog no tiene desperdicio…), os lo resumo: cualquier chica que se comporte como una adolescente normal y corriente, es una lesbiana. Así, con el ‘una’ delante para que suene despectivo. Y por supuesto, el ser lesbiana es pecado mortal castigado por dios y si tu hija se descarría de esa manera, caerá sobre tu familia la mayor desgracia habida y por haber. ¡Madredelamorhermoso!

Me quedé un poco a cuadros por la cantidad de barbaridades que se dicen. Fallo mío que doy por hecho que, con toda la información disponible a nuestro alcance con un solo click, la gente está más informada. Inocente que soy a veces, ¿qué le voy a hacer? Porque escuchar algo así de alguien que vive aislado en un pueblecito de esos de cuatro casas a los que no llega apenas ni el teléfono, pues no me sorprende tanto. Siempre hay algún espabilado que les puede lavar el cerebro (sin ánimo de ofender, pero si te ofendes… por algo será, ¿no?). Pero si se publica en internet es porque la gente que lo va a leer tiene conexión a internet (vamos, digo yo). Y si tiene conexión a internet ya no tienen la excusa de que es la única información que les ha llegado… Así que si se lo creen es por decisión propia.

En un primer momento me pareció un disparate. No ya que alguien escriba algo así, que también, sino que haya gente que en serio siga esos consejos (por favor, que estamos en el siglo XXI). Pero el caso es que después de darle un par de vueltas ya no me parecía tan raro. Los humanos somos vagos por naturaleza, nos encanta que nos den las cosas hechas (yo la primera). ¿Quién no querría tener todas sus necesidades cubiertas sin tener que mover un dedo? Así que es normal que haya gente que se crea esas burradas, porque es más fácil que alguien te diga cómo tienes que vivir a tener que descifrar el sentido de la vida por ti mismo. Los demás son más listos, mejor que piensen ellos. Es muy cómodo seguir un libro de instrucciones para no tener que hacerte responsable de tu propia vida y de tu felicidad. De esa manera, si eres desgraciado, siempre le puedes echar la culpa a alguien (satanás, la tentación, tu marido, bob esponja… te dejo elegir). Y oye, que si aún así sigues siendo infeliz, no problem, ya habrá otra vida en la que todo esté solucionado y lo único que tengas que hacer sea pasearte por el cielo lleno de angelitos tocando el arpa. Por supuesto, todos esos vividores que decidieron disfrutar de los pecados mortales en vida, no van a poder gozar de semejante paraíso.

Así que amigos, ya sabéis, dejad de pensar por vosotros mismos, que es demasiado esfuerzokeep-calm-and-enjoy-life-268

Os voy a escribir mi libro de instrucciones de cómo vivir la vida, por si resulta que los demás no os convencen. Así no tendréis que comeros la cabeza vosotros. Seguro que seréis más felices si me hacéis caso a mi que si seguís las indicaciones de ese blog de reprimidos.

Estos son mis 10 mandamientos, que tenéis que seguir a rajatabla… o no:

  1. Disfruta todo lo que puedas, que la vida es corta
  2. Pruébalo y/o conócelo antes de criticarlo. No por ser diferente o desconocido es malo (a veces es incluso mejor)
  3. Lucha siempre por lo que crees y quieres, pero no impongas tus ideas a los demás. Si  no quieren disfrutar y prefieren ser unos amargados, ellos se lo pierden. Sólo pide que te dejen vivir y disfrutar tranquilo, sin hacer daño a nadie
  4. No intentes entender la vida, vívela y disfrútala. El entenderla no te facilitará las cosas y requiere un esfuerzo demasiado grande
  5. Si no estás de acuerdo con algo, no me hagas caso, pero no hace falta que te ofendas, que aquí cada uno se cree lo que le da la gana. ¡Libertaaaaaad!
  6. Cada uno hace con su vida lo que quiere que para eso es suya. Si te quieres ir a la Conchinchina a ver mundo, ¿quién te lo impide? ¿El miedo? ¿Las obligaciones? ¿Tus padres? ¿No te da vergüenza, a tu edad? Ninguna de esas son razones válidas, tendrás que inventarte algo mejor para convencerme. Pero planéalo un poco, que comer hay que comer
  7. Si quieres a alguien, díselo. Puede que luego ya sea tarde, y siempre es agradable escuchar que te quieren. Y si no te corresponden, pues ellos se lo pierden, pero no dejes que esa minucia te impida expresarte
  8. Si te gusta alguien por su forma de ser, no intentes cambiarlo (aunque creas que será para mejor). Puede que no te guste la persona en la que se convierta si le obligas, y luego todo serán reproches
  9. Los errores son divertidos. Si no en el momento de cometerlos, luego al contarlos. No pongas tanto esfuerzo en evitarlos, te estás perdiendo parte de la diversión
  10. Sonríe. Todos tenemos problemas, y mucha gente los tiene mucho más graves que tú, pero la alegría de vivir te ayudará a sobrellevarlos

Ale, ahora sólo me falta ir casa por casa repartiendo caramelos mientras bailo al ritmo de lady Gaga para intentar convertir a todo el mundo. ¿Te apuntas?

Disfrutar de la vida

Os he contado dos de mis mejores y más pastelosas historias de amor. Pero tampoco quiero ser pretenciosa y dar la impresión de que en mi vida todo es precioso y maravilloso y supergenial y chachi piruli juan pelotilla. Que todos tenemos nuestros momentos. Y yo tuve un Momentazo, así, con mayúsculas y que encima duró un par de años. Así que os lo voy a contar, para que no me odiéis por daros envidia cochina con mi vida perfecta… (Casi cuela, ¿eh?)

Amor-OdioResulta que aquí, una se creyó inteligente en su momento. Por suerte la vida se encargó en demostrarme que soy igual de tonta que las demás. Y os lo voy a demostrar.

Durante esa etapa tan bonita que es la adolescencia tenemos dos opciones:

1)   creernos lo más de lo más y pensar que los demás no tienen ni idea (sobre todo los adultos)

2)   ser patéticos y pensar que no merecemos vivir porque todos los demás son supergeniales y entendemos perfectamente que no se dignen ni a mirarnos por encima del hombro, aunque nos duela

Esas dos situaciones no son excluyentes y pueden darse simultáneamente en la misma persona, turnándose para hacernos la vida imposible. La 1 porque los demás nos odiarán y con razón, y la 2 porque seremos nosotros los que nos odiemos. Una edad preciosa, ¿a que sí?

El caso es que estaba yo superando esa etapa tan bonita con todo mi ego subido a ratos, y mi autoestima bajo cero en otros (a los 20 años, no os vayáis a pensar, que yo fui muy poco precoz para algunas cosas), cuando me encontré de bruces con el prototipo perfecto de mujeriego, golfo y seductor (combinación altamente peligrosa y dañina para la salud de sus víctimas). Tengo como excusa que estaba aprendiendo a bailar salsa, y ya se sabe que en ese momento somos presa fácil de todo aquel que ya sepa defenderse en la pista de baile (he dicho que era una excusa, no que fuera buena). Con toda mi inteligencia y mi madurez (¡ja!), caí a sus pies como una mosca más (o como quinceañera fan de Justin Bieber más). En mi defensa tengo que decir que conseguí que el donjuán también se prendara de mi, para sorpresa de todos sus amigos y conocidos (e incluso de su madre). Y mantuvimos una relación de amor-odio totalmente destructiva para ambos durante año y medio, más otro año de no-relación pero igual de destructiva. De esas en las que los gritos se mezclan con los besos. El odio y el amor eran uno. Lo mismo empezábamos discutiendo que acabábamos arrancándonos la ropa (o viceversa).

Salí escaldada, y mucho. Varias veces. La frase esa de que ‘somos el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra’ no es real. Tendría que ser algo más como: ‘somos el único animal que tropieza en la misma piedra una vez, y otra, y otra, y otra… hasta la enésima potencia’. Porque mira que el muchacho se esforzó en hacerme abrir los ojos a base de leches (figuradas). Pero el amor es ciego (o estúpido, más bien), así que yo erre que erre. ‘Que yo se donde me estoy metiendo, que a mi no me afecta, que lo tengo controlado, que lo que pasa es que desde fuera sólo veis lo malo…’ y así hasta el infinito y más allá. Si es que cuando una no lo quiere ver, pues no lo ve y punto. Y pa chulo mi pirulo. ¿Qué es muy celoso? Pues no se lo cuento y punto. ¿Qué le molesta que me vaya de fiesta/viaje sola con mis amigas? Pues te aguantas (y me aguanto yo las malas caras y broncas durante semanas). ¿Qué tontea con todo lo que lleve faldas? Sí, pero se va conmigo a casa y las demás se quedan con las ganas (ya claro…). A lo que se llega por amor. Al final dejas pasar lo que sea con tal de no discutir.

he-lied-passion-loveEl orgullo es un arma de doble filo, y aquí una, que nunca había pecado de serlo, se convirtió en la reina de la noche a la mañana. Si es que yo sabía que él era consciente de que yo era la más mejor del mundo mundial (¿ein?), lo que pasa es que siendo como es, pues de vez en cuando se olvidaba (esas cosas que nos decimos para engañarnos a nosotras mismas). Y acabé aceptando todo aquello que pensé que nunca aceptaría (celos, egoísmo, intolerancia, inmadurez), y regodeándome en el proceso (es que a ratos era divertido), sólo por los buenos momentos (¡y qué momentos!). Y ya de paso me perdí a mi misma por el camino. Un combo, vamos, que yo cuando meto la pata la meto hasta el fondo, que si no ¿pa qué molestarse?. Por suerte para mi, el nenico se cansó de pretender ser lo que no era, y empezó a comportarse como si estuviera soltero otra vez. Indirecta bastante sutil, pero que a pesar de mi ceguera crónica fui capaz de ver. Lógicamente me pasé unos meses esperando a que abriera los ojos y se diera cuenta de que yo era el amor de su vida y me iba a querer para siempre jamás. Y sí, al final se dio cuenta, pero justo una semana después de que yo me diera cuenta de lo gilipollas que estaba siendo por esperarle mientras se divertía con media ciudad (la mitad femenina, se entiende).

Por supuesto, volví a tropezar con esa piedra varias veces más después de ‘superarlo’, que una acaba cogiéndole cariño. Y las emociones fuertes enganchan, y mucho. Y yo creo que hasta echaba de menos los gritos y las discusiones (y los arrancamientos de ropa).

Quizá de ahí viene mi necesidad compulsiva por evitar los enfrentamientos. Se me gastaron todas las discusiones en esa relación. Imaginad lo fuertes que tenían que ser las emociones positivas para que compensaran un 1 a 3 (o 1 a 10 más bien) a las negativas.

Pero el caso es que no me arrepiento de nada. Era como vivir enganchada a las emociones y la pasión, al dolor y a la euforia, necesitaba mi dosis para ser feliz. Tenía los sentimientos siempre a flor de piel, y lo mismo me daba por reir que por llorar. Hasta que me pasé y la sobredosis me obligó a darme cuenta de que no era sano. Pero lo disfruté en su momento, y todavía tengo el recuerdo de ese síndrome de abstinencia y el inmenso placer de saciarlo.

Ahora ya sé que no por ser inteligente se es más lista. Que nadie está libre de caer en la tentación, yo la primera. E incluso que es sano dejarse llevar por ella de vez en cuando. Y que, a veces, las sensaciones fuertes merecen la pena. Eso sí, con un poco de cabeza 🙂