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Me estás estresaaaaando

Publicado: 28 noviembre, 2014 en América, Locuras, Mi vida es así

 

 

Pues sí amigos (y desconocidos que osáis leer este blog mío), estoy estresada. Esto de volver a la vida laboral tan solo 8 semanas después de dar a luz (y debería dar gracias que no hayan sido 6), y tener solo otras 5 semanas para terminar todos los experimentos para otro artículo, además de ordenar, congelar, escribir… todo lo que no había hecho antes con la excusa de la gigantesca barriga que me caracterizaba unos pocos meses atrás (sin olvidar mi pereza y desorganización innatas), pues como que me ha hecho ir con un cohete en el culo. Con sus pausas para sacarme leche, eso sí, que al primogénito hay que alimentarlo bien, pero corriendo el resto del tiempo. Y a todo eso súmale que hay que vender todos los muebles y el coche, buscar a alguien que se quede con nuestro apartamento, cancelar los contratos de teléfono, luz e internet, e intentar meter casi 3 años de nuestra vida en un par de maletas, que se dice pronto.

Porque por fin ha llegado el día, señores. Nos piramos. Esta familia se aleja de la vida consumista (no sin antes recrearse en el Cyber Monday, por supuesto) para dedicarse a la vida contemplativa y dar envidia desde el Caribe. Bueno, contemplativa contemplativa tampoco será, que a una le toca empezar a trabajar a principios de Enero, aunque espero que en comparación con el ritmo que he llevado aquí, en lugar de trabajo me parezca un paseo por el campus. Y unas buenas Navidades al sol no nos las quita nadie, que ya va tocando un poco de relax. Aunque tampoco va a ser todo caipiriñas y bachata, que hay que encontrar un apartamento, comprarse otro coche y otra cuna… volver a organizarse la vida y la rutina. Además, en teoría debería aprovechar esas pocas semanas de vacaciones que he tenido a bien organizarme para escribir ese nuevo artículo, pues en cuanto empiece a dar clase voy a tener poco tiempo libre. Pero es que después de tanto correr, apetece dedicarse un tiempo a admirar como hace gorgoritos el pequeño. Porque todas las prisas se te pasan en cuanto empieza a reírse y decirte ‘aguuuuguuuu’. Ni la reunión más importante del mundo conseguiría que me perdiera ese momento de alegría pura e inocente.

Y siempre consuela que todo este esfuerzo para empezar de cero, además de para huir de este país de locos, es para tener más tiempo libre y vivir más relajada para poder disfrutar a este nuestro heredero. Porque a pesar de la carencia de sueño, del agotamiento acumulado, de la ropa llena de vómito de bebé y la falta de tiempo libre, se disfruta. Y mucho. Con una sonrisa desdentada te hace olvidarte del estrés, el dolor de espalda y todos los problemas, que espero sean muchos menos una vez nos adaptemos a la ‘slow life’. Aunque no creo que tenga yo mucho problema con eso, porque no estoy diseñada para este ritmo de vida tan ocupado. Mi cuerpo y mente necesitan de sus ratitos tirada en el sofá y/o cama pensando en las musarañas. Eso de dedicar mi tiempo libre a leer artículos científicos o diseñar experimentos siempre me ha parecido contraproducente. ¿Cómo pretenden que rinda luego en la jornada laboral normal si no he podido desconectar durante las horas libres? Que yo eso de estar 8 horas seguidas (por lo menos) pensando en experimentos, genes, mutaciones… ya me parece imposible sin tomarme mis descansos para mirar las redes sociales y cotillear las últimas novedades, o leer noticias tontas o tener conversaciones intrascendentes con mis compañeras de laboratorio. Y más ahora que ya apenas puedo pensar en las musarañas porque tengo que pensar en si quedan suficientes pañales, a que hora le tengo que dar de mamar o si me he acordado de lavar las sábanas de su cuna. Con lo que me gustaba a mi dejar la mente vagar sin sentido, o pasarme horas y horas leyendo. Se me ha acabado la buena vida. Bueno, se me acabó al venir a los EEUU, para qué mentir. Pero todavía había retazos y resurgires de vez en cuando, cosa que ahora va a estar difícil. Creo que voy a ir mirando apartamentos grandes para que los abuelos se vengan a pasar temporadas largas. Pero no por mí, no, para que disfruten de su primer nieto, por supuesto 😉

Y ahora solo nos queda gritar a los cuatro vientos: ¡¡¡AHÍ OS QUEDÁIS PRINGADOS!!!

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Vale, hace casi mes y medio, pero es que la vida de madre primeriza es muy caótica, durmiendo a deshoras y todo el día con las tetas al aire. Esto último no afecta mucho a mis capacidades literarias, pero el hecho de tener que dejar cualquier cosa que esté haciendo porque el primogénito tiene hambre, y tiene que comer aquí y ahora, sí que afecta. De hecho mi concentración ya no es lo que era, con lo que yo he sido, echada a perder por falta de sueño y por continuas interrupciones. En principio no debería necesitar mucho de mi concentración estando de baja maternal, ¿verdad?, pero como ya os he comentado muchas veces, las bajas americanas no son como las del resto del mundo… Así que algo me ha tocado pringar. Porque mi jefe se agobia si no avanza el proyecto, incluso si yo no estoy en el laboratorio. ¿¿8 semanas enteras sin tener ni un solo resultado?? Le da un jamacuco seguro, y yo no quiero ser la responsable de lo que queda de su salud mental.

Pero bueno, teniendo aquí a los recién estrenados abuelos, que cocinan y limpian (esto sobre todo la abuela) y babean constantemente sobre el nietecito, tengo bastante más tiempo libre del que yo me esperaba, lástima que se acabe pronto. Me despisto un segundo y el niño desaparece de mi vista secuestrado por su abuelo, dejándome una o dos horas de libertad hasta que el churumbel decide que ya es hora de alimentarse otra vez.

La verdad es que la mayoría de las veces malgasto ese tiempo libre mirando al infinito o a mi muro de Facebook, como esperando la aparición de la virgen o de una cámara que me diga que ha sido todo una broma y que voy a poder dormir la noche entera del tirón otra vez en breve. Creo que durante esos lapsus mis neuronas están en realidad dormidas. Se ve que el sueño fragmentado no les sienta muy bien. Con deciros que me está costando días escribir este post… A este paso lo acabo en diciembre.

Bueno, a lo que iba, ¿que hemos hecho durante todo este mes y pico? Si te digo la verdad… no tengo ni idea. Las horas pasan sin que me de cuenta. Cuando el retoño llora, siempre compruebo la hora de su última toma, por si acaso, y la mayoría de las veces me sorprendo porque han pasado ya 3 horas. Para los que no habéis sido padres, deciros que esto engaña mucho. Ya vas mentalizada a que los bebés comen cada 2-4 horas (más 2 que 4), pero lo que no te avisan es que esas 2 horas se cuentan desde que empieza la toma. Si tenemos en cuenta que algunas veces se pasa perfectamente 45 minutos o más pegado a sendos pechos… ya solo te queda hora y cuarto hasta la siguiente toma. La sensación es que se pasa el día comiendo… De ahí las lorzas que le están saliendo, que ya tiene hasta papada. Como dirían en mi tierra… bien hermoso que se está poniendo.

Pero lo que más me ha sorprendido de esto de convertirme en madre, es que no te sientes distinta, para nada. Yo me imaginaba que de repente te caía encima una losa de responsabilidad y un mundo de sabiduría. Pasas de ser una joven despreocupada y sin responsabilidades, a tener un ser humano pequeñito e indefenso a tu cargo. Eso debería marcar, ¿no? Pero en realidad tu sigues siendo la misma, solo que más cansada. Ni sabiduría suprema de madre (¿de dónde la sacarán?), ni madurez extrema e inmediata. Se te acaba el poder ver incluso un capítulo de serie completo sin interrupciones, se te acaba la libertad de entrar y salir cuando sea y a donde sea, se acaban la puntualidad y el descanso. Pero sigues siendo la misma joven de 20 años atrapada en un cuerpo de una adulta de 32, con los mismos caprichos y manías. Así que seguiré dando saltitos de alegría si alguien me regala chocolate, remoloneando en la cama por las mañanas y haciendo pucheros para conseguir lo que quiero. Pero ahora lo haré acompañada por un ser pequeñito que hará los pucheros mejor que yo.

Y es que resulta que convertirte en madre no te cambia, solo cambian tus circunstancias.

Bebe durmiendo2

Como todos sabéis, yo soy científica, y como tal aprecio enormemente los avances científicos que nos hacen la vida más sencilla. Pero hasta ahora no era capaz de apreciar en todo su esplendor lo maravillosos que son algunos de esos avances. Ni el frigorífico, ni la luz eléctrica, ni la rueda. El mejor invento del mundo es la epidural. Y con mucha ventaja.

Ya os comenté que mi parto (el de verdad) no fue un camino de rosas. 35 horas se dicen pronto. Si estás en un festival, medio borracho, se te pasan volando, cierto. Pero cuando estás en el hospital, con contracciones y una cabecita encajada en tu pelvis… pues como que la diversión no hace acto de presencia. Que ya podría, no le costaba nada a la jodía, pero no. Bueno, a lo que iba, que de esas 35, las primeras 12 horas tampoco es que fueran muy malas. Las contracciones eran más que llevaderas. Como unos calambres menstruales un poco más fuertes. Molestas sí, pero todas aquellas que hemos sufrido esos dolores una vez al mes, somos capaces hasta de hacer vida normal durante el proceso y sin que los hombres de nuestro entorno sean conscientes de ello. Pero como 12 horas después de haber roto aguas eso no avanzaba, sino que parecía que iba retrocediendo y las contracciones se distanciaban en lugar de aproximarse, pues me pusieron un gotero con oxitocina para hacerle saber a mi cuerpo que estaba de parto. Y ahí si que ya las contracciones empezaron a ser palabras mayores. Así que supliqué que me dieran drogas fuertes cual yonki con el síndrome de abstinencia. Una, que es así de delicada y lo de sufrir no lo lleva bien.

Un pinchacito bastante doloroso (pero nada comparado con las contracciones) después, me dieron un botón mágico y me dijeron que lo pulsara siempre que lo necesitara para incrementar la dosis de anestesia. Que no había problema por darme 4 dosis seguidas si me hacía falta, que tenía un límite de seguridad, así que podía pulsar sin miedo. Y me hicieron una mujer muy feliz. Unos minutos después ya estaba yo durmiendo tan tranquila e inconsciente de lo que pudiera estar sucediendo de cintura para abajo con mi cuerpo.

Un montón de horas y varios incrementos en oxitocina después (mi cuerpo seguía haciéndose el longuis), parecía que el dolor había superado el umbral de la epidural. Y no veas lo que dolía. Si no llego a tener anestesia creo que para ese momento ya me habría dado un jamacuco. Cuando pregunté si no tenían nada todavía más fuerte, me dijeron que es que había llegado la hora de empujar y en realidad no era dolor, sino presión. Estuve a punto de gritarles que si eso no era dolor que les iba yo a soltar un revés bien dado para que supieran lo que se siente con la presión de las narices. Por suerte no fue necesario, y con los cambios de postura parece que el dolor se dispersó un poco y al menos fue manejable (os recuerdo, con la epidural puesta). Y nada, a empujar se ha dicho. Que muchos no los sabréis (sobre todo los varones), pero ese empujar, es el mismo empujar que haces cuando estás estreñido, aunque lo que estás intentando sacar de tu cuerpo sea un poco más grande.

Y nada, que yo empujaba, pero el pequeño no parecía querer salir. Resulta que venía mirando hacia la salida, en lugar de tener la barbilla pegada al pecho como los niños normales. Que supongo que no se quería perder nada de lo que estaba pasando, ya que le estaban obligando a abandonar su mullido rincón. Y pasaron algunas horas más, en las que me iban moviendo cual ballena varada para ver si en distintas posturas el baby decidía dejar de mirar la luz al final del túnel. Pero no. Ha salido cabezota como su padre, y no había nada que hacer. Así que me dieron otras drogas aún más duras (yija!!) y lo sacaron a la fuerza. Por el camino me rompí un poco, y tuvieron que rehacerme, pero oye, que ni un cosquilleo sentí. Para que luego digan que las drogas son malas.

Y después de todo eso, me pregunto como hay gente tan loca como para rechazar la epidural y querer un parto totalmente natural. Elegir el dolor pudiendo no sentirlo… hay que ser masoquista. Pero oye, que aquí todos tenemos nuestras locuras y cada uno las expresa a su manera. Así que si ellas quieren pasar ese dolor para sentirse mejor con ellas mismas y aumentar su autoestima, pues allá ellas. Lo respeto. Pero no lo compartiría ni en sueños, líbreme diosa. Que aquí a una lo de sufrir por sufrir no se le da nada bien, y de tonta no tengo un pelo, que para algo tengo un Nature 😉

Así que desde aquí os digo:

La epidural es buena, ¡que viva la epidural!

Yo embarazada

P.D. Sí, la de la foto soy yo.

Mis dos partos

Publicado: 14 septiembre, 2014 en Estudios antropológicos, Locuras, Mi vida es así

Sé que algunos estabais esperando con ansia esta entrada. Tal vez uno o dos de mis lectores asiduos, pero eso ya son algunos. Si tenemos en cuenta que uno o dos es prácticamente el número total de lectores asiduos que tiene este blog, eso me permite decir que casi la totalidad de lectores de este blog estaba esperando esta entrada… Interesante como funciona esto de la estadística, ¿verdad? Ya me puedo meter en política, seguro que triunfo.

Bueno, a lo que íbamos, que el 27 de Julio tuve mi primer parto online, el de un artículo en Nature que se publicará en la revista el 25 de Septiembre y del que todos están tremendamente orgullosos. Incluida yo, faltaría más. Hasta han puesto mi foto por algún periódico local que otro, exaltando a los científicos expatriados que triunfamos en el extranjero. Porque aunque está mal que yo lo diga, un Nature es un gran triunfo en mi carrera científica. Tanto, que no tengo intención de repetir tamaña hazaña en lo que me queda de vida, que no quiero ser egoísta. Hay que dejar algo para los demás también.

Pero lo más importante es que el 3 de Septiembre, y tras una larga espera, tuve mi segundo parto. Un baby boy precioso. Y digo larga espera, porque como es lógico viniendo de unos padres tan gandules e indolentes, ha salido remolón, y se hizo esperar unos cuántos días. Más de una semana, para ser precisos. Y no solo eso. Una vez roto aguas, todavía tardó 35 horas en decidirse a salir. Con lo a gusto y calentito que estaba él ahí dentro, lo tuvieron que sacar a la fuerza. Me imagino yo en el sofá, una tarde lluviosa de invierno, con mucho frío, y no me extraña nada que lo tuvieran que obligar a salir. Yo también me resistiría.

Y aquí estamos desde entonces, aprendiendo a conocernos. Escuchando de fondo el renegar constante de los abuelos, que parece que no descansan ni para dormir. Bueno, sí, descansan para babear sobre el nieto siempre que pueden, como es normal, y para seguir discutiendo a ver a quién le toca cogerlo. Con esa banda sonora y la que tenga a bien ponernos el Spotify, el pequeño y yo vamos intimando en un ciclo sin fin de teta/pañales/dormir, en el que el orden de los factores no altera el producto. A veces incluso combinados de dos en dos. A veces con carencia de ese último. A veces con llantos inconsolables por culpa de los gases. Parece mentira la cantidad de gas que se puede acumular en una cosa tan pequeña.

Y, mientras, el mundo sigue su ritmo ahí fuera, al otro lado de la ventana. No se ha detenido por nosotros. Porque somos simples motas de polvo en el universo, y nuestras vidas son insignificantes para el conjunto, al igual que la mayoría de las veces, las vidas del conjunto son totalmente insustanciales para nosotros. Cada uno viviendo en su propia burbuja. La mía ahora esta compuesta de un bebé chiquitito que me mira con ojos limpios, y al que se le escapan sonrisas sin saber lo que significan. Además de un husband que nos mima a los dos por igual, y al que un bebé en brazos hace todavía más atractivo, si cabe. Y yo me quedaría en esta burbuja para siempre, disfrutando de lo que más quiero, al margen del mundo real. Aunque sé que no puede ser, y que la vida real me exigirá que vuelva en unas pocas, muy pocas, semanas.

Me dijeron que tener hijos era muy duro, que dan muchas preocupaciones, y mucho trabajo. Que se pasa mucho sueño, y que ya nunca puedes volver a relajarte totalmente, siempre preocupado por ellos. Pero por alguna razón, a la mayoría se les olvida decirte que probablemente es lo mejor que te puede pasar en la vida. He pasado noches sin dormir por irme de fiesta. He pasado resacas horribles por un rato de diversión, y hasta he salido estando enferma. Pero puedo asegurar que nunca había pasado dolores, malestares y sueño con más gusto que ahora. Porque cuando llega un rato de calma, y esa cosa pequeña se duerme en tus brazos, y sonríe en sueños, o hace pucheros, te sale amor por las orejas. Y tu ya no quieres estar en ningún otro sitio del mundo si no es con él.

Y así, lectores míos, me he convertido en una madre ñoña más, que caga amor y vomita arcoíris cuando mira a su bebé. Y las 35 horas de parto, los fórceps y los puntos se quedan en un recuerdo lejano y borroso por el que volvería a pasar 100 veces si al final el premio es este precioso baby boy que es feliz comiendo y durmiendo en mis brazos.

Bienvenido al mundo, Gael.

Baby boy

Érase una vez una mujer a una barriga pegada. Soy una nave nodriza en estos momentos, como ya os conté. Con lo pequeñita que soy parece que voy a explotar, pero en realidad todavía me quedan un par de meses de engordar a eso de medio kilo por semana… Y no, no voy a colgar fotos por mucho que supliquéis.

Pero quitando todas las molestias del embarazo (que son muchas y muy variadas, pero no me voy a regodear en ello), el hecho de no poder moverme con soltura, y no ser dueña de mi cuerpo durante meses, mi vida va bastante bien. Sí, seguimos estando un poco hasta los mismísimos de los EEUU y su falta de vacaciones y/o días festivos, no os voy a engañar. Pero con el calor que está haciendo, un helado y una piscina, pues todo se lleva como mejor, ¿no creéis?

nature_coverEl caso es que aquí, la menda, esa que todavía no está segura cómo ha acabado por estos lares y haciendo lo que hace, va a publicar un artículo en Nature. ¿Qué es eso? Os estaréis preguntando la mayoría de los mortales (que seréis 5 o 6 porque el resto tendrá cosas mejor que hacer que leer las tonterías que escribo). Pues es una de las mejores (sino la mejor) revistas científicas que hay en el mercado. En el mercado científico, se entiende. La gente normal no lee cosas tan frikis. Muchos investigadores darían lo que fuera por publicar ahí. Iba a decir que darían un riñón, pero no me he parado a preguntar, y aunque hay mucha gente muy loca por el mundo, yo tengo la esperanza de que eso fuera exagerar demasiado.

¿Y cómo he llegado yo, YO, a ese nivel, en el que compiten los mejores? Pues no tengo ni la más remota idea. Mi flor en el culo, me imagino. Porque por muy bueno que sea mi jefe, esas cosas no se consiguen todos los días. Y menos gente como yo. Que no nos vamos a engañar, listica soy, pero tampoco me voy a comparar con los premios Nobel que rondan por ahí.

Pero es que encima eso no es todo. ¿Recordáis que tuve la oportunidad de irme a vivir y trabajar al caribe? ¿Y tuve que decir que no porque había una remota posibilidad de que acabara publicando en Nature, y porque soy así de buena (y pava), que no me hubiera sentido a gusto conmigo misma abandonando a mi jefe en la recta final del proyecto (que ha sido una recta bien larga, eso sí)? Pues resulta que hay bastantes posibilidades de que al final sí pueda irme. Se han quedado prendados de mi encanto (o de mi curriculum), y me han dicho que para el próximo enero es probable que haya otra vacante, y que es mía si la quiero… Si la quiero dicen…

Según mi jefe, después de un Nature es una pena malgastar mi talento (que parece que derrocho por todos los poros de la piel, quién lo diría) en un sitio en el que no voy a poder desarrollar completamente todo mi potencial. En otras palabras, que si me voy al caribe, nunca llegaré a conseguir un puesto de importancia en investigación. Más que nada porque en el caribe ya se sabe que la gente apenas trabaja (que es parte de su atractivo, no me digáis que no).

Y ahí entran en conflicto nuestras opuestas visiones del mundo. Yo solo quiero un trabajo estable, por el que no tenga que pasarme otros 5 años matándome a trabajar (es un decir, que tampoco me he matado tanto) y sacrificando mucho del tiempo que me gustaría pasar con este bicho que llevo dentro. Quiero un sitio en el que no se espere de mi que dedique mi vida a mi trabajo. Quiero ser capaz de anteponer mis necesidades a las de mi carrera. Mientras, mi jefe está convencido de que todo el mundo prefiere llegar a lo más alto, conseguir el mejor sueldo y prestigio. Sobre todo alguien que tiene el potencial para hacerlo como yo (ejem, ejem). Viven bajo la máxima de que lo mejor es acumular mucho dinero, aunque luego no tengas tiempo de gastarlo, para poder vivir tranquilo y sin aprietos. Y yo pienso que es mejor vivir con lo justo, pero disfrutar de la vida, que solo tenemos una y se está gastando muy rápido. Y trabajar puede ser satisfactorio a veces, pero no te da la alegría y la felicidad de vivir que te dan unas vacaciones en la playa. Al menos a mi.

Así que nada, aquí estoy, tomando complicadas decisiones que afectarán a mi futuro y al de los que se vienen conmigo, que en un par de meses serán dos. Voy a consultarlo con ambos. Una patada es sí, cuatrocientas seguidas es no. Y no, eso no vale para mi husband. Para él lo cambiamos por mimos mejor.

Caribe

Sí, yo también os he echado mucho de menos. No tengo perdón por dejaros 5 meses sin mi sutil ingenio, sé que habéis sufrido infinito por mi ausencia y que no me lo vais a perdonar jamás. Pero por desgracia no puedo prometer ni prometo que no lo vuelva a hacer. Porque yo nunca he tenido madera de político. Eso de la hipocresía y el cinismo se me da fatal, prefiero el sarcasmo.

Pero supongo que os estaréis preguntando qué ha pasado para que haya hecho un kit-kat tal largo, con lo que yo he sido. Porque morir no me he podido morir, que he vuelto, y lo de que os escriba desde el más allá ya está muy visto y no os lo creeriais. Y si me hubiera sucedido algo horrible que me hubiera tenido en coma en el hospital, probablemente no hubiera empezado el post así de graciosa (o sí, nunca se sabe). No tengo excusa que valga, así que no voy a engañaros (no más de lo normal, al menos): no he escrito porque no tenía ganas. Algunos días me sentía culpable por no escribir, pero me encontraba mal, y cuando me duele algo no escribo bien. Que cuando no me duele nada tampoco escribo bien, pero como me queda todo más gracioso, la mayoría no se da cuenta.

Bueno, que me lío, que no he escrito antes porque me han hecho un bombo, que algunos ya lo habréis deducido por el título del post. Uno bien grande, todo hay que decirlo. Estoy de 5 meses y medio y parece que voy a estallar ya, no me quiero imaginar como me voy a poner con 9 meses. Y sí, sé que estar preñada no es razón para dejar de escribir, que no se nos nubla el entendimiento ni nada (al menos no demasiado). Pero hay algo que sólo te comentan por encima antes de quedarte embarazada y lo dicen así como con la boca pequeña… lo horrible que puede ser el primer trimestre. Porque a todos nos suena de algo lo de las “náuseas matutinas”. Pero lo que no te dicen es que de matutinas tienen bien poco. Porque lo mismo te pones a vomitar a las 8 de la mañana que a las 10 de la noche. Y algunas, como yo, lo hacemos las dos veces, no vaya a ser que la primera no lo hayamos echado todo bien. Y ya puestos, también a media tarde, que la hora de la siesta es muy mala. Y no os vayáis a creer que entre nausea y nausea todo es jolgorio y alegría, que el resto del día te lo puedes pasar tranquilamente aguantando las ganas de vomitar también el resto del tiempo. Eso sí, se me quedó un tipín precioso, que pude disfrutar unas dos semanas enteras, entre que se me pasaron las náuseas y empezó a crecerme la barriga.

Y esa es mi miserable excusa, que pasaba de intentar concentrarme para escribir mis desventuras, porque de todos modos hubieran parecido más como un diario personal:

–       Son las 9 de la mañana, y todavía no he podido levantarme de la cama. Creo que en cuanto ponga el pie en el suelo se va a abrir la compuerta vomitil y ya no va a cerrarse hasta dos horas después. Mi jefe debe estar la mar de contento conmigo en estos momentos.

–       Son las 10 de la noche, y no sé si arriesgarme a trasladarme del sofá a la cama. Probablemente sea mejor que duerma aquí aunque me destroce la espalda, así no me muevo y no tentamos a la suerte. Lo de lavarme los dientes ya lo he descartado, mejor no dejar que nada se acerque a mi boca en tres meses.

Y así me pasé unas maravillosas 7 u 8 semanas. Muy entretenido todo. Lo peor fue no poder quejarme, porque encima me lo había auto-infligido yo. Maldito reloj biológico y el cab*** que lo inventó.

Y estaréis pensando… de 8 semanas a 5 meses va un trecho, ¿no? Pues sí, pero junta esas 8 semanas casi sin trabajar de lo malísima que estaba (pero sin baja laboral, que en los EEUU no tienen de esas cosas tan modernas), con otras 4 semanas de intentar recuperar el tiempo perdido en el trabajo porque teníamos deadlines que cumplir, con otras 3 semanas de congreso científico/vacaciones en España, más el tiempo que suelo tardar en escribir… y ¡voilá! te salen 5 meses (los que seáis de ciencias no digáis nada, que dos más dos son cinco porque lo digo yo y punto).

Así que nada, que me uno al club de las malasmadres ese en breve, a ver si me aceptan antes de que nazca el enano. Pero no por elección propia. En mi caso va a ser obligado porque sólo me dan 6 semanas de baja maternal (y gracias les tengo que dar porque sean tantas…). Que el sueño americano este está muy bien, siempre que no te pongas enfermo o se te ocurra tener familia, o vida social… O vida, punto.

Y nada, que va a ser un niño. Preciosísimo por supuesto, que para algo va a ser mío y a mis ojos será lo más bonito del mundo entero (espero que no me hayan engañado miserablemente con eso también). Intentaré no escribir posts sopesando las ventajas e inconvenientes de cada una de las marcas de pañales, pero como ya os he dicho, no prometo nada.

 

Ecografía

He tomado prestado el título de aquí, espero que no les moleste, aunque seguro que me agradecen la publicidad que les hago (como si este blog lo leyeran hordas de gente…).

Y sí, lo reconozco, la culpa es totalmente mía, por leer estas cosas. ¿Quién me manda a mí? Así que pido disculpas, pues ya se que es la segunda vez que hablo de ese blog. ¡Pero es que no tiene desperdicio! No me había reído tanto desde… bueno, desde ayer mismo que me dio un ataque de risa sin sentido a la hora de irme a dormir, y me pasé 5 minutos partiéndome la caja yo sola.

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Masturbación femenina

Me disperso, a lo que iba. Que las mujeres de verdad no se masturban. Lo siento chicas, no somos mujeres de verdad. Probablemente no haya muchas mujeres de verdad sueltas por el mundo si esa es la condición principal. De hecho… ¿quién querría ser una mujer de verdad? Es como lo de que las chicas buenas van al cielo, sí, pero las malas se lo pasan de miedo.

La masturbación reduce a las mujeres a simples adictas a la búsqueda de placer y cretinas sólo un poco mejor que los sodomitas más perversos que están al acecho en esta tierra.”  Madremiamadremiamadremia. Cómo se pone el personal. La verdad es que he tenido que investigar un poco para ver si el blog era real o una parodia, porque me parecía demasiado subrealista. Pero parece que sí, que hay una iglesia/religión/secta/enfermedad mental así de radical. Supongo que todos los que pertenecen a ella son unos amargados y deprimidos que no tienen ni idea de cómo divertirse. Y les da tanta envidia que los demás sí sepan, que su meta en la vida es convertir a todos los demás también en amargados y deprimidos para poder compartir así todos juntos sus miserias. Porque sino no le encuentro otra explicación. Bueno, los hombres salen más favorecidos que las mujeres por lo que he leído, pero aún así… Muy divertido no tiene que ser.

Así que ya me había convencido de que debía ser de coña, o que los pocos que hacen caso a todo eso están (terriblemente) mal de la cabeza, cuando me encontré con esto. Que no lo estoy poniendo al mismo nivel que los locos de arriba (sería imposible), pero algo se le parece. Resulta que una italiana ha escrito un libro titulado ‘Cásate y sé sumisa’. Supongo que lo habréis escuchado por las noticias, ha dado bastante que hablar cuando se ha publicado en España. Sólo con el título ya apunta maneras, ¿verdad?. Pero es que a mi me gusta pensar bien de la gente (así me va…), así que me leí la entrevista que le habían hecho a la autora para reafirmarme que todo había sido una exageración, consecuencia del tremendismo al que tiende la gente.

La autora cuenta que ha escrito algunas ideas que ha discutido con sus amig@s para que el matrimonio funcione, y en todas sus respuestas habla de que lo que hay que hacer es amar y respetar y aceptar al otro como es, sin imponer nada. Y resulta tiene su propia definición de sumisa (que no coincide en nada con la que hay en el diccionario) así que no entiende el revuelo que se ha montado: “Creo que [sumisa] significa renunciar al deseo de querer cambiar a la gente, de querer imponer una visión del mundo a todos los que te rodean. Esa es siempre la tentación de las mujeres”. La mujer se ha inventado una definición nueva para sumisa (ole tus huevos), simplemente porque la definición del diccionario (Obediente, subordinado/Rendido, subyugado, según la RAE) no cuadra con la idea que ella tiene de la biblia (cosa que los religiosos hacen a menudo cuando no les gusta lo que leen en las escrituras sagradas).
Pero con lo que cuenta en esa entrevista y con la nueva definición de la palabra sumisa, el libro podría no ser lo que parecía que era, una apología del machismo. Así que pensé que había alguna posibilidad de que no fuera tan radical como decían.

Y entonces apareció esto. Que son frases extraídas del libro. A ver, que se han sacado de contexto, sí. Pero dime tú en que contexto esto puede no ser machista:

-“La mujer está perdida cuando se olvida de quién es. La mujer es, principalmente, esposa y madre”

-“La mujer lleva inscrita la obediencia en su interior. El hombre, en cambio, lleva la vocación de la libertad y de la guía” (creo que yo soy hombre…)

-“Debes someterte a él. Cuando tengáis que elegir entre lo que te gusta a ti y lo que le gusta a él, elige a su favor””

Y mi preferida:

-“¿Tengo que darle la razón aun cuando no la tenga? Yo diría que sí”

Buena esposa_Franquismo

¿Hemos vuelto unos 100 años atrás en un momento sin que me diera cuenta o es que yo estoy demasiado adelantada para mi época? A ver, que yo se que la iglesia es machista y eso no lo va a cambiar nadie, por desgracia. También sé que sigue teniendo mucho poder y hay mucha gente que se sigue creyendo esa serie de patrañas que se han inventado para poder dominar el mundo. Pero es que me alucina pensar que hay mujeres jóvenes que todavía piensan así, y encima están convencidas de que tienen razón. Culpa mía por no relacionarme más con gente del OPUS.

Para que alguien te quiera y te cuide tienes que eliminar tu personalidad y tu forma de pensar. Tienes que adoptar sus puntos de vista, su opinión. Hacer sólo lo que él quiera. Darle la razón en todo. Tú sólo sirves para cuidar de él y de tus hijos. Y así es como serás feliz. Con dos coj… Lo que me parece más fuerte es que son felices así (o al menos eso es lo que piensan ellas). Y consideran que es la clave de la felicidad. Que todos los problemas que tienen los demás vienen de que la mujer quiere tener el poder en la relación, y que es lógico que el hombre no esté de acuerdo con eso y se divorcie (o se lie a guantazos, pero esa es otra historia).

Y yo me pregunto… ¿luego se sorprenderán si sus maridos les ponen los cuernos? Porque vivir con alguien así tiene que ser extremadamente aburrido. Sin opiniones propias, sin deseos propios, sin objetivos. (Otra frase suya: “Con seguridad, hace falta aprender a reducir la propias expectativas“, hablando solo de la mujer, claro).

Así que ya no sé a qué hacerle caso, a la entrevista o a las frases del libro. Tendré que leérmelo completo para entenderlo bien todo y poder opinar con convicción. Si me convierto en una de ellas, por favor, no dudéis en soltarme una galleta bien dada. Yo que me había alegrado cuando me dijeron que en Méjico el hombre siempre tiene la última palabra, que es: ‘Lo que tu digas, cariño’.

Bueno, por supuesto cabe la posibilidad de que la que esté equivocada aquí sea yo, así que voy avisando por si acaso: Husban mío de mis amores, si esta mujer tiene razón, siento decirte que nuestro matrimonio está abocado al fracaso. Vamos a ser muy infelices, porque soy una egoísta e impongo mis deseos y mis opiniones y te hago cocinar. Ya decía yo que esta falta total de discusiones no debía ser normal en un matrimonio. Los ataques de risa que me dan de vez en cuando son una señal clarísima del diablo de que lo estamos haciendo todo mal. Voy a ver si encuentro algún psicólogo para hacer terapia de pareja y que nos diga todos nuestros fallos. Aunque a lo mejor si me memorizo ese libro (o ya puestos el blog radical) se solucionarán todos los problemas que no tenemos… ¿tú que piensas?

Odio el frío

Publicado: 18 noviembre, 2013 en Locuras, Mi vida es así
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frioPara alguien que ha nacido en Galicia, es un poco irónico, lo reconozco. Pero lo odio, con todas mis fuerzas. En este caso una infancia junto al Mediterráneo ha prevalecido sobre la genética

Cuando oigo a gente decir que con el frío se sienten vivos, que es mejor el frío que el calor porque con el frío simplemente tienes que abrigarte y que el calor cansa… Me dan ganas de repartir leches con la mano abierta. Debe ser que su cuerpo reacciona de forma muy distinta al mío. Porque a mi me duele tener frío. A lo mejor es porque soy minúscula y no retengo bien el calor, o quizá mi sistema de regulación interno de la temperatura viene defectuoso de fábrica. Pero lo paso mal.

Recuerdo cuando fui a comprarme un nórdico por primera vez. Estaría yo cerca de la mayoría de edad. Entramos en la tienda y pregunté por el nórdico más abrigado que tenían.

–       ‘Pues para aquí (Murcia) tenemos unos que funcionan muy bien, para temperaturas medias…’ – Me contesta la dependienta, muy maja ella. [Bueno, he hecho una traducción al español, en realidad fue algo más así: ‘Pueh paquí tenemoh unoh que funciona mu bienh, pa temperaturah mediah’, pero vosotros me entendéis].

–        ‘Te he pedido el más abrigado, no el que mejor funcione.’ – la interrumpo.

–       ‘Pero lo vas a usar aquí, ¿no?’.

–       ‘Eso es irrelevante’.

–       ‘Pues es que tenemos uno solo más abrigado que esos, pero es para sitios más del norte o las montañas, porque es para temperaturas muy bajas…’.

–       ‘Mira, ese me va perfecto’.

–       ‘Yo no te lo recomendaría, en serio, que vas a pasar mucho calor’.

–       ‘No te preocupes que sé lo que me hago’.

Y a casa me fui con mi nórdico nuevo más feliz que una perdiz. Ahora estaréis pensando ‘pues se habrá asfixiado…’. ¿Me creeríais si os digo que alguna vez he tenido que echarme una manta extra encima del nórdico? Sí, en Murcia. En Murcia capital, no en Sierra Espuña. Y tan feliz. Sopesé muy seriamente traérmelo a USA, pero era más caro transportarlo que comprarme uno nuevo, así que, muy a mi pesar, tuve que desechar la idea. A esos extremos llego.IMG_9144

Yo debería haber nacido en Canarias o algo así. Mira que Murcia parecería un buen sitio para vivir, con un verano que dura unos 8 meses y un invierno de tres semanas. Pero sigue siendo frío para mis estándares. Porque con la excusa de que no hace frío, las casas no tienen calefacción y no retienen bien el calor. Y tampoco tenemos ropa de abrigo. Como no vayas a la sección deportiva, en la parte de deportes de invierno, olvídate de encontrar ropa de invierno, de la de verdad. Nosotros solo tenemos ropa de entretiempo, como lo llamaba mi madre. Así que el abrigo que llevas las únicas dos noches que hace -6º, es el mismo que te pones con 15. Y así, no. Que yo al final paso más frío en esas tres semanas de NO-invierno que el que supuestamente pasaría en el norte. O eso dicen. Yo no acabo de creérmelo.

Por suerte cuando me tocó venirme a USA no salí mal parada. No es Murcia, pero tampoco hace demasiado “frío”. O eso me aseguran, porque yo lo paso mal igual. Y es que es un poco vergonzoso ir con gorro, bufanda y guantes cuando hay gente todavía en pantalón corto, pero oye… ande yo caliente… Se supone que tendría fácil arreglo, no salir a la calle, y punto. En Murcia sí que era fácil, tres semanas de hibernación y vuelta al verano. Pero aquí puede durar unos 6 meses el invierno (o más), así que ya me podéis llamar por mi segundo nombre: Ermitaña. Menos mal que ya no me gustaba la gente de antes, sino iba a pensar que me estaba volviendo huraña por momentos. Mi sofá, mi manta y yo somos uno, y uno muy feliz, todo sea dicho. Y si me estoy perdiendo cosas geniales que solo ocurren durante el invierno… Pues oye, ¿qué le voy a hacer? A mí el viento cortante en la cara, pues como que no me gusta. Y el que se me congelen las orejas me da dolor de cabeza. Y tampoco me facilitan el ir envuelta como un esquimal, con capas y capas de ropa, porque luego entras en cualquier sitio y tienen la calefacción muy alta. Así que la opción de llevar el pijama por debajo de los vaqueros tampoco es muy satisfactoria…  Son crueles conmigo.

Por todo eso, he decidido que me merezco un respiro de esta tortura. Me voy al Caribe una semana para ir haciéndome a la idea de que ‘Winter is coming’.  Os doy permiso a odiarme todo lo que queráis. Yo también lo haría. ¡Nos vemos pronto!

 

Gato-sol

 

 

 

Madredelamorhermoso

Publicado: 17 octubre, 2013 en Locuras, Mi vida es así
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Tener que tomar decisiones que sabes que van a cambiar totalmente tu futuro, no es agradable (por no decir que es una putada). En ocasiones veo muertos lo tienes muy claro: es algo que deseas con todas tus fuerzas y que va a revolucionar toda tu vida, y es el momento oportuno. No hay vacilación. Pero otras veces, a pesar de querer algo y saber que es una oportunidad única, no puedes elegir esa opción sin antes sopesar las consecuencias. Puede que sea lo que quieres, y te lo están dando en bandeja, pero a lo mejor no es el momento adecuado, o tienes otros compromisos que deberías cumplir antes de dar ese paso, o alguna situación personal te lo impide. Y ahí empieza el dolor de cabeza.

omg-baby¿Y por qué os cuento yo este rollo? Pues porque resulta que me han ofrecido un trabajo buenísimo. Profesora de universidad, colaborando para instaurar el programa de doctorado de Biología Molecular desde cero… y en el caribe!!!!! OH MY FU*#ING GOOOOD!!!! Es mi trabajo perfecto, yo quiero ser profesora de universidad, pero es que si encima me quieren para diseñar la línea de investigación, organizar proyectos, dirigir tesis… Pues lo flipo en colores. Porque en el fondo debo ser buena para que me ofrezcan algo así, o al menos mis dotes artísticas para disimularlo son la leche. Que aquí una sigue pensando que es una impostora. Pero si me dan un puesto de ‘jefa’, pues ya seré la Impostora, con mayúsculas. Pero lo mejor de todo, es que es todo en español, y en una isla del caribe… Me va a dar un algo…

Y os estaréis preguntando (porque yo también me lo pregunto), ‘Y que coño tienes que pensar!??!?!?!’. Pues eso digo yo… Pero sí, tengo que pensar, cosa que no se me da demasiado bien.
Resulta que yo me vine a los EEUU porque mi jefe necesitaba terminar un proyecto muy interesante que dos personas habían intentado sacar adelante pero habían desistido por no conseguir resultados. Y ahí entré en escena yo. Era algo muy similar a lo que había hecho durante mi tesis, así que me contrató esperando que yo solucionara todos los problemas. Y sorprendentemente todo fue como la seda, hemos tenido un montón de resultados muy chulos, y hemos escrito un artículo buenísimo. Y como mi jefe es quién es, y el proyecto lo vale, pues lo hemos enviado a Nature para que nos lo publiquen. Con dos coj… El caso es que todavía estamos esperando la respuesta del editor. Los que seáis del gremio, sabréis que una revista científica como esa no acepta cualquier artículo, y los que acepta los suele someter a duras revisiones en las que se suelen pedir muchos experimentos extra. Como todas las demás revistas, pero peor. Así que lo mismo me tengo que pasar otros 6 y 8 meses haciendo experimentos para que lo acepten. O puede que lo rechacen y tengamos que probar suerte en otra revista, esperar otro mes o mes y medio para obtener respuesta y vuelta a empezar. El caso es que esto suele llevar tiempo. Y es justo lo que yo no tengo, porque mi trabajo soñado me obligaría a empezar en Enero.

Algunos me dicen, ¿para que quieres el Nature si ya has conseguido el trabajo que buscas? Y no les falta razón. Pero no es que quiera el Nature (que por supuesto lo quiero, es lo mejor que voy a publicar en mi vida, aunque al final no sea en Nature), es que cuando acepté el contrato de mi jefe, me comprometí, implícitamente, a avanzar el proyecto y publicar este artículo. Y si se me ocurre largarme antes de que esté aceptado, la ira de mi jefe caerá sobre mi (metafórica- y no tan metafóricamente). No sólo eso, mi directora de tesis es colega de mi jefe, y su grupo ha colaborado con nosotros. También los estaría dejando a ellos en la estacada. Y no es sólo que no me guste decepcionar al personal, es que estaría cabreando a un montón de gente a la que probablemente tendré que pedir ayuda en algún momento del futuro.

Así que aquí estoy, mordiéndome las uñas en sentido figurado (puaj, que asco), esperando una respuesta que puede cambiar mi vida, o dejarme donde estoy pero encima resentida. Qué vida más dura tengo, que a lo peor tengo que decidir entre el trabajo fijo que todos queremos, o publicar un Nature (que se dice pronto). Ya sé que me estáis odiando ahora mismo, no os guardo rencor, yo también lo haría. Lo gracioso es que no sé cómo he llegado a esta situación. Yo pensaba que estas oportunidades solo las tenían los que trabajaban duro de verdad y se dejaban la piel y la vida en el laboratorio. Mi flor en el culo [que se merece un post aparte] ha debido crecer en la misma medida en la que yo he ido engordando por culpa del matrimonio. Me lo tendré que hacer mirar…

Yo_kiero_un_flor_en_el_culo_by_YGARZA

La vida da muchas vueltas. Y el mundo es un pañuelo. Y cuando el río suena agua lleva, pero este último no pinta nada en este post, era solo por rellenar.

Os voy a contar una de esas historias que sólo pasan muy de vez en cuando, y normalmente al conocido de algún amigo. Que parece que todos nuestros amigos tienen siempre los mismos conocidos, porque al final las historias son siempre las mismas. ¿Y si resulta que al final somos todos primos segundos y no lo sabemos?

Pinguinos Polo Norte_800Bueno, a lo que iba, que me despisto. Ya sabéis que yo me mudé al otro lado del charco hace más o menos año y medio (madremiamadremiamadremia como pasa el tiempo). Y desde que estoy aquí creo que he conocido a más españoles que estadounidenses… Porque somos una plaga y además nos agregamos cual pingüinos en invierno. Principalmente porque la gente de este país es una esaboría, como diríamos en mi tierra (y al parecer en Andalucía también). El caso es que yo no he ido en ningún momento a la caza y captura del español. Que yo ya tengo aprendido lo de que si no te relacionas con ellos, no aprendes su idioma. Pero tampoco es que se dejen relacionar demasiado, todo sea dicho. Así que acabamos siempre rodeados de españoles.

El caso es que hace casi un año me dio uno de esos caprichos transitorios que nos dan a las mujeres de vez en cuando (o a lo mejor solo a mi). Y yo necesitaba salir a bailar esa noche, como fuera. Así que busqué algún sitio en el que me pusieran salsa, y en el que no me fuera a morir del asco (al menos no mucho). Encontré un local (por llamarlo de alguna manera) en el pueblo de al lado, en el que hacían una minifiesta, con espectáculo y todo (vamos a dejarlo como espectáculo, que tampoco hay que ponerse muy quisquilloso). Nos colocamos cerca de la puerta, por si necesitábamos salir corriendo en algún momento, que con esta gente nunca se sabe. Bailamos un par de canciones o tres. Nos sentamos a reposar de los codazos y empujones. Y es entonces cuando veo a una cara familiar que viene directa a mi con el turbo puesto, atravesando el enjambre de bailarines (es por darle un poco de emoción, en realidad venía tan tranquila). Intento hacer funcionar mi cabeza a toda pastilla…, pero nunca me funciona. No sólo porque tengo mala memoria (pésima), es que encima soy incapaz de reconocer a alguien si me lo cambian de contexto (os podría contar muchas otras anécdotas muy entretenidas). Así que yo pongo mi sonrisa adorable como siempre, para que, si no respondo, piensen que soy lenta o algo, pero no que no los reconozco. Todo sea por no herir los sentimientos de los demás.

bebe-cara-graciosa

Y la muchacha me dice:
‘Eres Silvia, ¿no? Qué fuerte qué fuerte, ¿que estás haciendo aquí?’ (O algo parecido, no me pidáis que lo recuerde al pie de la letra después de un año).

La sorpresa me la llevé porque todo eso me lo dijo en español. A veces me meto tanto en el papel americano, que cuando me hablan en español no me doy cuenta de que es español y no reacciono, pero esa vez sí. Se me puso cara de… ¿ein? Como la de la foto más o menos…

‘Que sí mujer, de Murcia, ¡de la carrera!’

En ese momento mi cerebro hizo ‘clic’ y pude relacionar a las dos personas. Lo que por supuesto no ayudó a que mi expresión de extrema sorpresa cambiara. Imagina encontrarte en un antro minúsculo de un pueblo perdido de la mano de dios, en un continente diferente, 7 años después, a una compañera de carrera. Pues sí, impacta. De ahí lo de que el mundo sea un pañuelo.

Resulta que se había venido un poco a la aventura con su pareja, casi unos 5 años atrás. Y los dos encontraron trabajo. Cosa que ahora parecería imposible, tal y como están con los visados. Y llevaba 4 años haciendo el doctorado en la universidad del pueblo de al lado. Porque EEUU es tan pequeño, que no teníamos más opción que acabar en pueblos vecinos.

Pero este verano, tras leer la tesis, han vuelto a España. Puede que se queden, puede que no. Pero lo que me ha hecho pensar (cosa rara en mi) es que cuando yo todavía me estoy adaptando, ellos ya han vuelto. Porque cada uno tiene su ritmo, y elige su momento. Y por eso la vida da muchas vueltas. Nunca sabes cuando te va a tocar a ti. Ni si te va a tocar. Ni si elegirás esa opción en caso de que te toque. Mi husband rechazó, hace como mil años (o 10, pero es para recordarle que se hace viejo…), una beca para venirse a EEUU durante un año. Y a pesar de no haber elegido la opción de aventura hace tiempo, la eligió el año pasado para venirse conmigo. Y puede que dentro de dos años acabemos en la Conchinchina, porque no veo que me estéis arreglando el país para que yo pueda volver.

Nunca se sabe dónde va a acabar uno. Y si lo sabes, ¿no te parece aburrido? Saber que tu vida va a ser exactamente igual, en el mismo sitio, con la misma gente, para siempre. Eso que llaman estabilidad, a mi me da agobio. Pero quizá sea porque todavía no he encontrado el sitio perfecto, con el trabajo perfecto. Y aunque sí tengo a la gente perfecta, necesito concretar mis otras variables para poder asentarme. Porque para siempre es mucho tiempo. Y aunque el tiempo pasa volando, mi inquietud y desasosiego también llegan rápido. Echadle la culpa a mi padre, que nos enseñó que puedes encontrar un hogar y nuevos amigos allá donde vayas. Aunque eso último era mucho más fácil a los diez años cuando solo tenías que preguntar: ¿juegas?