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Feliz aniversario

Publicado: 5 junio, 2017 en Sin categoría

Cinco años. Tres países. Dos hijos.

Cinco años de matrimonio, seis de relación. No es mucho tiempo en una historia de amor. Aunque parece una eternidad, teniendo en cuenta que nos conocimos ayer.

Desde el primer momento no fue una historia de amor convencional. Yo hice lo posible por evitarte, por evitar a ese extraño de cabello rizado haciéndome reír. Unas pocas galletas de chocolate me convencieron de que no valía la pena resistirse. Un viaje a París lo hizo inevitable. En pocos meses decidiste que merecía la pena abandonarlo todo por mí. Me seguiste a un futuro incierto, que ha resultado más seguro que si nos hubiésemos quedado.

En este poco tiempo, o en esta eternidad, hemos creado dos pequeños seres vivos, cada uno nacido en un país diferente. Diferente entre ellos y diferente al nuestro. Hemos formado un equipo inseparable, enriquecido por la variedad. Una pequeña isla de tranquilidad y felicidad enfrentada a un mundo que vamos cambiando por voluntad propia cada poco tiempo, buscando nuestro nicho perfecto, nuestra burbuja irrompible. Evitando así el hastío de una rutina impuesta.

No sabemos dónde estaremos dentro de otro lustro, no sabemos qué nos deparará el futuro. ¿Seremos cinco? ¿Habremos cambiado de continente de nuevo? ¿Hablaremos otro idioma? Ya hemos comprobado que los planes es mejor ir adaptándolos para seguir la corriente. El río siempre llevará al mar, ¿para qué luchar? Sígueme, que yo te llevo. No nos ha ido nada mal hasta ahora.

¿Quién nos iba a decir hace seis años y un día, que hoy estaríamos aquí, comiendo cheesecake, en una isla del caribe, con un torbellino comiéndose mi porción y otro proto-torbellino intentando robar la cuchara?

¿Quién nos iba a decir, hace seis años y un día, que la felicidad no está donde la buscas? La felicidad la llevas dentro. Déjala salir.

Feliz aniversario, my love.

 

mylove

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Avatar

Hace un tiempo os conté que tanto mi familia como mi familia política habían empezado a leer mi blog (¿qué tal? ¿todos bien? ‘Insertar aquí una cara angelical’ 🙂 ). Eso me había provocado un pequeño receso en mi proceso creativo. Lo que implica que ahora suelo releer mis posts antes de darle a publicar, porque obviamente no es lo mismo escribir para completos desconocidos que para mis suegros (y eso que mis suegros son la mar de agradables 😉 ). Ya no puedo ir diciendo ‘cacaculopedopis’ tan libremente por las redes, porque todo se sabe. Y mi madre puede acabar comentando con mi suegra la barbaridad que su hija ha ido contando por aquí, que ella no me educó para esto. ¿Dónde han quedado los días de completo anonimato, cuando absolutamente nadie se molestaba en leer mis desvaríos varios?

Por fortuna no soy yo muy de avergonzarme ni de medir mucho mis palabras. No será la primera vez que un pensamiento ha escapado de mi cabeza sin filtro ninguno y me ha provocado algún que otro problemilla. Pero un blog tiene buena memoria y las palabras se quedan escritas. Y lo peor, que se pueden releer una y otra vez. Y mi madre podría echarme en cara aquel comentario que escribí en el 2010, porque no lo considera adecuado ni oportuno (suerte que mi madre no es así, loviu ma! :* ). Pero aunque no se note demasiado, ahora tengo en mente a toda esa gente a la hora de escribir, no se vayan a tomar mal alguna de mis barbaridades y me retiren la palabra o algo -insertar aquí otra cara angelical-. Y el proceso creativo se vuelve doblemente complejo. No solo tengo que intentar escribir algo gracioso y que merezca la pena perder un rato de nuestras ocupadas vidas en leerlo (cosa nada sencilla), sino que me veo obligada a evitar registros tan útiles como echarle siempre la culpa a la suegra de todo- insertar aquí cara doblemente angelical con ojos de gato con botas de Shrek-.

gato_shrek

El caso es que mi imperfectamente diseñado avatar, que tardé en fabricar un tiempo máximo de 5 minutazos, imaginando, con toda esta ingenuidad mía, que sería imposible rastrear mi verdadera identidad (o más bien, que nadie se molestaría en hacerlo), ha perdido totalmente su pretendida utilidad. Doctora Silvi ha salido de su escondite, o más bien me han echado a patadas. Mis recién estrenados alumnos han localizado, con pasmosa facilidad, mi blog. No es que estuviera escondido, ni mucho menos, pero había intentado mantenerlo al margen de mi buen nombre de científica responsable y trabajadora. Por disimular un poco. Porque con conocerme ya se sabe que de responsable y trabajadora tengo lo justo. Pero no solo han encontrado el blog, sino que encima se han leído estos desvaríos que tengo a bien plasmar en este mi rincón. Espero por su bien que se hayan quedado en los más recientes, que aunque la pinza se me va siempre bastante, un poco más contenida si he estado (¡gracias suegros!).

¿Con qué cara llego yo ahora a clase y les pido que me vean como a una figura de autoridad? ¿Cómo se respeta a alguien que ha escupido aquí todas sus intimidades sin ningún tipo de reparo? ¿Qué tipo de imagen puedo dar después de haber dicho ‘cacaculopedopis’? XD

Pues espero que me lo cuenten ellos, que son los que van a tener que hacerlo, porque si el hecho de que mi suegra me lea no me ha hecho sonrojarme, no creo que esto lo vaya a hacer. Faltaría más que a mi edad (22 años, por si os lo estáis preguntando… 🙂 ) intente corregirme y escribir de forma más políticamente correcta. Pero para la próxima vez ya sé que debería molestarme en crear un nombre falso un poco más trabajado que Doctora Silvi… Y sobre todo dejar de poner enlaces a sitios donde aparece mi verdadero nombre. La próxima vez que publique en Nature no os lo contaré XD

Eso sí, el nombre de Doctora Silvi me lo quedo, que así parece que mi doctorado sirve para algo más que para colgar el título de una pared… Eso el día que tenga un despacho, claro, mientras tanto guarda polvo en un cajón.

Así que bienvenidos, alumnos míos… Y con todo mi corazón os digo:

¡¡Dejad de leer tonterías en internet y dedicaos a estudiar!!

He dicho.

Ya no hay besos como los de antes– Antes se escribían cartas de amor interminables. Hoy se manda un wassap: TQ.

– Antes se cruzaba medio mundo en barco o a caballo para volver a reunirse con su amor. Hoy nos pensamos, y mucho, si merece la pena abandonarlo todo por una sola persona. Para que luego salga mal…

– Antes se moría de amor por alguien con quien no se había podido tener ni una sola conversación a solas. Hoy no se puede decir ‘te quiero’ demasiado pronto o se asustan (y salen corriendo con el rabo entre las piernas… oh wait!).

– Antes se lloraba toda una vida por un amor perdido. Hoy nos divorciamos y volvemos a casar con la misma facilidad con la que cambiamos de coche (o de bolso en el caso de las chicas).

Ya no hay amores como los de antes, es cierto. Y se echan de menos. Se echa de menos la pasión, la entrega, el morir de amor por una sola persona. No me digáis que no es romántico… moriiiiir de amoooooor. Beber los vientos por esa única persona, que es tu único mundo, tu única verdad (que pastelosa puedo llegar a ponerme…). Sentir tal sentimiento, que la vida sin ella no es vida ni es nada. Qué bonito… Y que patraña. Qué daño han echo las películas de Disney. Somos una generación engañada a base de pretty womans y ghosts. Nos han vendido el fuego sin decirnos que si lo tocas, quema.

Será que yo soy extremadamente racional, práctica y pragmática (y aburrida e insensible), que siempre he mirado con envida esa locura del amor de película. De pequeña me imaginaba suspirando por mi príncipe azul y dejándolo todo para irme con él a su castillo. Pero cuando me ha tocado vivirlo CR_622500_peliculas_disneyen persona (o lo más cerca que he podido estar de ello siendo como soy), he salido escaldá y me he dado cuenta de que no es sano. Y lo que es peor, no te hace feliz. Que parece estúpido que tenga que decirlo tan a menudo, pero es que debería ser nuestra meta en esta vida. Así que los príncipes azules, mejor de lejos, que destiñen.

Por suerte las relaciones han cambiado con el tiempo, al igual que la sociedad y las personas. Y en la mayoría de las cosas ha sido para mejor, aunque en otras nos hayamos ido al otro extremo. Nuestra ‘felicidad’ ya no depende tanto de si encontramos o no a alguien con quien compartir la vida, y de formar una familia a toda costa, sea con quien sea. O mejor dicho, ya sabemos que eso no tiene por qué hacernos felices. Ya no nos dejamos engañar por la versión cutre del cuento de hadas. Ahora queremos el de verdad, con sus zapatos de cristal y su calabaza, y si no, nada. Pero aunque sigamos suspirando cada vez que sale Romeo por la tele, sabemos que nuestro amor verdadero no tiene porqué ser una única persona. Pueden ser varias que se vayan turnando y/o combinando a lo largo de nuestro camino.

Las mujeres ya no tenemos que abandonarlo todo al casarnos. No perdemos nuestra identidad para convertirnos en ‘la esposa de’ y ‘la madre de’ (y ‘la criada de’). Somos personas, con nuestro trabajo, nuestros hobbies y nuestras pasiones personales (cupcakes!!!!). Ya no hace falta que soportemos golpes y miseria, simplemente porque no tenemos otra opción. Ahora, que si lo hacemos porque nos gusta, esa es otra historia, que por algo ha triunfado tanto el tal Grey. Somos libres para elegir lo que queremos y tenemos muchas más opciones entre las que decidirnos. Y por eso muchas se han agobiado entre tanta oferta y no están seguras de lo que les gusta y lo que no. Ya no tenemos que limitarnos a cumplir el papel que nos toca, podemos romper moldes, podemos salirnos del camino, podemos ser diferentes, únicas. Podemos vivir con nuestros padres a los 30 tacos porque irnos a vivir con nuestro novio después de tan sólo 7 años de relación es un paso para el que todavía no estamos preparadas, que nos gusta mucho tener nuestro espacio (y que la ropa aparezca mágicamente limpia y planchada en el armario).

Yo hace tiempo que decidí que no necesitaba a nadie para ser feliz (sin contar a mi osito Teddy y a mi madre cuando estoy enferma). Me quiero y me acepto como soy, y estoy completa y feliz cuando estoy sola (sobre todo si tengo una tableta de chocolate a mi lado y los dvds de las Chicas Gilmore). No creo ser, ni haber sido nunca, una media naranja esperando a que alguien venga a completarme (como mucho una media mandarina, por el tamaño digo). Para mi una relación es un acuerdo mutuo de compartir la vida, porque siempre es mejor hacer el camino acompañado (y que el otro te lleve las maletas). Y si hay atracción, cariño, respeto y complicidad, será mucho más divertido. Pero mi vida no gira en torno a esa persona, tengo otras inquietudes y necesidades (como meterme en Facebook a cotillear la vida de mis amigos). Y tengo claro que podría vivir sin él, aunque todo sería mucho más triste y aburrido (¿quién me iba a hacer cosquillas entonces?). Y para mi esa es la manera más sana de tener una relación, y la más duradera. Sin obligaciones, sin reproches, sin cadenas… sin dependencia.

P.D. El que yo ya no sea capaz ni de hacerme una tortilla francesa no se considera dependencia, solo comodidad (o perrería).

Me ha quedado título de paper, mi jefe estaría orgulloso, jajaja.
El otro día estuve en el retreat de mi departamento. Es como un minicongreso de Biología Molecular y Microbiología (que es el nombre del departamento). Dura un día entero, porque aquí un departamento ocupa un par de edificios (mi antiguo departamento tenía dos míseros pasillos…)

En total hubo unas 20 charlas de 15-20 minutos y, al día siguiente durante el picnic (estos americanos…), el sector femenino de mi grupo (yo la primera) estuvo comentando lo atractivo que era uno de los ponentes. En realidad fue algo más como: “qué buenorro que estaba el tío de la segunda charla!! Parecía un modelo, qué hace ese metido en ciencia??” Pero lo primero quedaba como más cool.

El caso es que durante alguna de las charlas me había puesto a pensar en eso (si es que era sábado, no podían pretender que me pasara el día entero prestando atención…). Miré a mi alrededor, habría unas 150-200 personas. Y buscando, encontré alguno/a (pocos) que no estaba mal, resultones, o atractivos en algún aspecto. Pero tuve que buscar mucho. El muchacho de la charla (por no llamarle el buenorro) llamaba mucho la atención por contraste.

Y es que estamos acostumbrados a que la ciencia está llena de gente rara. Frikies, empollones, nerds, raritos. Pero no hay tíos buenos, o al menos son muy difíciles de encontrar.

Por qué?

Pues una de las primeras opciones que se me vino a la cabeza, fue la del título del post. Es una leyenda urbana que las guapas no pueden ser inteligentes. O que las rubias son tontas. Para los hombres no hay tanto extremismo, pero también es raro encontrar a un tío con pinta de modelo, y que luego sea un cerebrito. Así que podría ser una incompatibilidad genética. Como si fueran dos alelos del mismo locus, o tienes uno, o tienes el otro.

También podría ser pura estadística. Hay que tener suerte para que todos los genes que afectan el físico se pongan en consonancia para que el resultado sea alguien atractivo. Lo mismo para la inteligencia. Si heredas todos los genes buenos para una de las características, hay muy pocas posibilidades de que heredes también los de la otra [No hay que ser egoísta, dejad algo para los demás]. Pero entonces… debería ser tan poco usual encontrar a alguien muy guapo y muy inteligente, como encontrar a alguien muy feo y muy tonto… Y en cambio, estos últimos abundan. Así que mi hipotética campana de Gauss no parece ajustarse demasiado.

Finalmente, llegué a una conclusión que parecía tener más peso que las otras. Quizás en principio sí hay tanta gente guapa e inteligente como fea y tonta. Pero en el caso de los primeros, cuando lleguen a la adolescencia, se convertirán en los populares. Tendrán mucha vida social que les impedirá pasarse horas delante de los libros y ordenadores, como hacen los frikies (entre los que me incluyo, por empollona). Y al llegar a los 20, se habrán acostumbrado a vivir en sociedad. Así que es más probable que elijan una carrera sencilla, antes que una que exija mucho tiempo (hay que excluir aquí a los superdotados, que sea como sea de dura la carrera, tendrán tiempo libre, pero esos ya son raritos de por sí).

Conclusión, la mayoría se dedicará a algo sencillo que les permita llevar el ritmo de vida que necesitan. Por lo tanto no habrán desarrollado tanto su intelecto y se quedarán con el calificativo de guapos.

En contraste, los raritos, frikies, nerds… carentes de todo tipo de vida social que no incluya ordenadores en red, se dedicarán a carreras absorbentes. Ya que son feos, que mínimo que ser inteligentes.

Y ahora no vengáis todos a decirme que sois inteligentes pero podríais aparecer en la portada de cualquier revista. Quiero pruebas. Unas fotos de estudio semidesnudos y un test de inteligencia, servirán 🙂

Cuántas veces nos habremos preguntado por qué no tenemos ni idea de inglés, cuando nos hemos pasado desde los 5 años (sino antes) estudiándolo?

Ya sabemos que parte de la culpa la tiene el doblaje de las películas. Que sí, que produce trabajo, y nuestros doblajes se merecen nota y nuestros dobladores son de lo mejorcito. Y sí, hay gente analfabeta que no podría leer los subtítulos… aunque eso se merecería un post aparte, porque… no creéis que a lo mejor si tuvieran que leer los subtítulos desde pequeños, se reduciría un poco el analfabetismo?. Bueno, a lo que iba, que el doblaje es uno de los principales factores limitantes a nuestra hora de absorber otro idioma (imaginaos de niños viendo los dibujos en inglés, los niños son esponjas!), pero no el único.

Nos hemos pasado años estudiándolo… pero de qué manera? Hemos aprendido más gramática y ortografía que ningún angloparlante. Hemos repetido hasta la saciedad todas las normas gramaticales… que en realidad nadie sigue! El inglés que nos inculcan en la escuela tiene poco que ver con el que se habla en las calles. Y el que se habla en las calles… se HABLA! Cosa que yo no hice hasta que me fui a Edimburgo un verano a intentar aprender algo.

Y ahora me diréis que sí, que ahora se estudia todavía más inglés. Que hay colegios bilingües en los que en muchas asignaturas practican inglés. Y quién enseña inglés en esas asignaturas? Un profesor que ha estudiado una carrera en la que no ha visto una sola palabra de inglés, y que a lo mejor se sacó el First Certificate (o alguno parecido) en el instituto. Yo tengo ese título… y te puedo asegurar que no tengo ni idea de hablar inglés! Incluso ahora, después de 6 meses aquí, y varios años de aprendizaje intensivo… todavía me cuesta muchísimo. No estoy en condiciones de enseñar a nadie cómo pronunciar nada. Eso sí, de gramática puedo explicarles a muchos americanos… a los que por cierto… a veces no entiendo ni una palabra.

El inglés no se aprende en libros de texto (pongo el inglés como ejemplo, pero esto se puede aplicar a cualquier idioma). Así no es como nos enseñaron a nosotros a hablar español, verdad?. A hablar un idioma se aprende escuchando, y HABLANDO! Y no hablando con otros españoles que están estudiando como tú. Porque es muy fácil que otro español, que no tiene ni idea de inglés, te entienda. Porque todos cometemos los mismos errores, y construimos las frases igual de mal. Pero intenta decirle esa misma frase a un chino, a ver si se entera de algo.

Hace cosa de 4 años me di cuenta de que sin inglés no iba a llegar muy lejos (la ciencia se escribe en inglés), así que me propuse aprender en serio. Sí, me apunté a clase, pero hasta mi profesor, después de año y medio con él, me preguntó que dónde había aprendido tanto inglés, porque él no me lo había enseñado. Y es que para aprenderlo, hay que sumergirse. Hace 4 años que apenas veo una serie o película o me leo un libro en español (aquí se podrían añadir juegos de ordenador, si jugara a alguno ;)). Descubrí los audiolibros, y ahora no soy capaz de dormir si no estoy escuchando uno (generalmente de libros que ya me he leído, para poder seguir el hilo sin perderme). La parte de hablar la llevé peor, por culpa de la vergüenza (que sí, que yo a veces también tengo de eso), pero al final me he soltado por necesidad. Y gracias a todo eso, que no fue tanto esfuerzo una vez me acostumbré, ahora soy capaz de hacerme entender en prácticamente cualquier situación.

Es difícil cambiar tus costumbres de repente, pero una vez has pasado los primeros dos o tres meses en los que no entiendes ni papa, acabas cogiéndole el tranquillo. A partir del cuarto libro (y me refiero a libros de verdad, no las adaptaciones para estudiantes, pero eso sí, eran libros para adolescentes o niños :p) dejé de lado el diccionario y me dediqué a leer e intentar entender por el contexto. Así es como aprendí vocabulario difícil y construcciones complicadas en español cuando era pequeña. Creo que nunca miré el significado de una palabra que no entendía en el diccionario cuando intentaba leer libros de adultos (más que nada por pereza). Simplemente sigues leyendo, y a la cuarta o quinta vez que encuentras esa misma palabra, en varios contextos distintos, acabas poniéndole tú un significado.

Y así, sin demasiado esfuerzo ni dinero (nada de clases o cursos milagrosos), aprendí inglés. Todavía me queda un largo camino por delante para poder expresarme de forma fluida y sin errores garrafales, pero ya no me da tanta vergüenza quedarme en blanco al no recordar una palabra. Simplemente la explico como puedo, tipo Tabú (el juego en el que la otra persona tiene que adivinar la palabra que tienes delante, pero sin que la puedas decir). No os podéis imaginar la de risas que se han pegado mis compañeros a mi costa. Pero lo bueno es que he podido reírme con ellos.