He tomado prestado el título de aquí, espero que no les moleste, aunque seguro que me agradecen la publicidad que les hago (como si este blog lo leyeran hordas de gente…).

Y sí, lo reconozco, la culpa es totalmente mía, por leer estas cosas. ¿Quién me manda a mí? Así que pido disculpas, pues ya se que es la segunda vez que hablo de ese blog. ¡Pero es que no tiene desperdicio! No me había reído tanto desde… bueno, desde ayer mismo que me dio un ataque de risa sin sentido a la hora de irme a dormir, y me pasé 5 minutos partiéndome la caja yo sola.

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Masturbación femenina

Me disperso, a lo que iba. Que las mujeres de verdad no se masturban. Lo siento chicas, no somos mujeres de verdad. Probablemente no haya muchas mujeres de verdad sueltas por el mundo si esa es la condición principal. De hecho… ¿quién querría ser una mujer de verdad? Es como lo de que las chicas buenas van al cielo, sí, pero las malas se lo pasan de miedo.

La masturbación reduce a las mujeres a simples adictas a la búsqueda de placer y cretinas sólo un poco mejor que los sodomitas más perversos que están al acecho en esta tierra.”  Madremiamadremiamadremia. Cómo se pone el personal. La verdad es que he tenido que investigar un poco para ver si el blog era real o una parodia, porque me parecía demasiado subrealista. Pero parece que sí, que hay una iglesia/religión/secta/enfermedad mental así de radical. Supongo que todos los que pertenecen a ella son unos amargados y deprimidos que no tienen ni idea de cómo divertirse. Y les da tanta envidia que los demás sí sepan, que su meta en la vida es convertir a todos los demás también en amargados y deprimidos para poder compartir así todos juntos sus miserias. Porque sino no le encuentro otra explicación. Bueno, los hombres salen más favorecidos que las mujeres por lo que he leído, pero aún así… Muy divertido no tiene que ser.

Así que ya me había convencido de que debía ser de coña, o que los pocos que hacen caso a todo eso están (terriblemente) mal de la cabeza, cuando me encontré con esto. Que no lo estoy poniendo al mismo nivel que los locos de arriba (sería imposible), pero algo se le parece. Resulta que una italiana ha escrito un libro titulado ‘Cásate y sé sumisa’. Supongo que lo habréis escuchado por las noticias, ha dado bastante que hablar cuando se ha publicado en España. Sólo con el título ya apunta maneras, ¿verdad?. Pero es que a mi me gusta pensar bien de la gente (así me va…), así que me leí la entrevista que le habían hecho a la autora para reafirmarme que todo había sido una exageración, consecuencia del tremendismo al que tiende la gente.

La autora cuenta que ha escrito algunas ideas que ha discutido con sus amig@s para que el matrimonio funcione, y en todas sus respuestas habla de que lo que hay que hacer es amar y respetar y aceptar al otro como es, sin imponer nada. Y resulta tiene su propia definición de sumisa (que no coincide en nada con la que hay en el diccionario) así que no entiende el revuelo que se ha montado: “Creo que [sumisa] significa renunciar al deseo de querer cambiar a la gente, de querer imponer una visión del mundo a todos los que te rodean. Esa es siempre la tentación de las mujeres”. La mujer se ha inventado una definición nueva para sumisa (ole tus huevos), simplemente porque la definición del diccionario (Obediente, subordinado/Rendido, subyugado, según la RAE) no cuadra con la idea que ella tiene de la biblia (cosa que los religiosos hacen a menudo cuando no les gusta lo que leen en las escrituras sagradas).
Pero con lo que cuenta en esa entrevista y con la nueva definición de la palabra sumisa, el libro podría no ser lo que parecía que era, una apología del machismo. Así que pensé que había alguna posibilidad de que no fuera tan radical como decían.

Y entonces apareció esto. Que son frases extraídas del libro. A ver, que se han sacado de contexto, sí. Pero dime tú en que contexto esto puede no ser machista:

-“La mujer está perdida cuando se olvida de quién es. La mujer es, principalmente, esposa y madre”

-“La mujer lleva inscrita la obediencia en su interior. El hombre, en cambio, lleva la vocación de la libertad y de la guía” (creo que yo soy hombre…)

-“Debes someterte a él. Cuando tengáis que elegir entre lo que te gusta a ti y lo que le gusta a él, elige a su favor””

Y mi preferida:

-“¿Tengo que darle la razón aun cuando no la tenga? Yo diría que sí”

Buena esposa_Franquismo

¿Hemos vuelto unos 100 años atrás en un momento sin que me diera cuenta o es que yo estoy demasiado adelantada para mi época? A ver, que yo se que la iglesia es machista y eso no lo va a cambiar nadie, por desgracia. También sé que sigue teniendo mucho poder y hay mucha gente que se sigue creyendo esa serie de patrañas que se han inventado para poder dominar el mundo. Pero es que me alucina pensar que hay mujeres jóvenes que todavía piensan así, y encima están convencidas de que tienen razón. Culpa mía por no relacionarme más con gente del OPUS.

Para que alguien te quiera y te cuide tienes que eliminar tu personalidad y tu forma de pensar. Tienes que adoptar sus puntos de vista, su opinión. Hacer sólo lo que él quiera. Darle la razón en todo. Tú sólo sirves para cuidar de él y de tus hijos. Y así es como serás feliz. Con dos coj… Lo que me parece más fuerte es que son felices así (o al menos eso es lo que piensan ellas). Y consideran que es la clave de la felicidad. Que todos los problemas que tienen los demás vienen de que la mujer quiere tener el poder en la relación, y que es lógico que el hombre no esté de acuerdo con eso y se divorcie (o se lie a guantazos, pero esa es otra historia).

Y yo me pregunto… ¿luego se sorprenderán si sus maridos les ponen los cuernos? Porque vivir con alguien así tiene que ser extremadamente aburrido. Sin opiniones propias, sin deseos propios, sin objetivos. (Otra frase suya: “Con seguridad, hace falta aprender a reducir la propias expectativas“, hablando solo de la mujer, claro).

Así que ya no sé a qué hacerle caso, a la entrevista o a las frases del libro. Tendré que leérmelo completo para entenderlo bien todo y poder opinar con convicción. Si me convierto en una de ellas, por favor, no dudéis en soltarme una galleta bien dada. Yo que me había alegrado cuando me dijeron que en Méjico el hombre siempre tiene la última palabra, que es: ‘Lo que tu digas, cariño’.

Bueno, por supuesto cabe la posibilidad de que la que esté equivocada aquí sea yo, así que voy avisando por si acaso: Husban mío de mis amores, si esta mujer tiene razón, siento decirte que nuestro matrimonio está abocado al fracaso. Vamos a ser muy infelices, porque soy una egoísta e impongo mis deseos y mis opiniones y te hago cocinar. Ya decía yo que esta falta total de discusiones no debía ser normal en un matrimonio. Los ataques de risa que me dan de vez en cuando son una señal clarísima del diablo de que lo estamos haciendo todo mal. Voy a ver si encuentro algún psicólogo para hacer terapia de pareja y que nos diga todos nuestros fallos. Aunque a lo mejor si me memorizo ese libro (o ya puestos el blog radical) se solucionarán todos los problemas que no tenemos… ¿tú que piensas?

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Odio el frío

Publicado: 18 noviembre, 2013 en Locuras, Mi vida es así
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frioPara alguien que ha nacido en Galicia, es un poco irónico, lo reconozco. Pero lo odio, con todas mis fuerzas. En este caso una infancia junto al Mediterráneo ha prevalecido sobre la genética

Cuando oigo a gente decir que con el frío se sienten vivos, que es mejor el frío que el calor porque con el frío simplemente tienes que abrigarte y que el calor cansa… Me dan ganas de repartir leches con la mano abierta. Debe ser que su cuerpo reacciona de forma muy distinta al mío. Porque a mi me duele tener frío. A lo mejor es porque soy minúscula y no retengo bien el calor, o quizá mi sistema de regulación interno de la temperatura viene defectuoso de fábrica. Pero lo paso mal.

Recuerdo cuando fui a comprarme un nórdico por primera vez. Estaría yo cerca de la mayoría de edad. Entramos en la tienda y pregunté por el nórdico más abrigado que tenían.

–       ‘Pues para aquí (Murcia) tenemos unos que funcionan muy bien, para temperaturas medias…’ – Me contesta la dependienta, muy maja ella. [Bueno, he hecho una traducción al español, en realidad fue algo más así: ‘Pueh paquí tenemoh unoh que funciona mu bienh, pa temperaturah mediah’, pero vosotros me entendéis].

–        ‘Te he pedido el más abrigado, no el que mejor funcione.’ – la interrumpo.

–       ‘Pero lo vas a usar aquí, ¿no?’.

–       ‘Eso es irrelevante’.

–       ‘Pues es que tenemos uno solo más abrigado que esos, pero es para sitios más del norte o las montañas, porque es para temperaturas muy bajas…’.

–       ‘Mira, ese me va perfecto’.

–       ‘Yo no te lo recomendaría, en serio, que vas a pasar mucho calor’.

–       ‘No te preocupes que sé lo que me hago’.

Y a casa me fui con mi nórdico nuevo más feliz que una perdiz. Ahora estaréis pensando ‘pues se habrá asfixiado…’. ¿Me creeríais si os digo que alguna vez he tenido que echarme una manta extra encima del nórdico? Sí, en Murcia. En Murcia capital, no en Sierra Espuña. Y tan feliz. Sopesé muy seriamente traérmelo a USA, pero era más caro transportarlo que comprarme uno nuevo, así que, muy a mi pesar, tuve que desechar la idea. A esos extremos llego.IMG_9144

Yo debería haber nacido en Canarias o algo así. Mira que Murcia parecería un buen sitio para vivir, con un verano que dura unos 8 meses y un invierno de tres semanas. Pero sigue siendo frío para mis estándares. Porque con la excusa de que no hace frío, las casas no tienen calefacción y no retienen bien el calor. Y tampoco tenemos ropa de abrigo. Como no vayas a la sección deportiva, en la parte de deportes de invierno, olvídate de encontrar ropa de invierno, de la de verdad. Nosotros solo tenemos ropa de entretiempo, como lo llamaba mi madre. Así que el abrigo que llevas las únicas dos noches que hace -6º, es el mismo que te pones con 15. Y así, no. Que yo al final paso más frío en esas tres semanas de NO-invierno que el que supuestamente pasaría en el norte. O eso dicen. Yo no acabo de creérmelo.

Por suerte cuando me tocó venirme a USA no salí mal parada. No es Murcia, pero tampoco hace demasiado “frío”. O eso me aseguran, porque yo lo paso mal igual. Y es que es un poco vergonzoso ir con gorro, bufanda y guantes cuando hay gente todavía en pantalón corto, pero oye… ande yo caliente… Se supone que tendría fácil arreglo, no salir a la calle, y punto. En Murcia sí que era fácil, tres semanas de hibernación y vuelta al verano. Pero aquí puede durar unos 6 meses el invierno (o más), así que ya me podéis llamar por mi segundo nombre: Ermitaña. Menos mal que ya no me gustaba la gente de antes, sino iba a pensar que me estaba volviendo huraña por momentos. Mi sofá, mi manta y yo somos uno, y uno muy feliz, todo sea dicho. Y si me estoy perdiendo cosas geniales que solo ocurren durante el invierno… Pues oye, ¿qué le voy a hacer? A mí el viento cortante en la cara, pues como que no me gusta. Y el que se me congelen las orejas me da dolor de cabeza. Y tampoco me facilitan el ir envuelta como un esquimal, con capas y capas de ropa, porque luego entras en cualquier sitio y tienen la calefacción muy alta. Así que la opción de llevar el pijama por debajo de los vaqueros tampoco es muy satisfactoria…  Son crueles conmigo.

Por todo eso, he decidido que me merezco un respiro de esta tortura. Me voy al Caribe una semana para ir haciéndome a la idea de que ‘Winter is coming’.  Os doy permiso a odiarme todo lo que queráis. Yo también lo haría. ¡Nos vemos pronto!

 

Gato-sol

 

 

 

Madredelamorhermoso

Publicado: 17 octubre, 2013 en Locuras, Mi vida es así
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Tener que tomar decisiones que sabes que van a cambiar totalmente tu futuro, no es agradable (por no decir que es una putada). En ocasiones veo muertos lo tienes muy claro: es algo que deseas con todas tus fuerzas y que va a revolucionar toda tu vida, y es el momento oportuno. No hay vacilación. Pero otras veces, a pesar de querer algo y saber que es una oportunidad única, no puedes elegir esa opción sin antes sopesar las consecuencias. Puede que sea lo que quieres, y te lo están dando en bandeja, pero a lo mejor no es el momento adecuado, o tienes otros compromisos que deberías cumplir antes de dar ese paso, o alguna situación personal te lo impide. Y ahí empieza el dolor de cabeza.

omg-baby¿Y por qué os cuento yo este rollo? Pues porque resulta que me han ofrecido un trabajo buenísimo. Profesora de universidad, colaborando para instaurar el programa de doctorado de Biología Molecular desde cero… y en el caribe!!!!! OH MY FU*#ING GOOOOD!!!! Es mi trabajo perfecto, yo quiero ser profesora de universidad, pero es que si encima me quieren para diseñar la línea de investigación, organizar proyectos, dirigir tesis… Pues lo flipo en colores. Porque en el fondo debo ser buena para que me ofrezcan algo así, o al menos mis dotes artísticas para disimularlo son la leche. Que aquí una sigue pensando que es una impostora. Pero si me dan un puesto de ‘jefa’, pues ya seré la Impostora, con mayúsculas. Pero lo mejor de todo, es que es todo en español, y en una isla del caribe… Me va a dar un algo…

Y os estaréis preguntando (porque yo también me lo pregunto), ‘Y que coño tienes que pensar!??!?!?!’. Pues eso digo yo… Pero sí, tengo que pensar, cosa que no se me da demasiado bien.
Resulta que yo me vine a los EEUU porque mi jefe necesitaba terminar un proyecto muy interesante que dos personas habían intentado sacar adelante pero habían desistido por no conseguir resultados. Y ahí entré en escena yo. Era algo muy similar a lo que había hecho durante mi tesis, así que me contrató esperando que yo solucionara todos los problemas. Y sorprendentemente todo fue como la seda, hemos tenido un montón de resultados muy chulos, y hemos escrito un artículo buenísimo. Y como mi jefe es quién es, y el proyecto lo vale, pues lo hemos enviado a Nature para que nos lo publiquen. Con dos coj… El caso es que todavía estamos esperando la respuesta del editor. Los que seáis del gremio, sabréis que una revista científica como esa no acepta cualquier artículo, y los que acepta los suele someter a duras revisiones en las que se suelen pedir muchos experimentos extra. Como todas las demás revistas, pero peor. Así que lo mismo me tengo que pasar otros 6 y 8 meses haciendo experimentos para que lo acepten. O puede que lo rechacen y tengamos que probar suerte en otra revista, esperar otro mes o mes y medio para obtener respuesta y vuelta a empezar. El caso es que esto suele llevar tiempo. Y es justo lo que yo no tengo, porque mi trabajo soñado me obligaría a empezar en Enero.

Algunos me dicen, ¿para que quieres el Nature si ya has conseguido el trabajo que buscas? Y no les falta razón. Pero no es que quiera el Nature (que por supuesto lo quiero, es lo mejor que voy a publicar en mi vida, aunque al final no sea en Nature), es que cuando acepté el contrato de mi jefe, me comprometí, implícitamente, a avanzar el proyecto y publicar este artículo. Y si se me ocurre largarme antes de que esté aceptado, la ira de mi jefe caerá sobre mi (metafórica- y no tan metafóricamente). No sólo eso, mi directora de tesis es colega de mi jefe, y su grupo ha colaborado con nosotros. También los estaría dejando a ellos en la estacada. Y no es sólo que no me guste decepcionar al personal, es que estaría cabreando a un montón de gente a la que probablemente tendré que pedir ayuda en algún momento del futuro.

Así que aquí estoy, mordiéndome las uñas en sentido figurado (puaj, que asco), esperando una respuesta que puede cambiar mi vida, o dejarme donde estoy pero encima resentida. Qué vida más dura tengo, que a lo peor tengo que decidir entre el trabajo fijo que todos queremos, o publicar un Nature (que se dice pronto). Ya sé que me estáis odiando ahora mismo, no os guardo rencor, yo también lo haría. Lo gracioso es que no sé cómo he llegado a esta situación. Yo pensaba que estas oportunidades solo las tenían los que trabajaban duro de verdad y se dejaban la piel y la vida en el laboratorio. Mi flor en el culo [que se merece un post aparte] ha debido crecer en la misma medida en la que yo he ido engordando por culpa del matrimonio. Me lo tendré que hacer mirar…

Yo_kiero_un_flor_en_el_culo_by_YGARZA

A ver, todos hemos desconectado alguna vez, eso hay que reconocerlo. Y si no dime tú cómo puedes aguantar esa verborrea sin fin con la que tu novia te cuenta los últimos cotilleos de sus amigas:

WhenMyGirlfriendStartsTalkingAboutHerFriendsLifeDrama-82520Que si fulanita se ha acostado con menganito, y ahora zutanita está celosa, porque resulta que le ha gustado desde que iban juntos a clase de kárate, a la que por supuesto solo se apuntó para estar cerca de él. Pero claro, fulanita eso no lo sabía, porque zutanita no se lo quería contar porque le daba vergüenza. Pero se ha enfadado igual porque dice que una amiga debería saber esas cosas sin necesidad de contárselas…’.

O cuando a tu madre le da por hablar mientras limpia el polvo, que parece que habla con los muebles más que contigo:

Porque hay que ver, que llevo todo el día sin sentarme. Que esta mañana he tenido que ir al mercado, y claro, como es martes Pepito, el del puesto de la izquierda, no tenía los tomates frescos, porque su repartidor viene los miércoles, que me lo dijo un día que le estaba comprando unos champiñones que estaban como recién cortados, y me aseguró que sí, que esa misma mañana, que su hombre era de confianza. Así que me tuve que ir hasta el puesto de Manolo, que está en la otra punta del mercado. Pero es que ya sabes que a tu hermano no le gustan los tomates maduros, así que tuve que ir hasta allí cargando con el carro y los 5 kilos de patatas que había comprado en el puesto de María…’.

O cuando tu mejor amiga te cuenta el lío que ha tenido en el trabajo:

Es que Carlos había reservado el aparato para usarlo él, pero Laura pensaba que era jueves, en lugar de miércoles, así que ha mirado mal la hoja y ha puesto ella sus muestras. Y claro, cuando Carlos ha llegado, el experimento de Laura ya estaba a la mitad, pero él necesitaba el aparato urgentemente, porque se le estropeaban sus muestras. Así que ha quitado las de Laura y ha puesto las suyas. Y entonces Laura le ha dicho que es un egoísta y que siempre hace lo mismo y…

En todos esos casos, y algunos más, la sordera selectiva está totalmente justificada. Como esas conversaciones sobre fútbol y coches que tanto caracterizan a los hombres… Pero hay muchos otros casos en los que la gente no escucha y para los que no tienen excusa ninguna. Es que directamente no saben, o no quieren escuchar. Solo saben discutir para demostrar que tienen razón.

Todos tenemos unas creencias que no recordamos cómo hemos adquirido, pero que las tomamos como verdades absolutas. Están anidadas tan profundamente en nuestra forma de ser, que no las ponemos en duda en ningún momento. Como ya escribí en mi última docena, nos pasa con nuestro equipo de fútbol, nuestra religión, nuestra ideología política, y muchas otras cosas más que nos han inculcado desde pequeños y que hemos asimilado como nuestras. Y vamos a defender incluso lo indefendible, cueste lo que cueste. Porque el otro puede decir lo que quiera, que no va a tener razón. No puede tenerla, porque nuestra verdad es absoluta.

¿Cuánta gente conoces que haya cambiado de equipo de fútbol porque el otro era mejor? ¿O cuántos reconocen que los otros son mejores, aunque prefieran al suyo? ¿Cuándo uno de derechas se va a molestar en escuchar las razones de uno de izquierdas (o viceversa), porque a lo mejor resulta que lo que dice no es tan estúpido? Hacemos oídos sordos porque no queremos entender que los demás tienen sus razones para pensar distinto. Creemos que todos los demás están equivocados, e intentaremos convencerlos siempre que podamos porque, como les apreciamos, no podemos permitir que vivan equivocados para siempre.

Si-la-gente-no-escucha-Haz-que-te-vea_132442433251Pero no hace falta irse a esos temas tan escabrosos para darse cuenta de lo poco que le gusta a la gente escuchar. Hace poco leí un montón de artículos online acerca de que habían echado a una mujer de una tienda por estar amamantando a su bebé. No me voy a meter a discutir si la tienda tiene o no derecho a hacer eso o por qué lo hizo. A mí lo que verdaderamente me sorprendió fueron los comentarios de la gente. Siempre tiene que haber opiniones para todos los gustos, por supuesto. Pero me chocó la cantidad de gente que aseguraba, creyéndose con toda la razón del mundo, que esas cosas hay que hacerlas en privado. No sólo porque los demás no tienen por qué ver algo así, que podría ofenderlos, sino porque lo mejor es hacerlo en un sitio tranquilo y privado por el bien del bebé. Teniendo en cuenta que los bebés comen cada 3 horas, si no lo haces en la calle, no podrás tener vida social en muuuuchos meses, así que ya me dirás lo que es mejor para mí o mi bebé, que por supuesto YO voy a ser todo oídos (ya te encargas tú de ignorar mis razones). Pero me choca que a estas alturas todavía haya gente que, después de ver mujeres prácticamente desnudas y escenas explícitamente sexuales por todas partes, se sientan ofendidos por ver parte de una teta (el resto lo está tapando el bebé). O que piensen que está bien que otras personas coman con la boca abierta, o se rasquen los huevos, o combinen cuadros y rayas!! en público, cosas que a mi personalmente me ofenden mucho mas, pero una mujer no puede dar de mamar en la calle. Es que resulta que hay gente que se puede traumatizar por ver eso, así que debería estar prohibido. Por esa regla de tres, yo prohibiría a muchos hombres que enseñaran la raja del culo… porque mira que lo he pasado mal algunas veces. Multazo de 50 euros por herir mis sentimientos.

El caso es que la gente critica, mucho, y creyéndose siempre con la razón. No se molestan en ponerse en la piel de los demás, y pensar que ha llevado a esa persona a hacer o decir o pensar eso. No quieren considerar que a lo mejor el socialismo tiene algo de bueno, o que puede que el capitalismo no sea la panacea (o al contrario). No quieren aceptar que otras formas de pensar y de vivir pueden ser tan válidas como la suya. Y si no, explicadme cómo puede haber tanta gente en el siglo XXI que todavía esté convencida que la homosexualidad va contra natura. O que piense que las mujeres son inferiores a los hombres.

Entiendo que si te han inculcado desde pequeño una creencia, es muy difícil ponerla en duda, porque forma parte de ti. Pero con toda la información que tenemos a nuestro alcance, con lo fácil que es indagar en algo y buscar razones a favor y en contra, no tenemos excusa para seguir siendo tan cerrados de mente. El que no aprende es porque no quiere. Y me he dado cuenta de que hay mucha gente que no quiere. Porque eso supondría reconocer que estuvieron equivocados durante todo ese tiempo.

Así que ya sabéis, no consiste solo en escuchar, sino en entender lo que te están diciendo. Intentadlo, que ya veréis que no es tan difícil.

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La vida da muchas vueltas. Y el mundo es un pañuelo. Y cuando el río suena agua lleva, pero este último no pinta nada en este post, era solo por rellenar.

Os voy a contar una de esas historias que sólo pasan muy de vez en cuando, y normalmente al conocido de algún amigo. Que parece que todos nuestros amigos tienen siempre los mismos conocidos, porque al final las historias son siempre las mismas. ¿Y si resulta que al final somos todos primos segundos y no lo sabemos?

Pinguinos Polo Norte_800Bueno, a lo que iba, que me despisto. Ya sabéis que yo me mudé al otro lado del charco hace más o menos año y medio (madremiamadremiamadremia como pasa el tiempo). Y desde que estoy aquí creo que he conocido a más españoles que estadounidenses… Porque somos una plaga y además nos agregamos cual pingüinos en invierno. Principalmente porque la gente de este país es una esaboría, como diríamos en mi tierra (y al parecer en Andalucía también). El caso es que yo no he ido en ningún momento a la caza y captura del español. Que yo ya tengo aprendido lo de que si no te relacionas con ellos, no aprendes su idioma. Pero tampoco es que se dejen relacionar demasiado, todo sea dicho. Así que acabamos siempre rodeados de españoles.

El caso es que hace casi un año me dio uno de esos caprichos transitorios que nos dan a las mujeres de vez en cuando (o a lo mejor solo a mi). Y yo necesitaba salir a bailar esa noche, como fuera. Así que busqué algún sitio en el que me pusieran salsa, y en el que no me fuera a morir del asco (al menos no mucho). Encontré un local (por llamarlo de alguna manera) en el pueblo de al lado, en el que hacían una minifiesta, con espectáculo y todo (vamos a dejarlo como espectáculo, que tampoco hay que ponerse muy quisquilloso). Nos colocamos cerca de la puerta, por si necesitábamos salir corriendo en algún momento, que con esta gente nunca se sabe. Bailamos un par de canciones o tres. Nos sentamos a reposar de los codazos y empujones. Y es entonces cuando veo a una cara familiar que viene directa a mi con el turbo puesto, atravesando el enjambre de bailarines (es por darle un poco de emoción, en realidad venía tan tranquila). Intento hacer funcionar mi cabeza a toda pastilla…, pero nunca me funciona. No sólo porque tengo mala memoria (pésima), es que encima soy incapaz de reconocer a alguien si me lo cambian de contexto (os podría contar muchas otras anécdotas muy entretenidas). Así que yo pongo mi sonrisa adorable como siempre, para que, si no respondo, piensen que soy lenta o algo, pero no que no los reconozco. Todo sea por no herir los sentimientos de los demás.

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Y la muchacha me dice:
‘Eres Silvia, ¿no? Qué fuerte qué fuerte, ¿que estás haciendo aquí?’ (O algo parecido, no me pidáis que lo recuerde al pie de la letra después de un año).

La sorpresa me la llevé porque todo eso me lo dijo en español. A veces me meto tanto en el papel americano, que cuando me hablan en español no me doy cuenta de que es español y no reacciono, pero esa vez sí. Se me puso cara de… ¿ein? Como la de la foto más o menos…

‘Que sí mujer, de Murcia, ¡de la carrera!’

En ese momento mi cerebro hizo ‘clic’ y pude relacionar a las dos personas. Lo que por supuesto no ayudó a que mi expresión de extrema sorpresa cambiara. Imagina encontrarte en un antro minúsculo de un pueblo perdido de la mano de dios, en un continente diferente, 7 años después, a una compañera de carrera. Pues sí, impacta. De ahí lo de que el mundo sea un pañuelo.

Resulta que se había venido un poco a la aventura con su pareja, casi unos 5 años atrás. Y los dos encontraron trabajo. Cosa que ahora parecería imposible, tal y como están con los visados. Y llevaba 4 años haciendo el doctorado en la universidad del pueblo de al lado. Porque EEUU es tan pequeño, que no teníamos más opción que acabar en pueblos vecinos.

Pero este verano, tras leer la tesis, han vuelto a España. Puede que se queden, puede que no. Pero lo que me ha hecho pensar (cosa rara en mi) es que cuando yo todavía me estoy adaptando, ellos ya han vuelto. Porque cada uno tiene su ritmo, y elige su momento. Y por eso la vida da muchas vueltas. Nunca sabes cuando te va a tocar a ti. Ni si te va a tocar. Ni si elegirás esa opción en caso de que te toque. Mi husband rechazó, hace como mil años (o 10, pero es para recordarle que se hace viejo…), una beca para venirse a EEUU durante un año. Y a pesar de no haber elegido la opción de aventura hace tiempo, la eligió el año pasado para venirse conmigo. Y puede que dentro de dos años acabemos en la Conchinchina, porque no veo que me estéis arreglando el país para que yo pueda volver.

Nunca se sabe dónde va a acabar uno. Y si lo sabes, ¿no te parece aburrido? Saber que tu vida va a ser exactamente igual, en el mismo sitio, con la misma gente, para siempre. Eso que llaman estabilidad, a mi me da agobio. Pero quizá sea porque todavía no he encontrado el sitio perfecto, con el trabajo perfecto. Y aunque sí tengo a la gente perfecta, necesito concretar mis otras variables para poder asentarme. Porque para siempre es mucho tiempo. Y aunque el tiempo pasa volando, mi inquietud y desasosiego también llegan rápido. Echadle la culpa a mi padre, que nos enseñó que puedes encontrar un hogar y nuevos amigos allá donde vayas. Aunque eso último era mucho más fácil a los diez años cuando solo tenías que preguntar: ¿juegas?

ProcrastinationProcrastinar, esa palabra que tan de moda se ha puesto, pero que es lo mismo que la perrería de toda la vida. Yo siempre he sido una experta procrastinadora, desde chiquitita. Estoy segura de que no aprendí a hablar antes por no molestarme. Con lloriquear un poco ya me daban todo lo que quería, que en ese momento se limitaba a que me dieran de comer o me prestaran atención. Más o menos lo mismo que ahora (¿a que sí cariño mío?).

Mis momentos más productivos para hacer algo siempre han sido cuando tengo otra tarea distinta y mucho más urgente. Durante la carrera, era la época de exámenes la única en la que me daba por limpiar la habitación. Por supuesto, mi madre estaba contentísima. Incluso me daba por limpiar los armarios por dentro (¿es que eso se limpia? Pues sí, según mi madre, sí). Hacía cualquier cosa con tal de no ponerme a estudiar. Todas esas tareas que tienes pendientes, y que van pasando los días pero nunca encuentras tiempo (eufemismo de ‘ganas’) para hacer, se convierten en absolutamente imprescindibles cuando tienes otra cosa más importante, como un examen, un viaje (¿hay alguien que tenga la maleta hecha la noche anterior? Pues que sepáis que sois unos raros) o una cena (20 minutos es tiempo suficiente para ducharse, maquillarse, elegir la ropa y cruzarse la ciudad, true story). El caso es dejarlo todo para última hora. Al final es cuando mejor salen las cosas (o cuando ya no te da tiempo a cambiarlas, así que mejor aceptarlas como están).

Yo creo que la cosa incluso empeora con los años. Cuando era más joven ya sabía que ropa me iba a llevar antes de empezar a hacer la maleta, por eso de ir mona y tal. Pero ahora ya ni me molesto. Total, si yo estoy guapa con cualquier cosa que me ponga… (autoestima no me falta)

Por ejemplo, este martes tenía que hacer una exposición, así que la semana pasada terminé todos esos experimentos que había ido apuntando para los ratos libres, es decir, para cuando no se me ocurre nada mejor que hacer (no me quedan vidas del Candy Crush, ya he leído todo lo interesante en Twitter y Facebook, no hay nadie conectado al skype… ya sabéis, lo normal). Toda la semana pensando: bueno, el fin de semana lo hago, total, tengo dos días enteros (ilusa…). Y claro, llega el finde, y no se me ocurre otra cosa que ir al supermercado más lejano, porque me apetece comprar ese queso tan bueno que solo venden allí (en realidad era chocolate, pero queda como más cool decir queso). Ordené los cajones de la ropa, que tengo un montón de cosas que no me pongo porque no recuerdo dónde están (en realidad es porque no recuerdo que las tengo, pero sshhhh, que no se entere mi madre que luego dice que soy compradora compulsiva). Hasta dejé la casa como los chorros del oro… Solo me faltó un par de llamadas importantes que no pude hacer porque tenían que ser en horario laboral (la gente, que no le gusta trabajar, ¿qué le costará contestar al teléfono un domingo a las 4?).

Así que el martes, cuando me tocó exponer, pues no me lo sabía bien. Que si hubiera sido en español, pues todavía, me lo invento o hablo muy rápido y total, como nadie escucha… Pero en inglés… eso es otra historia. Cuando no te lo sabes en inglés, lo único que pasa por tu cabeza es un matojo rodante de esos de las pelis del oeste. Que ya no puedes ni enlazar dos frases seguidas sin inventarte alguna palabra en el intento.  Así que en esas ocasiones parece que en lugar de avanzar con el idioma, retrocedo. Esto de no relacionarse con la gente a veces pasa factura. Voy a tener que buscarme vida social aunque solo sea para que me salga más fluida la verborrea.

Porque la otra opción, la de luchar contra la perrería, esa ya es una batalla perdida antes de empezar. Que cuando era pequeña leí en algún sitio:

‘No dejes para mañana lo que puedas hacer pasado mañana’

Y ya sabes, hay cosas que te marcan para siempre.

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La playa y yo

Publicado: 16 agosto, 2013 en América, Friends forever, Mi vida es así
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Uno de los sitios en los que más disfruto en esta vida, es la playa. Me gusta la playa. Me encanta. Me gusta pasear en invierno, y tomar el sol en primavera. Pero por supuesto, no se me ocurre nada mejor en verano que pasar el día nadando en el mar y tumbada en la arena. Leyendo a la sombra, con la brisa y el sonido de las olas. Incluso con los gritos de los niños jugando. De hecho, no me puedo imaginar la vida lejos de una. Y eso que llevo año y medio viviendo a más de dos horas de la más cercana y apenas la he pisado. Porque para mí eso no es playa ni es nada. Con el agua fría, y con viento. ¿Dónde se ha visto eso? Ya no se hacen playas como las de antes…

Sí, la piscina también me gusta, y mucho. Me puedo pasar horas dentro del agua. Pero es como la segunda opción, el plan B. Está ahí siempre, tan cerquita que la usas por gandulería, para quitarte la arena y la sal después de pasar el día en el mar, o los domingos, cuando hay tanta gente en la playa que no hay ni un hueco donde dejar la toalla. Y si eres afortunado y encuentras uno, te llenan todo de arena en cuanto te despistes. Esos días se elige el plan B.

100_4615El caso es que he vivido casi toda mi vida al lado del Mediterráneo (y no es por dar envidia…). Hasta cuando vivía lejos de él, volvíamos todos los veranos. Así que mi verano está asociado a la playa. Si no hay playa, no hay verano y, por ende, ni vacaciones. Y este es mi segundo verano sin playa. Así que ya os podéis imaginar como estoy. Que un día de estos me vengo a trabajar con un bazuca y les explico tranquila y pacíficamente el concepto de “Agosto” a esta gente. ¿Desde cuándo Agosto es un mes como otro cualquiera? ¿Es que no saben que las tiendas, los servicios públicos, las universidades, las conserjerías… ¡hasta los bares!, cierran? Pues no, aquí no se han dado cuenta. Para ellos Agosto es lo que para nosotros Septiembre. La vuelta al cole. Pero sin haber tenido vacaciones primero, que jode más. Con lo que me fastidiaba a mi antes eso de no poder hacer ningún trámite durante todo el mes, porque ninguna oficina se dignaba a trabajar. Y ahora… lo que daría yo porque me dejaran tranquila.

Y en esas estamos. Que ya he empezado a sacar la ropa de invierno sin haber llegado a usar la de verano. Tantos vestidos preciosos que me compré cuando descubrí esa fantástica tienda en la que parece que los regalan… Y todavía tengo 4 o 5 con las etiquetas puestas. Ahora entiendo porqué están tan baratos. Nadie los compra porque no da tiempo a ponérselos. El verano pasado al menos hizo calor, que este ni eso, pero tampoco me dio tiempo a ponérmelos todos, por esa manía tan graciosa que tienen de poner el aire acondicionado a toda leche en todas partes. Porque sí, sales tú monísima con tu minivestido fresquito de verano. Caminas 20 segundos al sol hasta llegar al coche/autobús agradeciendo esas prendas tan veraniegas. Pero en cuanto entras por la puerta de …….(insértese aquí cualquier sitio que puedas imaginar, ya sea autobús, tienda, restaurante, hospital, oficina…) maldices lo monos que son los vestidos y tu manía de lucir piernas en verano. Que los jerséis de cuello vuelto nunca pasan de moda. Así que con vaqueros, chaqueta y deportivas (para evitar la pérdida de algún dedo por hipotermia, que les tengo cariño) me dedico a mirar por la ventana y soñar despierta. Aunque lo de soñar despierta tampoco es que me haga mucha falta. Solo tengo que abrir el Facebook o el wassap o cualquier otro medio de comunicación virtual, para ver a tod@s mis ex-amig@os luciendo moreno y bikini en la playa (me acabo de imaginar a uno de mis amigos con bikini…). Con ese helado de chocolate o cervecita fresca. Y eso que odio la cerveza, pero en ese momento me la bebería con gusto…

Creo que empiezo a entender a toda esa gente que dice que odia el calor. ¡Lo que les pasa es que no tienen playa! O si la tienen, no la saben disfrutar. Porque ya puede hacer 40º en la calle, que si yo puedo estar haciendo el muerto en el agua, poco me importa. Lo que no sé es lo que me toca odiar a mí ahora. Porque el calor me gusta, pero sin poder disfrutarlo en condiciones pierde mucho. Pero es que odio todavía más que no haga calor. Que este verano se me está pasando sin darme cuenta. Me han robado el verano. Voy a ver si los puedo denunciar por daños psicológicos y por hurto. ¿Algún abogado en la sala?

 

P.D. Sí, las piernas de la foto son mías, y las tres marías del fondo son tres de mis más mejores amigas para toda la vida 🙂

The-oneEste post debería haberlo escrito para nuestro aniversario. Un precioso toque romántico que habría compensado con creces la batidora que le regalé. Pero entre el trabajo y las compras (además de la batidora me compré varios regalos para mí) se me pasó el tiempo. Y mi pereza siempre acaba ganando. También habría estado muy bien escribirlo para su cumpleaños, diez días después, pero estaba haciendo las maletas para irme de vacaciones. Y ya ni te cuento lo bien que hubiera quedado si lo hubiera escrito para su santo, teniendo en cuenta que se me había olvidado y estaba yo en la playa más a gusto que nada mientras el pobre trabajaba y se quedaba solo en casa a unos cuantos miles de kilómetros de distancia. Pues sí, hubiera triunfado más que la cocacola.

El problema es que hay una cosa que se llama inspiración, y que te estropea las mejores de las intenciones. Porque yo sabía que ganaría muchos puntos si lo escribía para cualquiera de esas 3 fechas. Pero era abrir el Word, y como que mi mente se quedaba igual de blanca que la hoja que tenia delante. Y así, pues como que no. Que yo prefiero hacer las cosas a destiempo, pero hacerlas bien.

Así que aquí está, el post que todos estabais esperando (y con todos me refiero a mi suegra y mis cuñadas, que con lo poco cotilla que es mi husband, seguro que no les ha contado ni como nos conocimos). Os voy a contar como mi loving husband se convirtió en The One, en mi ‘happily ever after’:

Pues estaba yo hace un par de años, más feliz que una perdiz, disfrutando de la vida, de la soltería… y del paro. Llevaba ya unos meses sin trabajo estable, con solo algunos apaños aquí y allá para ir sobreviviendo hasta que me confirmaran si me tenía que cruzar el atlántico o no. Lógicamente, tener una relación era lo último en mi lista de tareas en ese momento, no fuera a estropeárseme la aventura, que esperaba con miedo e ilusión, por culpa de algún maromo insensible. Que ya sabemos que la carne es débil, y la mía todavía más. Así que iba yo de flor en flor, divirtiéndome y disfrutando de ser joven y bella (:p). En una de esas noches de fiesta a las que era tan asidua debido a mi gran y merecida cantidad de tiempo libre, apareció el amigo de un amigo, que supuestamente bailaba salsa, pero al que yo no conocía, ni tenía ninguna intención de conocer. Era de ese tipo de chicos, ¿cómo diría yo…? sosicos. No tímido, ni pavico. Simplemente soso. Que no llamaba la atención. Eso, en un bar de salsa, no es una cualidad deseable, porque si no te ven, no bailan contigo. Y yo en ese momento iba solo a la caza y captura de aquellos bailarines que me hicieran disfrutar en la pista, importándome más bien poco que fueran buenas personas o incluso simpáticos. Así que el pobre intento del muchacho por llamar mi atención, no solo pasó desapercibido, sino que lo evité con nocturnidad y alevosía. Y digo pobre intento, porque tampoco es que se molestara mucho en perseguirme… Tanto esfuerzo puse en evitarle, que si me lo hubiera encontrado dos horas después por la calle, os juro que no lo habría reconocido. Mi asombrosa memoria de pescado, unida a mi obvio intento por esquivarle hicieron que ni me fijara en él.

Tras esa infructuosa noche, reseteé completamente mis recuerdos del pobre sosico. Así que, cuando unos días después intentó agregarme al Facebook alguien que decía ser Juan, el amigo de Sergio, pues entended que no cayera en un primer momento. Ni en un segundo. Puede que ni al tercero. Pero aquí, a una, no le gusta herir los sentimientos de la gente, así que finalmente lo acepté como amigo. Por pena, principalmente. Por la misma pena por la que le contestaba cuando me hablaba por el chat. Que tampoco es que él me hubiera agregado porque estaba locamente enamorado de mi y no pudiera seguir viviendo sin hablar conmigo (o eso dice él). En realidad me agregó porque era la décima vez que le aparecía mi foto como sugerencia de amiga. Que ahora ya no aparecen esas sugerencias, pero antes era un poco cansino ver siempre la foto de la misma persona a la que no conocías. Así que en parte me agregó por dejar de ver mi foto… y en parte porque soy preciosísima de la muerte, y ¿quién se iba a resistir a eso? Pero al cabo de un par de conversaciones, empezó a demostrarme que lo de soso era solo en apariencia. Me reí, y mucho. Pero mi interés se esfumaba en cuanto cerraba la pestaña del Facebook. Tanto se esfumaba, que la siguiente vez que apareció en el bar de salsa, me volví a pasar toda noche huyendo estratégicamente y dando esquinazos, porque mi cabeza no era capaz de relacionar esos dos entes, el sosico de rizos en el bar de salsa y ese tío tan encantador y gracioso que me hablaba por el chat. Cuando mis amigas me preguntaban que porqué le evitaba si me caía tan bien, no tenía muy clara la respuesta. Era como un mecanismo de protección contra sosos… o contra potenciales relaciones, no lo sé.happilyeverafter

Por suerte, al muchacho, que se aburría, le dio por investigar un poco, y así llegó a este blog mío tan gracioso. Tras leerlo quedó total e irreversiblemente prendado de mi extraordinaria personalidad (creo que no fueron estas sus palabras exactas, pero algo parecido). Y como labia tiene un rato, todavía no se cómo lo hizo pero acabé saliendo a cenar con él. Debería haber guardado el historial de esa conversación, porque yo no recuerdo haber accedido en ningún momento. Debió ser algo así como:

Juan: Oye, ¿que tal si te invito a cenar esta noche?

   Yo: Uy, lo siento, pero es que me acabo de comer un sándwich de nocilla.

   Juan: Bueno, pues te llevo a un italiano, y te pides una ensalada o algo así, ligerito. Te recojo en media hora.

Si hubo más conversación entremedias, yo no la recuerdo. Lógicamente, esa noche no iba a ser capaz de esquivarlo de manera tan sutil, porque salir corriendo por la puerta de atrás del restaurante solo queda bien en las películas. Pero oye, que no me quedé corta. En cuanto el coche se detuvo enfrente de mi casa, yo ya estaba entrando por la puerta, habiéndole dado las gracias, dos besos y las buenas noches. Eso sí, con las prisas me dejé la caja con el resto de la pizza que no me pude comer porque ya había cenado un sándwich de nocilla.

Pero resulta que hubo una siguiente vez… Y de nuevo no estoy segura de haber accedido. Si eso fue un martes, el sábado siguiente, con toda mi resaca de la noche anterior, tuvimos otra conversación igual de surrealista:

  Juan: Entonces… ¿a que hora voy a tu casa mañana?

   Yo: ¿Ein?

   Juan: Sí, ¿no quedamos en que el domingo cenábamos otra vez?

   Yo: ¿Yo dije eso?

   Juan: Claro, me dijiste el martes que probablemente el domingo estarías libre. ¿Las 7 te viene bien?

   Yo: Eh……

   Juan: Perfecto, yo llevo la cena.

Y claro, con resaca y recién levantada, mis reflejos dejaban mucho que desear. Me pilló desprevenida que se tomara mis evasivas al pié de la letra. Y claro, cuando apareció en mi casa al día siguiente, ya no había escapatoria posible. Así que me dediqué a no disimular ni un poco mi segunda resaca del fin de semana, ni mi falta de sueño por la fiesta de la noche anterior en la que la policía nos había desalojado de la terraza de mi amiga. Sin perder una pizca de ilusión a pesar de mis más sinceros esfuerzos, se metió en mi cocina, a prepararme la cena. Y después de pasarme unas tres semanas evitándole con todas mis fuerzas, solo le hizo falta un detalle para que por fin lo mirara con otros ojos. Me dijo:

Juan: He traído el postre. Galletas de chocolate caseras que he hecho esta mañana.

   Yo: ¿Toda esa bandeja? ¿Pero estás loco? ¿O es que quieres cebarme?

   Juan: No mujer, te he traído unas cuantas para ti, y las otras para que las repartas entre tus amigas. [Miserable estratagema para embaucar a mis amigas, que por supuesto surtió efecto]

Y sí señores, las probé. Y todo mi recelo desapareció. Para que luego digan que las mujeres somos muy difíciles de conquistar… Con deciros que después de eso cancelé mis otras citas… (la soltería, que tiempos aquellos). Bueno, también ayudó un poco que esa noche me demostrara que lo de soso era totalmente infundado y/o todo fachada 😉

Pero eso no fue todo. Una semana después, más o menos, de ese domingo resacoso, vino la siguiente conversación sin sentido:

   Juan: ¿Qué haces dentro de diez días?

   Yo: Lo mismo que ahora… nada. ¿Por?

   Juan: Es que me quiero ir de viaje a algún sitio, y he pensado que te podías venir conmigo. ¿Te parece bien París? Yo invito.

   Yo: ¿Ein?

Y unos tres meses después:

    Yo: Me acaba de escribir el de EEUU, que dice que me contrata [añadir aquí una cara de pánico]

    Juan: Muy bien.

   Yo: ¿Y qué hacemos? [cara todavía de más pánico]

   Juan: ¿Cómo que qué hacemos? Pues hacer las maletas, cerrar la casa y decirle a mi jefe que me voy.

Y así, señores, es como consiguió que me casara con él. Casi nada.

Pero no se convirtió en The One en ese momento. Ni siquiera cuando nos prometimos amor eterno en inglés, unos meses después. Se convirtió en The One, cuando empezó a trabajar, porque en estos lares no saben pronunciar la J. Así que cuando le presentaron a sus compañeros de trabajo, todos le llamaron Guan. Y cuando les explicó cómo se pronunciaba, para no tener que girarse cada vez que alguien decía One, desató al monstruo. Ahora los emails y conversaciones están llenos de ‘Juan moment’ o ‘Juan, two, three, lets go’. Y así es como mi loving husband pasó a ser TheOne.

Paris

Sí, soy muy cruel, lo sé. Os he tenido abandonados casi un mes. No hay excusa que justifique tal ausencia. Aunque teniendo en cuenta que la mayoría ni se habrá dado cuenta, considero que el castigo tampoco debe ser demasiado duro. Con dejarme sin comer chocolate unas cuantas horas creo que ya habré cumplido.

Aunque haya dicho que no hay excusa válida, el hecho de haber estado de vacaciones 2 semanas sirve de atenuante, ¿no? Porque sí señores, después de un año y cuatro meses y medio (aunque, ¿quién lo cuenta?), he tenido a bien dejarme caer por la península para saludar a mis congéneres. Por supuesto que no me ha dado tiempo a hacer todo lo que quería hacer, ni ver a toda la gente que me hubiera gustado ver. Y mucho menos pasar el tiempo que hubiera deseado con los que sí he podido visitar. Pero al menos lo he intentado.
And last but not least… ¡he tenido vacaciones! Aunque haya tenido que luchar contra mi mente al menos dos o tres veces al día, esforzándome por no pensar en el trabajo. Unos días lo conseguía, otros no. Quizás con un par mas de semanas lo hubiera conseguido al 100%, pero tampoco se le puede pedir peras al olmo, o más vacaciones de las estipuladas a mi jefe.

El caso es que, después de tanto tiempo, volver a casa es una sensación extraña. Porque ya no sabes si estás volviendo a casa, o saliendo de ella. Por desgracia tuve que dejarme a mi consorte trabajando en Yankilandia, así que cuando me subí al avión y en la pantalla mostraron el mapa del recorrido que íbamos a hacer, no sabía decir cual de los dos extremos era más ‘casa’ que el otro. A un lado la familia y los amigos a los que no veía desde hacía más de un año. Esos lugares donde pasé muchos momentos de mi vida (viviendo, estudiando, trabajando, disfrutando), algunos siguen igual, otros han cambiado. Al otro, mi loving husband y mi rutina, mi trabajo y mis cosas. Los sitios que ahora considero habituales. Mi día a día.

He llegado ya a ese punto en el que no pertenezco a ninguno de los dos extremos, y a la vez formo parte de ambos. Porque mi gente sigue ahí, igual que cuando me fui (más o menos), pero han seguido con sus vidas. Y aunque lo dejan todo por verme y disfrutarme el poco tiempo que puedan, sus vidas continuarán cuando me vaya, y yo no estaré incluida en ellas (sin contar wassaps y demás genialidades de la tecnología actual). Matrimonios, hijos, trabajo, amigos. Todo un mundo de situaciones y vivencias en las que yo no estaré presente.

Y al otro lado del charco, yo hago mi vida en este extraño país en el que ni siquiera me consideran inmigrante, sino un trabajador temporal de visita. Tengo una rutina, voy a trabajar, voy a hacer la compra, recorro las calles (pocas) y los parques naturales (muchos). Pero en realidad no puedo considerar que pertenezca a este lugar de locos. Los americanos no se relacionan entre ellos, ¿cómo pedirles entonces que se relacionen con nosotros? Aunque me haya acostumbrado a algunas de sus rarezas, e incluso aplique las menos descabelladas a mi propia forma de vida, no soy uno de ellos. Yo no tengo un arsenal en mi armario, ni conduzco un Cañonero. No veo bien que Obama tenga derecho a escuchar mis conversaciones privadas. No entiendo que les guste trabajar 10 horas diarias o que un soleado sábado por la mañana las calles y jardines estén desiertos pero no se pueda ni aparcar en el centro comercial. No comparto su patriotismo ni su ansia por acumular dinero. No concibo un país en el que los menos privilegiados no tengan derecho a ir al médico y puedan morir de pulmonía por no curarse un simple resfriado. No formo parte de este país, pero es aquí donde vivo. Y tampoco se está tan mal, porque después de ver cómo están dejando España con esas políticas ‘anticrisis’ (eufemismo máximo)… casi mejor me quedo aquí un ratito más.

Welcome back!

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Ya no hay besos como los de antes– Antes se escribían cartas de amor interminables. Hoy se manda un wassap: TQ.

– Antes se cruzaba medio mundo en barco o a caballo para volver a reunirse con su amor. Hoy nos pensamos, y mucho, si merece la pena abandonarlo todo por una sola persona. Para que luego salga mal…

– Antes se moría de amor por alguien con quien no se había podido tener ni una sola conversación a solas. Hoy no se puede decir ‘te quiero’ demasiado pronto o se asustan (y salen corriendo con el rabo entre las piernas… oh wait!).

– Antes se lloraba toda una vida por un amor perdido. Hoy nos divorciamos y volvemos a casar con la misma facilidad con la que cambiamos de coche (o de bolso en el caso de las chicas).

Ya no hay amores como los de antes, es cierto. Y se echan de menos. Se echa de menos la pasión, la entrega, el morir de amor por una sola persona. No me digáis que no es romántico… moriiiiir de amoooooor. Beber los vientos por esa única persona, que es tu único mundo, tu única verdad (que pastelosa puedo llegar a ponerme…). Sentir tal sentimiento, que la vida sin ella no es vida ni es nada. Qué bonito… Y que patraña. Qué daño han echo las películas de Disney. Somos una generación engañada a base de pretty womans y ghosts. Nos han vendido el fuego sin decirnos que si lo tocas, quema.

Será que yo soy extremadamente racional, práctica y pragmática (y aburrida e insensible), que siempre he mirado con envida esa locura del amor de película. De pequeña me imaginaba suspirando por mi príncipe azul y dejándolo todo para irme con él a su castillo. Pero cuando me ha tocado vivirlo CR_622500_peliculas_disneyen persona (o lo más cerca que he podido estar de ello siendo como soy), he salido escaldá y me he dado cuenta de que no es sano. Y lo que es peor, no te hace feliz. Que parece estúpido que tenga que decirlo tan a menudo, pero es que debería ser nuestra meta en esta vida. Así que los príncipes azules, mejor de lejos, que destiñen.

Por suerte las relaciones han cambiado con el tiempo, al igual que la sociedad y las personas. Y en la mayoría de las cosas ha sido para mejor, aunque en otras nos hayamos ido al otro extremo. Nuestra ‘felicidad’ ya no depende tanto de si encontramos o no a alguien con quien compartir la vida, y de formar una familia a toda costa, sea con quien sea. O mejor dicho, ya sabemos que eso no tiene por qué hacernos felices. Ya no nos dejamos engañar por la versión cutre del cuento de hadas. Ahora queremos el de verdad, con sus zapatos de cristal y su calabaza, y si no, nada. Pero aunque sigamos suspirando cada vez que sale Romeo por la tele, sabemos que nuestro amor verdadero no tiene porqué ser una única persona. Pueden ser varias que se vayan turnando y/o combinando a lo largo de nuestro camino.

Las mujeres ya no tenemos que abandonarlo todo al casarnos. No perdemos nuestra identidad para convertirnos en ‘la esposa de’ y ‘la madre de’ (y ‘la criada de’). Somos personas, con nuestro trabajo, nuestros hobbies y nuestras pasiones personales (cupcakes!!!!). Ya no hace falta que soportemos golpes y miseria, simplemente porque no tenemos otra opción. Ahora, que si lo hacemos porque nos gusta, esa es otra historia, que por algo ha triunfado tanto el tal Grey. Somos libres para elegir lo que queremos y tenemos muchas más opciones entre las que decidirnos. Y por eso muchas se han agobiado entre tanta oferta y no están seguras de lo que les gusta y lo que no. Ya no tenemos que limitarnos a cumplir el papel que nos toca, podemos romper moldes, podemos salirnos del camino, podemos ser diferentes, únicas. Podemos vivir con nuestros padres a los 30 tacos porque irnos a vivir con nuestro novio después de tan sólo 7 años de relación es un paso para el que todavía no estamos preparadas, que nos gusta mucho tener nuestro espacio (y que la ropa aparezca mágicamente limpia y planchada en el armario).

Yo hace tiempo que decidí que no necesitaba a nadie para ser feliz (sin contar a mi osito Teddy y a mi madre cuando estoy enferma). Me quiero y me acepto como soy, y estoy completa y feliz cuando estoy sola (sobre todo si tengo una tableta de chocolate a mi lado y los dvds de las Chicas Gilmore). No creo ser, ni haber sido nunca, una media naranja esperando a que alguien venga a completarme (como mucho una media mandarina, por el tamaño digo). Para mi una relación es un acuerdo mutuo de compartir la vida, porque siempre es mejor hacer el camino acompañado (y que el otro te lleve las maletas). Y si hay atracción, cariño, respeto y complicidad, será mucho más divertido. Pero mi vida no gira en torno a esa persona, tengo otras inquietudes y necesidades (como meterme en Facebook a cotillear la vida de mis amigos). Y tengo claro que podría vivir sin él, aunque todo sería mucho más triste y aburrido (¿quién me iba a hacer cosquillas entonces?). Y para mi esa es la manera más sana de tener una relación, y la más duradera. Sin obligaciones, sin reproches, sin cadenas… sin dependencia.

P.D. El que yo ya no sea capaz ni de hacerme una tortilla francesa no se considera dependencia, solo comodidad (o perrería).