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Mi vida en el Caribe

Publicado: 13 mayo, 2015 en Mi vida es así
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Se me están acabando las vacaciones. Después de dos semanas enteras, o incluso un poco más, me toca la vuelta al tajo. Pero con menos horas lectivas y con las clases ya preparadas. Todo sufrimiento esto de ser profesora. Pero no me odiéis, pues mi trabajo me ha costado conseguir este chollo tipo de trabajo, con sus tres meses de vacaciones al año (repartidos, eso sí, no como en España que se tienen del tirón…).

Aunque me van a durar poco, porque aquí una no sabe decir que no, y se apunta a un bombardeo. En este caso a todos los proyectos que se le ofrecen, que al final resultan ser muchos. De hecho estas vacaciones no han sido tan de dedicarme a la vida contemplativa como hubiera deseado. Resulta que tengo pendiente otro artículo científico del trabajo que hice en EEUU (quién me mandaría a mi trabajar tanto… ah, sí, mi jefe :p). Y, muy a mi pesar, estas cosas no se escriben solas (cosa que me recuerda candorosamente mi exjefe de vez en cuando). Pero es que también tengo pendiente escribir un proyecto de investigación para esta universidad. Porque, ¿de qué sirve contratar a una científica como yo, con mi currículum, a la que hay que pagar más, si no es para que desarrolle una línea de investigación propia? Y yo que estoy impaciente por ver como me desenvuelvo, dirigir mis propios estudiantes de doctorado, hacer los experimentos que a mi me apetezca… Pero a la vez estoy impaciente por tener una vida relajada de verdad, sin mil proyectos en la cabeza. Parece que va en contra de mi naturaleza y me boicoteo a mi misma. Me emociono con todos esos proyectos, pero luego me da mucha pereza tener tanto trabajo. ¿Quién me entiende?

Os recuerdo también (por si os despistáis) que las vacaciones de una madre no son nunca vacaciones. O eso dicen. Porque mis padres todavía no se han ido, aunque ya les queda muy poquito, así que he tenido mucha ayuda. Y ahora que se van hemos contratado a una niñera que además nos ayuda con la casa. En definitiva que tampoco puedo quejarme demasiado. O sí, pero no sería muy justo para las pobres madres que no tienen ayuda externa (¿cómo os las apañáis para hacerlo todo?). Porque aún sin tener que cocinar (loviu husband mío de mis amores), sin casi tener que limpiar (que vida más perra, ¿eh?) y teniendo un trabajo que me deja bastante tiempo libre (que al final relleno yo con trabajo extra, porque soy así de happy), sigo teniendo un bebé de 8 meses. Que para los que no lo sepáis, necesita de mucha atención. Sobre todo cuando en un plazo de 8-9 horas, que es el tiempo que yo estoy “durmiendo”, es capaz de despertarme 4 veces (y eso es un día de los buenos). ¿Y sabéis que? Que no se descansa igual, aunque no os lo creáis. Que no, que no, que no es lo mismo. Que yo en mis tiempos dormía 9 horas del tirón, así que sé de lo que hablo. Pero extrañamente eso no es lo que más me duele. Lo peor de todo es despertarme a las 6:30 de la mañana. Todos los días. Sí, los domingos también. ¿A qué edad descubren el maravilloso mundo del remoloneo mañanero de fin de semana?

Así que cuando me pongo delante del ordenador, frente al folio en blanco de Word (qué crueldad, ¿no os parece?, ya podía venir con algunos párrafos escritos de serie…), para escribir todos esos proyectos, artículos, exámenes nuevos… pues mi cerebro se distrae y me pongo a mirar como juega ese pequeño hobbit que se entretiene mucho más rato con un cepillo del pelo viejo que con ese juguete modernísimo y molón que canta 7 canciones distintas y tiene 5 botones y 4 lucecitas y que le regalaron los abuelos. Y se me pasan las horas sin hacer nada que el resto del mundo considere de utilidad. Pero desde mi punto de vista, mi tiempo está mucho mejor invertido de esa manera. Sobre todo cuando se gira, me mira, y sonríe. Entonces ya sí que se me olvidan todos los proyectos a los que buenamente he aceptado apuntarme.

Así que no le digáis a mi ex-jefe que en lugar de escribir lo que él quiere que escriba, me dedico a contaros tonterías por aquí (aunque con muy poca frecuencia) o a mirar al infinito. Que en EEUU no está muy bien visto eso de malgastar el tiempo. O como digo yo, de gastarlo en cosas de utilidad discutible.

Felices vacaciones!! (para los que tengáis XD)

 

¿Hobbit o monstruito?

¿Hobbit o monstruito?

 

PD: También escribo de vez en cuando reseñas de libros en El Buscalibros…, lo que yo os decía, no sé estarme quieta.

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Todavía no es momento de plantearme en serio el tener descendencia, pero ya me habían avisado, hay un interruptor oculto que se activa al cumplir 30. Empiezas a ver con envidia los bebés de las demás. Hasta los 29 los veías y pensabas… que bonicos son… para un rato. Pero cumples 30 y la cosa cambia. Quieres uno, y lo quieres ya. Te da igual estar en el paro, o no llegar a fin de mes. Te da igual no tener tiempo libre ni para ir a hacer la compra. Tú quieres uno.

Y así estoy yo. Trabajo mucho, y me falta tiempo libre. Bueno, eso no es una novedad, a mi siempre me falta de eso. Cuando estaba en el paro tenía suficiente, pero no tenía dinero para disfrutarlo. Que la gente decía: te sobra tiempo y te falta dinero. Mentira. Solo me faltaba el dinero, tiempo tenía el justo para poder no hacer nada durante todo el día. Lo feliz que era yo incluso sin tener dinero…

Pero bueno, a lo que íbamos, que me han entrado ganas de reproducirme. Quiero un bebé blandito y suave para achuchar. Pero ni idea de cómo mantenerlo o dedicarle todo el tiempo que necesita.

Mi trabajo me gusta, pero requiere mucho tiempo y esfuerzo y no me compensa. Como dicen por ahí, la ciencia está bien, pero hay que comer. Porque exige mucho, pero la retribución no es equitativa. Nadie te va a pagar las horas extras. En realidad no se consideran horas extra porque no lo haces por la empresa (en este caso el grupo de investigación), lo haces por tu propia carrera. Porque se te exige un mínimo de publicaciones y resultados, y la única manera de obtenerlos es dedicándole tiempo (o siendo jodidamente brillante, lo cual si fuera el caso, probablemente me estaría dedicando a la especulación). Si no alcanzas ese mínimo (o incluso si lo alcanzas, pero estamos en crisis), olvídate de conseguir un buen trabajo después de tu etapa inestable que supone los primeros 15 años de tu carrera científica. Así que ser científico implica inestabilidad hasta los 35- 40, más o menos, y eso con suerte. Y después de eso… quién sabe?

Y dónde encajo yo un bebé (o dos) en ese plan de futuro? Pues no lo encajo. No quiero ese futuro. Y no es un capricho que me ha dado ahora que se me ha activado el interruptor de las narices 🙂 Ya sabía lo que había cuando me metí en esto, pero mi plan nunca ha sido dedicarme a la ciencia para siempre. En realidad yo quiero enseñar… y tener las vacaciones de un profesor. Mi idea era dedicarme a la secundaria, pero eso fue antes de descubrir la Genética. Porque me apasiona, y ahora no me conformo con enseñar biología básica a chiquillos que no quieren estudiar. Ahora quiero explicar los fundamentos de la Genética a adultos (o casi) interesados en entender cómo funciona la vida.

Pero tampoco quiero aplazar la reproducción hasta haber alcanzado mi trabajo soñado. Una opción es dedicarle todo mi tiempo a mi trabajo actual hasta forjarme un currículo impresionante. Entonces dejar el peso del mantenimiento de la familia a mi consorte y yo dedicarme a criar a pequeños monstruitos. Una vez estén un poco creciditos y sean capaces de hacer sus fechorías solicos, lanzarme a la búsqueda de mi futuro soñado. Y si no lo consigo, siempre me quedará pelear con adolescentes indolentes, que tampoco se me da mal.

Al menos que no se diga que no lo he intentado!

Bad_Teacher